Sigue la selección instalada en su bendita rutina, esa que le sitúa con 40 partidos oficiales sin perder, la mayoría de ellos ganados, como el de ayer. Y además le da igual. Juega con estos, con los otros o con los de más allá. Luis de la Fuente hace cambios, mueve el cubilete del talento y claro, siempre sale un seis en el dado. España ya es líder de su grupo en esta Liga de Naciones para la que ha pedido albergar la fase final. No hay rival de momento para la campeona del mundo, que continúa su camino al margen de lo que sucede alrededor o de quién sea el oponente. Ella sale, juega, mal o bien, pero juega, y gana. Y no hace falta brillar, no todos los días son domingo. Pero gana.
Agarrada a un brillante Lamine Yamal, autor de dos goles en Sevilla, enfila ya la clasificación en su grupo de la Liga de Naciones
Sigue la selección instalada en su bendita rutina, esa que le sitúa con 40 partidos oficiales sin perder, la mayoría de ellos ganados, como el de ayer. Y además le da igual. Juega con estos, con los otros o con los de más allá. Luis de la Fuente hace cambios, mueve el cubilete del talento y claro, siempre sale un seis en el dado. España ya es líder de su grupo en esta Liga de Naciones para la que ha pedido albergar la fase final. No hay rival de momento para la campeona del mundo, que continúa su camino al margen de lo que sucede alrededor o de quién sea el oponente. Ella sale, juega, mal o bien, pero juega, y gana. Y no hace falta brillar, no todos los días son domingo. Pero gana.
España es una cosa tan seria que, sin hacer nada del otro martes, se pudo haber ido ya al descanso con todo resuelto. Se fue arriba en el marcador, pero sólo con un mínimo margen de diferencia cuando, conviene subrayar, sin hacer nada del otro martes podría haberse ido con dos o tres. Los dos goles, más un palo de Fermín y otra opción clarísima de Baena que resolvió Livakovic con un paradón lo certifican.
Hizo De la Fuente cinco cambios. La mitad del equipo, si descontamos al portero. Le dio descanso, entre otros, a Laporte y Rodrigo, que terminaron fatigadísimos en Londres, y los nuevos no desentonaron. No es sólo teoría. Son los hechos. Entre quien entre en el entramado construido por el seleccionador, funciona. Quien más brilló fue Fermín, un chico que iba para titular en el Mundial y que tuvo que ver cómo levantaban la Copa desde la grada por culpa de una lesión.
El andaluz aporta un extra de movilidad al grupo que le viene muy bien. Sin Rodrigo, ni Olmo ni Pedri, el futbolista del Barça es un agitador profesional. Aparecía más o menos cerca de Lamine para facilitarle las cosas al extremo, bien tirando desmarques hacia la portería bien ofreciéndole un apoyo. En el segundo minuto, de hecho, dejó pasar la pelota para que Lamine la pusiera en el segundo palo tras una deliciosa jugada colectiva de la campeona del mundo al desperezarse. Al igual que en Londres, España estaba por delante casi antes de empezar. Baena, muy poco después, pudo haber hecho el segundo, pero lo evitó el portero.
Como resulta que el seleccionador croata también había cambiado a más de medio equipo (a los entrenadores no les hace ni un poquito de gracia esto de cuatro partidos en 10 días), fue como si Croacia asumiera su inferioridad y España su superioridad. El partido resultó en algo bastante soso, y hasta la sucesión de los otros dos goles del primer tiempo tuvo un punto de monotonía. El empate de Beljo reflejó la complacencia en la que vivía el equipo de De la Fuente, tan tranquilo y relajado que dejó llegar a Perisic a la línea de fondo, centrar sin oposición y ver cómo el delantero, tosco, del Dinamo de Zagreb, remataba de cabeza despacito, solo en el área pequeña, sin que ni los centrales ni Unai hicieran el amago de atacar el balón.
Pero como esta selección está tocada por algo o por alguien, dos minutos después empató Pubill, sí Pubill, rematando igual, en el área pequeña, un centro de Lamine con la derecha, sí, con la derecha. Cosas del fútbol, de este fútbol que contempla atónito la superioridad de España. Antes del descanso, Fermín tiró al palo.
El tono de la noche, calurosísima en Sevilla, no cambió en el segundo tiempo, que fue transcurriendo entre esto y aquello, nada trascendente. Esto fueron los cambios, en los que regresaron Pedri, Merino, Nico, Víctor Muñoz… para darle un impulso a la selección, que aumentó su ventaja con otra genialidad de Lamine, que metió el balón por donde no cabía (en el primer palo, con el portero ahí) para jolgorio del personal, entregado, ahora sí, a la selección de forma incondicional. Atrás quedan los tiempos en los que uno del Betis era silbado en el Pizjuán (o al revés) o uno del Barça en Madrid (o al revés también).
Y el aquello fue ver al Pizjuán aplaudir el calentamiento de Modric, y hasta corear su nombre, antes de entregarle una soberana ovación cuando entró al campo a falta de 10 minutos, con todo resuelto ya para la reina del fútbol.
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