A Dani Arce le llaman el Caimán y tantas veces sus colegas de Burgos han acudido con el disfraz del reptil a verle correr por medio mundo. Tiene 34 años, presume con un desparpajo tremendo de su pueblo, Cardeñadijo, y a su inmensa carrera en los 3.000 obstáculos, de esas que son una oda a la perseverancia, le sigue faltando una noche para el recuerdo. En Birmingham, cuando todo apuntaba a gloria, al fin, volvió al cuarto puesto. Tan desagradable, tanta rabia, que acabó rompiéndose la camiseta.
El burgalés, cuarto en el 3.000 obstáculos después de una carrera que quiso dominar. Su único bronce, en el Europeo de 2022, llegó por la sación de un rival. Quijada, sexto
A Dani Arce le llaman el Caimán y tantas veces sus colegas de Burgos han acudido con el disfraz del reptil a verle correr por medio mundo. Tiene 34 años, presume con un desparpajo tremendo de su pueblo, Cardeñadijo, y a su inmensa carrera en los 3.000 obstáculos, de esas que son una oda a la perseverancia, le sigue faltando una noche para el recuerdo. En Birmingham, cuando todo apuntaba a gloria, al fin, volvió al cuarto puesto. Tan desagradable, tanta rabia, que acabó rompiéndose la camiseta.
No se le puede achacar falta de valentía. «Estoy para luchar por el oro», había anunciado, con una confianza en sí mismo que asustaba. La misma que mostró en las semifinales, poderoso, pidiendo más, carreras rápidas a las que no le tiene miedo. No lo fue la final, una tremenda lucha mental con el favorito Frederik Ruppert. Una batalla táctica en la que quizá su osadía no le dejó jugar bien la cartas. Aguantó el mano a mano sin ceder con el alemán, no dejándole nunca la calle interior. Se empeñó en llevar la iniciativa, hasta la mismísima última vuelta, cuando tuvo que ceder sí o sí. Pero entonces también le fallaron las fuerzas y por detrás llegaron el luxemburgués Ruben Querinjean (plata) y el otro alemán, Karl Bebendorf, al que miraba con impotencia como le birlaba el podio. Por supuesto, no superó Arce su marca personal en Birmingham (el 8:08.45 de 2024 en Silesia), aunque él sigue convencido de que sus piernas están para bajar de ocho minutos, para pulverizar el récord de España (8.05.69) de Fernando Carro.
Su despliegue en el domingo presagiaba otro desenlace. Una carrera de dominio, sereno, ambicioso, pasando los obstáculos con el poderío tremendo de sus 190 centímetros. Todo lo contrario que el otro español, un Alejandro Quijada que fue de menos a más. Ocupando el madrileño en muchos momentos la última plaza y remontando hasta un estupendo sexto puesto final (8:29,15). «Estoy muy satisfecho. Igual podría haber rascado algún puesto más… He intentado colocarme más adelante, pero me pasaban, había tensión y golpes. He guardado, he acabado con mucha fuerza, pasando rivales. Mi mejor carrera de siempre en este nivel. Una temporada perfecta», celebró después.
Todos los fantasmas del pasado se le volvieron a aparecer a Dani, quien solía reconocer antaño: «Cuando competía, siempre la cagaba». No hubiera sido su primera medalla internacional, pero sí será su primer podio. Hace cuatro años, en Múnich, fue bronce, pero no lo supo hasta meses después, cuando descalificaron por dopaje al italiano Ahmed Abdelwahed.
Arce, un atleta forjado por el entrenador Roberto Cejuela (uno de los más prestigiosos del mundo en triatlón), es un apasionado de su mundo. Entrena en los inviernos de altitud de Kenia. Un año después de Múnich, en el Mundial de Eugene, acabó noveno: fue el primer europeo. Fue olímpico en Tokio y París y del último Mundial japonés salió en silla de ruedas: una caída, golpeado en un obstáculo, le provocó una lesión de rodilla y una rotura en el ligamento de su muñeca.
Aunque lo peor, en su mente, fue lo de Roma hace dos años. Entre los favoritos a medalla, como en Birmingham, el aire acondicionado del hotel arruinó todas sus opciones. Un constipado, fiebre y debilidad general que le impidieron luchar por el podio. Aún así, acabó quinto.
«Ha sido una carrera táctica. He querido controlarla desde el principio, he querido luchar por el oro. He dado todo lo que tenía. El oro que creo que me merezco, mi entorno y toda la gente que me apoya. Lo volverá a intentar. Así soy, el que se quiera subir a mi carro… Puede salir muy bien o bien, como es este cuarto puesto», admitió en zona mixta, recuperada la sonrisa.
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