Una legión de amputados: la herida sangrante de la guerra de Ucrania

Mathew ha tenido que afilar su sentido del humor para sobrevivir. Ante la cámara muestra su mano con el saludo surfero, mostrando los dedos pulgar y meñique abiertos.

 En una clínica de la fundación estadounidense Protez, soldados que han perdido piernas y brazos estrenan prótesis y firman nuevos contratos para volver al frente  

Mathew ha tenido que afilar su sentido del humor para sobrevivir. Ante la cámara muestra su mano con el saludo surfero, mostrando los dedos pulgar y meñique abiertos.

– No creas que lo pongo así para la foto. Es que no puedo mover los dedos de la mano. [Risas]

– ¿Cómo te encuentras?

– Pues mira, dadas las circunstancias, muy bien. He perdido la vista de un ojo y el otro sólo ve manchas luminosas, pero joder, estoy vivo y lo celebro. [Risas de nuevo]

En un segundo del pasado mes de mayo, la vida de Mathew, un voluntario coreano de las Fuerzas Armadas de Ucrania, cambió por completo, aunque aún no comprenda que le sucedió, si pisó una mina, le atacó un dron o le cayó al lado algún proyectil. El caso es que, cuando despertó, le faltaba una pierna, medio brazo y tenía esquirlas por todo el cuerpo y en su cara.

Hace un año, Viktor (un tipo enorme, fuerte como un toro y con barba vikinga) se ofreció voluntario para rescatar a un compañero alcanzado por un dron en una pierna. Se desplazaron en un vehículo a toda velocidad y, cuando llegaron, una bomba trampa les estaba esperando. «Es curioso, porque el tipo al que fuimos a rescatar salvó su pierna, pero yo perdí la mía», cuenta. Ahora prueba por primera vez lo que llaman una «prótesis biónica» tras haber usado durante meses una mecánica.

– ¿Qué haces ahora, después de haber sido herido de gravedad?

– Lo mismo que hacía. Servir en mi unidad. Acabo de firmar un nuevo contrato.

– ¿Quieres volver a combatir con una sola pierna?

– ¿Acaso se ha terminado la guerra ya? Mientras que esto no acabe tengo que seguir aportando lo que pueda.

Un militar amputado de las dos piernas realiza ejercicios para ganar fuerza.
Un militar amputado de las dos piernas realiza ejercicios para ganar fuerza.ALBERTO ROJAS

Estamos en la sala de rehabilitación de la fundación Protez, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que se ocupa de uno de los grandes problemas del país en este sombrío presente: los mutilados. Sólo hay que darse una vuelta por las calles de cualquier ciudad ucraniana para darse cuenta de que el uso masivo del torniquete en las trincheras ha salvado muchas vidas, pero que la imposibilidad de evacuaciones rápidas también ha provocado que muchos miembros deban ser amputados.

En esta sala reina cierta calma activa. Un grupo de personas se ocupa de cada uno de los pacientes (unos 25 al día) mientras que otros trabajan en los nuevos moldes de yeso para los recién llegados o en los ajustes de las nuevas prótesis. Algunas de ellas pueden llegar a costar unos 30.000 euros.

Detrás de las cifras de muertos que ha provocado esta invasión hay otra estadística menos visible: la de los ucranianos que han perdido un brazo o una pierna. Nadie sabe cuántos son con exactitud. Ya en 2023 las estimaciones oscilaban entre 20.000 y 50.000, y algunas organizaciones hablan hoy de más de 100.000 amputaciones desde el inicio de la invasión a gran escala.

Antes de 2022, el sistema sanitario ucraniano atendía apenas unos pocos miles al año. El único dato oficial es el de las prótesis: según el ministro de Política Social, Denís Uliutin, más de 44.000 personas las han recibido a cargo del Estado desde 2022, y el programa de 2026 cuenta con casi 190 millones de dólares. El cuello de botella no es solo el dinero, sino la falta de protésicos especializados y de capacidad de la industria para fabricar más.

La mayoría de los amputados son hombres jóvenes, heridos por explosiones de drones, minas o artillería. Muchos pasan por varias operaciones antes de poder llevar una prótesis, y después afrontan meses de rehabilitación. La herida que no se ve es la psicológica: dolor del miembro fantasma, ansiedad, depresión, estrés postraumático. Un estudio de la Universidad Northwestern con 156 amputados ucranianos muestra, sin embargo, que con un tratamiento temprano que combina dolor y trauma, el dolor medio cae de 4,3 a 1,1 sobre 10 en un año, la ansiedad se reduce a menos de la mitad y la calidad de vida mejora de forma notable.

Una empleada de Protez realiza el molde de una nueva prótesis en su taller.
Una empleada de Protez realiza el molde de una nueva prótesis en su taller.ALBERTO ROJAS

Existen muchos ejemplos de militares que, a pesar de estar totalmente mutilados de brazos y piernas, decidieron seguir sirviendo, aunque fuera desde la retaguardia. Ruslan Knysh, de solo 20 años, perdió todos sus miembros por una mina, pero se está entrenando para convertirse en piloto de drones utilizando un controlador de mentón personalizado para operar vehículos terrestres no tripulados. María Yurina, la responsable de la organización en Ucrania, asegura que deben «mantener la prótesis en condiciones de uso incluso si estos militares deciden volver a combatir en el frente», y cuenta que «la prótesis de un adulto necesita dos o tres revisiones anuales, pero la de un niño en pleno crecimiento requiere siete u ocho actualizaciones cada año». «Eso aumenta nuestro trabajo, pero por desgracia tenemos que aumentar la capacidad de nuestros centros. Cada vez tenemos más pacientes», concluye María.

La Fundación Protez es una de las organizaciones que más ha hecho por los mutilados de esta guerra. Y tiene la sede en Minnesota. Fue creada por ucranianos de la diáspora y dirigida por su cofundador, Yura Aroshidze. Ofrece prótesis gratuitas a soldados, civiles y niños que han perdido una extremidad. Al principio, los pacientes viajaban en grupos a Estados Unidos para que les hicieran y ajustaran las prótesis. Hoy la fundación tiene también clínicas en Ucrania: Transcarpatia y Kiev, aunque una tercera está en construcción a las afueras de la capital. Allí atienden el seguimiento, las reparaciones y los recambios. Su especialidad son los casos más complejos, las amputaciones altas de brazos y piernas.

Un empleado de Protez ajusta la nueva prótesis a Viktor, un militar herido y operado en varias ocasiones.
Un empleado de Protez ajusta la nueva prótesis a Viktor, un militar herido y operado en varias ocasiones.ALBERTO ROJAS

«Tratamos casos que nunca antes se habían visto, ni en Ucrania ni en Estados Unidos», explica Aroshidze. Hasta 2025, Protez había colocado más de 2.000 prótesis a algo más de mil pacientes y su actividad no para de crecer, de forma paralela al de los mutilados. Además, combina la experiencia de especialistas estadounidenses con la formación de protésicos y fisioterapeutas ucranianos, que es lo que más falta en el país. Se financia sin dinero público, con donaciones privadas y apoyos como los de la ONG Direct Relief o el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Aun así, su lista de espera supera las 1.800 personas.

Sergií, herido hace un año por un dron, prueba su nueva prótesis. Como ya ha llevado otra y está acostumbrado no le cuesta nada ponerse el nuevo modelo de carbono, adaptado a su anatomía, y ponerse de pie gracias a unos brazos fuertes. «Esta es mucho mejor que la anterior. Poco a poco desaparecieron los dolores».

– ¿Tuviste esa sensación de dolor en la pierna que ya no tienes?

– Sí, lo tuve todo el tiempo, pero sólo desapareció con trabajo psicológico. Cuando ya tomas consciencia de que esa pierna la perdiste para siempre deja de dolerte.

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