La macro presume, la micro paga: el PIB sube mientras cae el poder adquisitivo de los hogares

El PIB creció un 0,7% en el segundo trimestre y un 2,6% interanual, con el consumo de los hogares al 3,5% y la inversión al 5%. La EPA sitúa la tasa de paro en el 9,87%, la más baja desde 2008, con 22,8 millones de ocupados, y la afiliación suma 679.000 cotizantes más que hace un año. Son cifras que cualquier Gobierno europeo firmaría.

Pero conviene leer la letra pequeña. La demanda externa restó cinco décimas al crecimiento y la productividad por hora trabajada cayó un 0,2%: crecemos porque somos más, no porque produzcamos mejor. Y el paro registrado lleva cuatro meses subiendo en términos desestacionalizados, con una «acusada pérdida de impulso», según Funcas, entre los trabajadores nacionales.

El horizonte tampoco invita a la complacencia. La inflación repuntó en agosto hasta el 4,3% por los carburantes y el BCE ha subido tipos hasta el 2,50%, advirtiendo de que el conflicto en Oriente Próximo mantendrá la inflación «muy por encima del objetivo durante un periodo prolongado». El Banco de España prevé que el crecimiento se frene hasta el 1,7% en 2027 y el euríbor ya encarece las hipotecas.

Aquí aparece la brecha entre macro y micro. La remuneración media por asalariado crece un 3,9%, por debajo del IPC: los salarios vuelven a perder poder adquisitivo. La OCDE calcula que los salarios reales siguen un 2% por debajo de principios de 2021, uno de los peores registros, y el salario mediano real cayó un 3,4% entre 2018 y 2024. El PIB per cápita en paridad de poder de compra se ha alejado de la media europea, del 92,6% en 2017 al 91,6% en 2025. Crecemos más que nuestros vecinos y cada español está, sin embargo, más lejos de ellos.

La explicación es aritmética. El PIB crece con la población y el empleo; la renta de cada hogar solo crece con la productividad, y esa lleva una década plana. Entretanto, la vivienda sube un 12,9% y los alimentos acumulan un 35% en tres años.

La contabilidad nacional la escribe el INE; la contabilidad doméstica tiene que ver con la nómina, el supermercado y la cuota de la hipoteca. Y en esa contabilidad, la que se lleva en casa, España no crece.

Álvaro Hidalgo Vega. Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UCLM y presidente de la Fundación Weber

 El PIB avanzó un 0,7% en el segundo trimestre, pero la inflación del 4,3% superó la subida salarial del 3,9%. Por eso, aunque la economía general crezca, la economía doméstica no lo hace  

El PIB creció un 0,7% en el segundo trimestre y un 2,6% interanual, con el consumo de los hogares al 3,5% y la inversión al 5%. La EPA sitúa la tasa de paro en el 9,87%, la más baja desde 2008, con 22,8 millones de ocupados, y la afiliación suma 679.000 cotizantes más que hace un año. Son cifras que cualquier Gobierno europeo firmaría.

Pero conviene leer la letra pequeña. La demanda externa restó cinco décimas al crecimiento y la productividad por hora trabajada cayó un 0,2%: crecemos porque somos más, no porque produzcamos mejor. Y el paro registrado lleva cuatro meses subiendo en términos desestacionalizados, con una «acusada pérdida de impulso», según Funcas, entre los trabajadores nacionales.

El horizonte tampoco invita a la complacencia. La inflación repuntó en agosto hasta el 4,3% por los carburantes y el BCE ha subido tipos hasta el 2,50%, advirtiendo de que el conflicto en Oriente Próximo mantendrá la inflación «muy por encima del objetivo durante un periodo prolongado». El Banco de España prevé que el crecimiento se frene hasta el 1,7% en 2027 y el euríbor ya encarece las hipotecas.

Aquí aparece la brecha entre macro y micro. La remuneración media por asalariado crece un 3,9%, por debajo del IPC: los salarios vuelven a perder poder adquisitivo. La OCDE calcula que los salarios reales siguen un 2% por debajo de principios de 2021, uno de los peores registros, y el salario mediano real cayó un 3,4% entre 2018 y 2024. El PIB per cápita en paridad de poder de compra se ha alejado de la media europea, del 92,6% en 2017 al 91,6% en 2025. Crecemos más que nuestros vecinos y cada español está, sin embargo, más lejos de ellos.

La explicación es aritmética. El PIB crece con la población y el empleo; la renta de cada hogar solo crece con la productividad, y esa lleva una década plana. Entretanto, la vivienda sube un 12,9% y los alimentos acumulan un 35% en tres años.

La contabilidad nacional la escribe el INE; la contabilidad doméstica tiene que ver con la nómina, el supermercado y la cuota de la hipoteca. Y en esa contabilidad, la que se lleva en casa, España no crece.

Álvaro Hidalgo Vega. Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UCLM y presidente de la Fundación Weber

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