Ramón Punzano (Valencia, 1974) es uno de esas personas a las que todo el mundo conoce en el tenis. Fisioterapeuta, osteópata y responsable de una clínica en Valencia, ha pasado por las rutinas de algunos de grandes nombres como Juan Carlos Ferrero, David Ferrer, Matteo Berrettini o Zheng Qinwen, pero hace un par de años decidió parar. Demasiados viajes, demasiado tute. No hubo manera. El circuito ATP siempre llama dos veces.
Ex ayudante de Juan Carlos Ferrero, David Ferrer, Matteo Berrettini, esta temporada se ha incorporado al equipo del alemán, al que ha descubierto más bromista de lo que aparenta
Ramón Punzano (Valencia, 1974) es uno de esas personas a las que todo el mundo conoce en el tenis. Fisioterapeuta, osteópata y responsable de una clínica en Valencia, ha pasado por las rutinas de algunos de grandes nombres como Juan Carlos Ferrero, David Ferrer, Matteo Berrettini o Zheng Qinwen, pero hace un par de años decidió parar. Demasiados viajes, demasiado tute. No hubo manera. El circuito ATP siempre llama dos veces.
El pasado marzo lo hizo Alexander Zverev y desde entonces le ha acompañado a levantar dos Grand Slam, los primeros de su vida, y a convertirse en el nuevo número uno del ranking mundial. Más allá de esa imagen seria, a veces hosca suya, asegura en conversación con EL MUNDO que en realidad es «muy humano», aunque no deja de ser «un tipo duro».
- ¿Es Zverev especial físicamente?
- Tiene una cualidad que, después de tratar a muchos jugadores profesionales, he visto en muy pocos. En eso me recuerda a David Ferrer. Sascha es uno de los tenistas con una mayor resistencia física y una mayor tolerancia al dolor. Es impresionante, es muy duro. Tiene una genética muy agradecida, pero además aguanta mucho el esfuerzo. Por eso puede jugar tantos torneos y llegar tan bien a los finales de temporada.
- Juan Carlos Ferrero, que lo entrenó hace años, comentaba que de joven le faltaba cumplir con los hábitos que exige la élite.
- Yo no lo conozco desde hace tanto tanto, pero lo he hablado con compañeros del equipo que llevan más tiempo con él y me cuentan lo mismo: en los últimos tiempos ha habido un cambio de actitud. Ha ganado madurez y ahora está en un punto en el que, tanto física como tenisticamente, puede dar los mejores años de su carrera. Ha adquirido hábitos más saludables, más rutinas de entrenamiento, de gimnasio y de prevención. A veces esas rutinas pueden resultar aburridas para los jugadores, pero son fundamentales.
- Es un tipo muy serio.
- Para mí ha sido una sorpresa. Cuando me había cruzado con él en el circuito o lo veía por la tele también me parecía serio, a veces crítico, pero en los entrenamientos hace bromas, tiene comentarios graciosos, especialmente cuando está contento y las cosas le salen bien. También hay días en los que no se encuentra como quiere, falla algún golpe o no está satisfecho, y entonces no hay bromas. Eso es verdad.
- ¿Cómo es en el trato?
- En primer lugar, siento que me respeta mucho. A veces, cuando tiene confianza con alguien, puede ser un poco imprudente, decir alguna burrada, pero conmigo mide bastante las cosas. Quizá influye que yo tengo 52 años y él 29, o la educación rígida que ha recibido. Su familia es rusa y se nota el respeto por los mayores. Y luego hay otra cuestión que me ha sorprendido muy gratamente: tiene buen corazón. A veces le había escuchado comentarios que podían parecer un poco imprudentes, pero después ves cómo trata a la gente que trabaja con él y es muy agradecido, muy dedicado con su gente. Esa parte más humana no siempre se ve en una pista de tenis o en una rueda de prensa.
- ¿Cómo le llegó la llamada de Zverev?
- El mundo del tenis parece muy grande, pero en realidad es muy pequeño. Cuando un jugador necesita un fisioterapeuta, normalmente pregunta a personas de su entorno. En este caso, su hermano y su mánager contactaron con un profesional con el que Sascha había trabajado muchos años atrás y él les recomendó que hablaran conmigo.Nos pusimos de acuerdo y empezamos.
- ¿Cómo se gana la confianza de un tenista?
- Con el día a día. Las primeras semanas son de estar muy atento, recoger información y entender cómo trabaja el jugador, qué necesita y qué dinámicas tiene su equipo. Después aparecen situaciones en las que hay que tomar decisiones. Siempre surgen molestias, problemas que el jugador recuerda de años anteriores y que pueden hacer saltar las alarmas. Es ahí donde te ganas la confianza. Poco a poco notas que tu opinión y tus decisiones tienen más peso.
- ¿Es diferente viajar al lado de un número uno que con un número 40?
- No cambia tanto. Hay algunos matices, porque con jugadores de este nivel puedes vivir determinadas situaciones que con otros no. Por ejemplo, viajar en mejores condiciones. Un vuelo a Australia en clase económica es durísimo. Yo siempre digo, bromeando, que ir a Australia así es perder casi un año de vida. Si puedes viajar en business, tumbarte, estirar las piernas y dormir bien, llegas mucho más fresco. Eso se agradece. Pero la dinámica de trabajo es muy parecida.
- Con un número uno, el trabajo luce más.
- Mira, una anécdota. A los pocos días de empezar a trabajar con él, Sascha me preguntó con quién me gustaría trabajar en el circuito. Imagino que pensaba que le diría Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, que entonces estaban por encima suyo, además Carlos es español. Pero le contesté que yo solo quería trabajar con buenas personas, con gente que me cuidara y valorara mi trabajo. Con eso tengo suficiente. Que el jugador esté contento, sea agradecido y sientas que valora lo que haces. Si además gana partidos, genial.
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