Las relaciones con los entrenadores de tu equipo son amores de juventud. Intensas, con un pico de excitación que te hace sobrevalorarlas, crees que te harán feliz para siempre, no tardas demasiado en descubrir que no será así, se marchitan rápido y las olvidas en cuanto llega la siguiente. Pero a veces, muy pocas, la pareja se estabiliza y se convierte en matrimonio. Los sentimientos se hacen complejos y variables, las crisis dan auténtico miedo y la ruptura pasa de asumible a trágica.
Ya es en el entrenador con más victorias de la historia de la Liga y el hito empuja a hacer balance de sus 15 años en el Atleti
Las relaciones con los entrenadores de tu equipo son amores de juventud. Intensas, con un pico de excitación que te hace sobrevalorarlas, crees que te harán feliz para siempre, no tardas demasiado en descubrir que no será así, se marchitan rápido y las olvidas en cuanto llega la siguiente. Pero a veces, muy pocas, la pareja se estabiliza y se convierte en matrimonio. Los sentimientos se hacen complejos y variables, las crisis dan auténtico miedo y la ruptura pasa de asumible a trágica.
Simeone va a cumplir década y media en el Atleti en una profesión que se mide en años perrunos. Es una barbaridad que entra en la liga de los matrimonios mitológicos, como el de la reina Isabel II con Felipe de Edimburgo y si ella fue capaz de perdonar sus flirteos familiares con los nazis, no vamos a hacer un drama por unos abrazos con Milei (lo de sus 180 pisos en Madrid ya duele más). El sábado se convirtió en el entrenador con más victorias de la historia de la Liga y el hito empuja a hacer balance.
El Cholo ha cambiado la vida al Atleti y por ahí debe comenzar cualquier análisis. Cogió a un aristócrata acabado, vagando cada vez más lejos de su propia historia, y le devolvió la grandeza. Mató al puto Pupas y recuperó el orgullo. El Atleti que es hoy top-12 de Europa a todos los niveles no existiría sin él. Nos hizo felices. La primera mitad de relación fue perfecta; luego, como todas, se fue complicando. Empezamos a conocernos demasiado, también los defectos, y nos acomodamos: él, a saberse adorado e intocable; la afición (al menos, una parte entre la que me incluyo), a valorar menos la nueva normalidad que nos regaló y querer más.
Los últimos años han sido duros. Siempre competitivo en eliminatorias, el día a día de la Liga exponía el languidecer, especialmente sangrante en su incapacidad para lograr que el equipo que él ha hecho grande actuase como tal en campos humildes. Llegué a pensar que el fútbol le había dejado atrás, que la separación era lo mejor para todos, que nunca cambiaría. Me equivocaba. Acabe como acabe el curso, pase lo que pase esta semana grande, este Atleti es otro en actitud y juego. Si al Cholo de 2012 le pones la secuencia completa del 0-2 al Levante, le da un ictus. Hoy lo exige y lo aplaude.
Vuelve a arder la llama, pero, recuerden, no somos novios. Llevamos 15 años casados y habrá más crisis. Ahora estamos bien, mañana quién sabe, cualquier día volveré a desear divorciarme… Le querré siempre.
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