Primero, los hechos. Para que no se nos olvide: es un hecho cierto que Pedro Sánchez lleva ocho años largos en el Gobierno. También es evidente que, durante esta legislatura, él y su gobierno han incumplido un año tras otro la Constitución, porque no han presentado en tiempo y forma el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para cada uno de los ejercicios el 30 de septiembre, como muy tarde. Eso se ha traducido en que estamos con unas cuentas públicas prorrogadas una y otra vez. Es otro hecho incontestable que a lo largo de estos ocho años se han disparado tanto el déficit público como la deuda, a la que algún día los españoles tendremos que hacer frente. Tampoco se puede negar que durante este periodo ha aumentado la presión fiscal, que pagamos muchos más impuestos que en 2017 y es evidente que eso ha sido por obra y gracia del marido de Begoña y compañía; por cierto, que Carlos Cuerpo se parece cada día más a Pedro Solbes (me refiero a que su prestigio va a quedar bastante tocado).
También es un hecho que no admite dudas que desde 2018 hasta ahora se han disparado los precios y el coste de la vida, mientras la capacidad adquisitiva se ha reducido de manera importante. Tampoco se puede negar que, aunque parezca que se ha olvidado, hubo un apagón un mes de abril y que todavía no sabemos a ciencia cierta lo que ocurrió, más allá de que se fundieron los plomos y se fue la luz. Que la inseguridad jurídica en temas económicos y de inversiones se ha multiplicado, por las idas y venidas de los sucesivos gobiernos que han sido en estos ocho ejercicios es también algo más que vidente. Esa misma inseguridad jurídica se ha instalado en la política en materia de vivienda; que esta última ha cosechado un fracaso absoluto no se puede negar, porque no se han construido las que se necesitaban, los precios de los pisos se han disparado y el coste de los alquileres está por las nubes, hasta convertirse en la primera preocupación de los ciudadanos en estos momentos. A partir de estos hechos, y de bastantes más, cada uno puede tener las opiniones que quiera. Ya lo dice una máxima del periodismo: los hechos son sagrados y las opiniones son libres.
El coste de la vida y la vivienda se han disparado mientras los hogares afrontan una mayor presión fiscal y una pérdida de poder adquisitivo
Primero, los hechos. Para que no se nos olvide: es un hecho cierto que Pedro Sánchez lleva ocho años largos en el Gobierno. También es evidente que, durante esta legislatura, él y su gobierno han incumplido un año tras otro la Constitución, porque no han presentado en tiempo y forma el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para cada uno de los ejercicios el 30 de septiembre, como muy tarde. Eso se ha traducido en que estamos con unas cuentas públicas prorrogadas una y otra vez. Es otro hecho incontestable que a lo largo de estos ocho años se han disparado tanto el déficit público como la deuda, a la que algún día los españoles tendremos que hacer frente. Tampoco se puede negar que durante este periodo ha aumentado la presión fiscal, que pagamos muchos más impuestos que en 2017 y es evidente que eso ha sido por obra y gracia del marido de Begoña y compañía; por cierto, que Carlos Cuerpo se parece cada día más a Pedro Solbes (me refiero a que su prestigio va a quedar bastante tocado).
También es un hecho que no admite dudas que desde 2018 hasta ahora se han disparado los precios y el coste de la vida, mientras la capacidad adquisitiva se ha reducido de manera importante. Tampoco se puede negar que, aunque parezca que se ha olvidado, hubo un apagón un mes de abril y que todavía no sabemos a ciencia cierta lo que ocurrió, más allá de que se fundieron los plomos y se fue la luz. Que la inseguridad jurídica en temas económicos y de inversiones se ha multiplicado, por las idas y venidas de los sucesivos gobiernos que han sido en estos ocho ejercicios es también algo más que vidente. Esa misma inseguridad jurídica se ha instalado en la política en materia de vivienda; que esta última ha cosechado un fracaso absoluto no se puede negar, porque no se han construido las que se necesitaban, los precios de los pisos se han disparado y el coste de los alquileres está por las nubes, hasta convertirse en la primera preocupación de los ciudadanos en estos momentos. A partir de estos hechos, y de bastantes más, cada uno puede tener las opiniones que quiera. Ya lo dice una máxima del periodismo: los hechos son sagrados y las opiniones son libres.
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