El mapa electoral roto de Suecia: la incógnita de las 200.000 papeletas que faltan aún por contar

Tras una noche electoral de infarto, Suecia despertó como un país partido en dos. Pero la costura no separa el norte y el sur, ni la ciudad y el campo, sino distritos y comarcas que la inmigración y las diferencias económicas han convertido en planetas que, tocándose son muy distintos. La foto provisional que arroja estas elecciones deja dos mitades casi perfectas: Socialdemócratas, Izquierda, Verdes y Centro suman 176 diputados, frente a los 173 de Moderados, Demócratas de Suecia, Democristianos y Liberales. En todo el país la diferencia es de apenas 29.000 votos entre 6,4 millones emitidos.La mayoría de Magdalena Andersson todavía es provisional. La incógnita está en las alrededor de 200.000 papeletas que faltan por incorporar. No son sólo votos llegados del extranjero: el recuento extraordinario del miércoles reúne sobre todo votos anticipados que no llegaron a tiempo al colegio correspondiente y papeletas enviadas por suecos residentes fuera del país. Estos últimos forman un censo récord de más de 226.000 electores, aunque a los suecos que viven fuera no les basta el pasaporte para poder votar.

 Los ajustados resultados quedan a merced de un botón exterior en el que a diferencia que en España no todos los que tienen pasaporte podrán votar  

Tras una noche electoral de infarto, Suecia despertó como un país partido en dos. Pero la costura no separa el norte y el sur, ni la ciudad y el campo, sino distritos y comarcas que la inmigración y las diferencias económicas han convertido en planetas que, tocándose son muy distintos. La foto provisional que arroja estas elecciones deja dos mitades casi perfectas: Socialdemócratas, Izquierda, Verdes y Centro suman 176 diputados, frente a los 173 de Moderados, Demócratas de Suecia, Democristianos y Liberales. En todo el país la diferencia es de apenas 29.000 votos entre 6,4 millones emitidos.

La mayoría de Magdalena Andersson todavía es provisional. La incógnita está en las alrededor de 200.000 papeletas que faltan por incorporar. No son sólo votos llegados del extranjero: el recuento extraordinario del miércoles reúne sobre todo votos anticipados que no llegaron a tiempo al colegio correspondiente y papeletas enviadas por suecos residentes fuera del país. Estos últimos forman un censo récord de más de 226.000 electores, aunque a los suecos que viven fuera no les basta el pasaporte para poder votar.

Un sueco residente en el extranjero puede votar al Riksdag si ha cumplido 18 años, conserva la nacionalidad y está o estuvo inscrito alguna vez en el padrón sueco. La ciudadanía heredada de padres o abuelos, sin haber residido ni figurado nunca en ese registro, no basta: esta es tal vez la diferencia más relevante con el debate español sobre los descendientes reconocidos por la Ley de Memoria Democrática.

Tras emigrar, el ciudadano permanece automáticamente en el censo durante diez años. Después debe renovar su inscripción por otro periodo de diez. Si ya ha desaparecido del censo, emitir un voto válido desde el extranjero puede servir también para reinscribirlo. Pero sólo si alguna vez estuvo empadronado en Suecia.

La posibilidad de que el voto exterior cambie el nombre del ganador lleva tiempo encima de la mesa: en 2022, el voto de los suecos residentes en el extranjero decidió a qué bloque correspondía el último escaño. En un sistema proporcional con escaños de compensación, unas pocas décimas pueden mover los últimos diputados de una circunscripción a otra. Por eso el recuento puede reducir, ampliar o incluso arruinar la mayoría de Andersson. En todo caso, la estimación difundida por la televisión pública sueca concede al bloque de centroizquierda alrededor de un 90% de posibilidades de conservar la victoria.

El mapa transforma la disputa electoral en un monopoly de barrios y distritos que parecen votar lo contrario, algunas veces sin matices. En Rosengård centrum, un distrito de bloques de vivienda popular al sureste de Malmö, Socialdemócratas y La Izquierda suman un impresionante 95,2%. Allí la renta mediana es de 11.653 coronas mensuales antes de impuestos, apenas 1.000 euros; el paro llega al 31,2% y el 67,8% de los residentes nació fuera de Suecia. En Södra Djursholm, el acomodado suburbio al norte de Estocolmo, los Moderados logran el 51,1% y los liberales el 21,5%. En este enclave los socialdemócratas son una especie en extinción con el 4% y los ex comunistas una ya extinguida con el 0,2%.

A día de hoy la división sueca es territorial, social y también interna a las ciudades. No existe una separación sencilla entre un norte socialdemócrata y un sur conservador. Los Socialdemócratas han retrocedido tanto en partes del norte industrial como en barrios desfavorecidos y con gran población inmigrante de las principales ciudades. Allí, la Izquierda ha aprovechado el rechazo al endurecimiento migratorio. Al mismo tiempo, la derecha radical mantiene una fuerte implantación en pequeñas localidades, áreas rurales y territorios que se sienten alejados de Estocolmo.

El país ha pasado de alrededor de un 11% de población nacida fuera de Suecia a comienzos de siglo a aproximadamente un 20%. Es la materia demográfica de la campaña: barrios inmigrantes que votan más a la izquierda pero se abstienen más; periferias rurales inclinadas a los socialdemócratas. Mientras sigue la discusión sobre quién es sueco y quien no, los servicios públicos dependen de trabajadores extranjeros.

Andersson comparte con la líder danesa Mette Frederiksen una tesis que queda lejos de la socialdemocracia española: el Estado del bienestar necesita fronteras estrictas, integración obligatoria y un volumen migratorio controlado.

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