El manual de Lamine Yamal engorda con otro gol exprés y más pillería: «Pone su magia al servicio del equipo y eso le hará ser más reconocido»

Imparable. Lamine Yamal se han convertido en un huracán que destroza rivales y despierta la admiración del mundo, de los adultos y hasta de los niños de sus rivales. Y lo hace desde la primera carrera del partido, no necesita más. Si en Wembley marcó en el minuto dos, pasados sólo 105 segundos desde el pitido inicial, en Sevilla marcó otro récord de velocidad. En 70 segundos logró batir a su compañero Livakovic con un zurdazo inapelable. «Hay que salir enchufados y me están entrando», decía el chaval del 19 años.

 A los 19 años, es un huracán que arrasa rivales. Ante Croacia marcó dos goles para sumar diez con España y otras diez asistencias. «Pone su magia al servicio del equipo y eso hará ser más reconocido», advierte De la Fuente.  

Imparable. Lamine Yamal se han convertido en un huracán que destroza rivales y despierta la admiración del mundo, de los adultos y hasta de los niños de sus rivales. Y lo hace desde la primera carrera del partido, no necesita más. Si en Wembley marcó en el minuto dos, pasados sólo 105 segundos desde el pitido inicial, en Sevilla marcó otro récord de velocidad. En 70 segundos logró batir a su compañero Livakovic con un zurdazo inapelable. «Hay que salir enchufados y me están entrando», decía el chaval del 19 años.

La figura de España sonríe, está fino, algo chupón, aunque se le consiente porque está encontrando con mucha facilidad el gol en esta Nations League en la que se estrenan todos como campeones del Mundo. Tanto es así que parece más una gira de homenaje que partidos oficiales ante rivales con pedigrí, los que le gustan a Lamine.

Si ante Inglaterra se las vio con O’Relly y Guéhi, en Sevilla bregó con Gvardiol. Se le escapó tres veces: la primera fue gol y la segunda, en un saque de esquina preparado con Fermín, asistió con un centro preciso a Pubill para que marcara. En la tercera, ya en la segunda parte, lo encontró Pedri en un desmarque magistral y puso la pelota por el único hueco que, en su palo, dejó Livakovic. Donde nadie ve espacio, Lamine lo encuentra. «Lo conozco de los entrenos», confesó. Ese gol le lleva a las dobles figuras: 10 goles y 10 asistencias. «Otra muesca más», para el Balón de Oro, ese que no se cansa de reivindicar pero que no le obsesiona. O eso dice: «No juego sólo para este Balón de Oro. Juego para mí, para mi equipo, para la selección, para seguir ganando, para la gente… Es el momento en que más feliz estoy», confesó.

De momento, ha conseguido marcar otro hito con España convirtiéndose desbancando a Raúl González como jugador más joven en marcar dos goles y dar una asistencia en un partido.

Luis de la Fuente hizo el mejor resumen de lo que es Lamine para España: «Tiene ganas de demostrar al mundo el tipo de futbolista que es. Su comportamiento humilde con nosotros le hace ser más grande. Pone su magia al servicio del equipo y eso le hará ser más reconocido, por su brillantez individual y también el juego colectivo», zanjo el seleccionador.

España tampoc es que le necesitara en exceso. Siempre tuvo el partido domado. Había acumulado ocasiones en la primera parte, con Baena encontrando agujeros invisibles y Fermín estrellándose en los palos, pero había cometido el único error en defensa que pagó. Consintió el centro al veterano Ivan Perisic, capitán por la suplencia de Modric, que cabeceó entre los centrales Beljo.

No tardó la selección en restablecer el orden para tranquilidad de Luis de la Fuente, que tenía club de fans en la grada. El riojano tiene en Sevilla y en el Sánchez Pizjuán su segunda casa. Allí jugó y entrenó, en un estadio talismán donde España había jugado 25 veces, la última en 2015, y nunca ha perdido. No hacía falta mirar esa estadística para que el estadio fuera una fiesta. España está volcada con sus jugadores, de manera casi más intensa que en 2010. Si entonces la primera estrella la estrenaron en Salamanca, esta vez la locura ha tomado la capital hispalense. Dentro del campo y también fuera. Los guiños de la RFEF lo facilitaron.

Primero, con la visita a Joaquín Caparrós, amigo de Luis de la Fuente y sevillista. Después, con el gesto de que fuera Jesús Navas quien llevara la Copa del Mundo al césped para entregársela a Rodrigo, de campeón a campeón. Otros dos andaluces, Fermín y Fabián, pese a su origen bético, también fueron ovacionados, especialmente cuando salieron del césped en el minuto 60. El jugador de los Palacios nunca ha perdido con España desde que debutó hace 56 partidos.

40.000 aficionados vibraron con el juego y los goles de la selección y con la Centuria Romana de La Macarena, los ‘armaos’ que, con cornetas y tambores, interpretaron en el césped el Himno Nacional. Pero no sólo se incendió la capital hispalense con los suyos. Premió a todos los españoles y también dedicó, en pie, una sonora ovación a Luka Modric, un jugador al que Bilic tiene que dosificar a sus 41 años. No fue titular y saltó al campo en el minuto 80. «Luka, Luka, Luka», gritaron los 2.700 croatas que estaban en el Sánchez Pizjuán y acompañaron los españoles en señal de respeto.

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