Dos semanas después del estallido de euforia que siguió al gol de Ferran Torres, Luis de la Fuente recibe a EL MUNDO para explicar en esta entrevista cómo piensa, manda y selecciona el equipo campeón del mundo. Su método consiste en elegir personas, proteger una idea, integrar el talento individual en el colectivo y construir autoridad a través de la coherencia.
El seleccionador que ha devuelto a España a la cima del fútbol recibe a EL MUNDO y, ya relajado tras los festejos, desgrana su método, construido alrededor de unos parámetros que trascienden el deporte.
Dos semanas después del estallido de euforia que siguió al gol de Ferran Torres, Luis de la Fuente recibe a EL MUNDO para explicar en esta entrevista cómo piensa, manda y selecciona el equipo campeón del mundo. Su método consiste en elegir personas, proteger una idea, integrar el talento individual en el colectivo y construir autoridad a través de la coherencia.
- ¿Por qué ha sido España campeona del mundo?
- Porque hemos sido los mejores en todo. No solo en el plano futbolístico, también en la gestión, en todo lo que rodea a los futbolistas. Para ganar un Mundial tienes que rozar la perfección en todo.
- España ha sido campeona otra vez con una identidad muy reconocible de fútbol combinativo, sofisticado, dinámico. ¿Dice algo la selección española de la España de hoy?
- Tenemos una identidad reconocible que adaptamos al fútbol moderno, en una evolución como la que ha vivido la sociedad española desde 2010. Los grandes acontecimientos provocan siempre un cambio. Yo creo en desarrollar una idea, no en seguir las modas, porque pueden no encajar en nuestra filosofía. Llevamos años siendo fieles a una idea.
- Se hace una lectura de la selección casi sociológica, representativa de un país unido en su diversidad. Han salido dos millones en Madrid, pero ha habido una explosión de alegría en Cataluña o en el País Vasco. ¿Comparte ese punto de vista?
- Claro que sí. España es un ejemplo de ese marco de convivencia. Los jugadores de la selección son personas identificadas con un país, con una sociedad, con una forma de vida y con una cultura; cada una con sus peculiaridades, como todos los ciudadanos españoles.
- El modelo es anterior, pero usted lo hace de nuevo competitivo. ¿Cuál es el sello de Luis de la Fuente?
- Todo nace de una idea, que viene de hace muchos años. Cuando me hago cargo de la selección, entiendo que el fútbol moderno avanza hacia un juego más vertical, con transiciones más rápidas, y posesiones y ataques menos elaborados. Eso es lo que hemos querido aportar. Los futbolistas corren más. Ya no necesitas tener grandes posesiones para ganar partidos, aunque sigan siendo importantes. Nosotros teníamos una idea y nuestro acierto fue elegir y seleccionar a los futbolistas que mejor la desarrollaban. Hemos evolucionado a partir de sus condiciones, pero la génesis era esa idea del fútbol español.
- Hace unos meses, usted me recordó una cita de Alfredo Di Stéfano, y me dijo: «Ningún jugador es mejor que todos juntos». ¿Cuál es el equilibrio entre el genio individual y el equipo?
- En mi forma de ver la vida y el fútbol, creo que el equipo hace mejor al individuo. El talento individual tiene que estar siempre al servicio del colectivo porque el colectivo va a hacerte mejor a ti, no al revés. Estoy convencido. Habrá otras filosofías, pero nosotros creemos fervientemente en esta idea. Este grupo de jugadores, y por eso se les selecciona, está convencido de que el colectivo es más importante que cualquier jugador. Tienen la humildad, la generosidad y la solidaridad necesarias para anteponer el bien general al bien particular.
- ¿Y cuál es el papel del talento?
- Talento tienen todos. Cada uno es diferente y tiene un talento especial. La grandeza de los futbolistas estrella no pasa solo por ser el mejor, el más espectacular o el mejor atacante. Cada uno tiene su talento, pero con la humildad de aceptar que siempre deben estar al servicio del colectivo. Hay que aprovechar y sacar el máximo rendimiento a ese futbolista, no para que destaque de manera individual, sino como parte del colectivo.
- ¿Cómo se convence a una figura como Lamine Yamal de que renuncie a su lucimiento individual en beneficio del éxito colectivo?
- No tiene que renunciar a nada. Solo le digo que haga todo lo que tenga que hacer para que lo que haga beneficie al equipo. Es muy inteligente y posee esa otra parte del talento: entender qué puede beneficiar al equipo. Eso lo hacen perfectamente, porque es natural, es una parte del talento que lleva de serie. Lo que tiene que aprender es a convivir con otros jugadores muy buenos y aceptar con humildad que quizá hoy sea el jugador más destacado, pero mañana tenga que ser otro. No se le dice que renuncie a nada; se le dice que elija bien y qué fortalezas tiene que utilizar en cada momento del juego.
- ¿Alguna vez ha rechazado a un talento extraordinario por el grupo?
- No sé si extraordinario… Los grandes genios, esos que todos reconocemos como superfiguras futbolísticas, son generosos, muy solidarios y piensan en ayudar al compañero. Con ellos no cuesta nada. Los jugadores que tenemos nosotros, como Lamine, son así. Hay que entender que tiene 19 años, que está en proceso de formación y tiene que adquirir madurez personal y futbolística. Nunca ha habido ningún conflicto, porque procuramos seleccionar futbolistas que no puedan generarlo. Los grandes futbolistas encajan siempre.
- Conoce a casi todo el equipo desde su adolescencia. ¿Qué retrato generacional ofrece ese trabajo y en qué le ha ayudado para ser campeón?
- Nuestra relación con los futbolistas va más allá de lo futbolístico. Hay otro tipo de relación personal, casi paternal. Como los he visto crecer desde muy jóvenes, eso me ha permitido tener cierta influencia en su desarrollo. También lo he intentado en lo humano, porque creo que lo humano y lo futbolístico van de la mano. Yo soy formador, más que entrenador. Siempre he entendido que mi responsabilidad era formar personas y después futbolistas. Que estos futbolistas entiendan hoy perfectamente el mensaje es fruto de que durante mucho tiempo hemos hablado. Se trata de una forma de actuar y de comportarse en la vida. Como son inteligentes y buenas personas, entienden que esa es la relación necesaria.
- ¿Qué es una buena persona?
- En el mundo del fútbol, ser buena persona es tener valores. Cualquiera que haya estado en un vestuario sabe cuáles son: ser solidario, ser generoso, anteponer el bien general al bien particular, sacrificarse por el compañero, sufrir por el equipo… He pasado mucho tiempo en diferentes vestuarios, y siempre identificábamos -no te quepa duda, aquí no hay vaguedades- al que no era un buen compañero. Decíamos que no era buen compañero, seguramente porque no nos atrevíamos a decirle: «Es que eres mala persona». Todos hemos tenido alguno. Se retratan enseguida.
«A Dios solo le pido que me dé otro día más para seguir haciendo lo que hago»
- ¿Qué tipo de relación ha construido con un futbolista, como Cucurella, que decide tatuarse su rostro?
- Ahí lo más importante es mantener la palabra. Yo le dije: «Has dicho algo y quizá te arrepientas». Lo importante era cumplir lo prometido. Eso dice mucho de una persona. Es también uno de nuestros códigos. Que se haya equivocado o no ya es una visión particular.
- Después de Cabo Verde resurgió un cierto fatalismo español. ¿Usted tuvo alguna duda?
- No. Todo el proceso se ha ido cumpliendo tal como lo habíamos establecido. Hubo unas semanas en las que tuvimos que trabajar más los aspectos condicionales y físicos de los futbolistas, sabiendo que irían adquiriendo ritmo competitivo a medida que avanzaran los partidos y acumularan más trabajo y más entrenamiento. Ha salido tal como lo habíamos planificado. Entiendo que, desde el desconocimiento, se puedan decir cosas. Nosotros estábamos tranquilos.
- Tuvo que tomar decisiones en contra de la presión pública. ¿Cuál fue la que mejor define su liderazgo?
- Tengo dos ventajas. Una, que no leo nada. Soy totalmente impermeable a los comentarios ajenos. No me afectan. Eso me permite tomar decisiones en libertad. Luego, tengo otra visión. Parece que los importantes son los titulares. Nosotros nunca hablamos de titulares y suplentes. Un partido es muy complejo en su desarrollo y dura hasta que el árbitro pita el final. Esto es una obviedad, pero hay que decirlo: por salir en el minuto uno no eres más importante que quien sale en el minuto 80. Incluso el mejor puede tener que salir si el equipo necesita algo que él no está aportando.
- Usted contaba con Zubimendi, pero mantuvo confianza en Rodri.
- Rodrigo, con todo el respeto que le tengo a Zubimendi -es el segundo mejor jugador del mundo-, es el mejor jugador del mundo. Necesitábamos que siguiera ese proceso y evolucionara hasta la final. Rodrigo, incluso al 50%, es mejor que la gran mayoría de los centrocampistas del mundo. Zubimendi entiende perfectamente su papel. En la final, el primer pase de la jugada del gol sale de sus pies.
- Ganamos a Portugal en el 91, a Bélgica en el 88 y a Argentina en el 106. Cubarsí sacó un balón de gol prácticamente con el tiempo cumplido. ¿Hubo algún momento del Mundial en manos del azar o del destino?
- Yo no creo en la suerte. Creo en el trabajo. Haz las cosas bien y que te salga todo bien, pero suerte no hay. Cada uno hace lo que tiene que hacer en el terreno de juego y eso lo acerca más al éxito. Hacer las cosas bien te acerca a ganar. Y siendo muy superior al rival, puedes perder. No es suerte: tienes que hacer las cosas bien. La suerte es no tener una enfermedad, no sufrir un accidente o una lesión. Eso es mala suerte. Pero lo demás es trabajo, conocimiento, preparación, formación, información…
- Pero usted es creyente y reza. ¿Qué le pidió a Dios antes de la final?
- Pido poco. Doy muchas gracias a Dios por estar sano y por tener la posibilidad de trabajar en lo que es mi pasión. Soy un privilegiado de la vida; ¿cómo voy a pedir? Además, me parecería injusto pedirle que me ayudara a derrotar a alguien que puede tener la misma fe que yo. Solo le pido que me dé otro día más para seguir haciendo lo que hago: fortaleza y entereza para seguir luchando.
- Usted no fue una gran figura y cuando llegó a la selección tampoco había entrenado a un gran club, muchos le pusieron bajo sospecha. ¿Cómo construye su autoridad desde ahí?
- El mejor de los halagos es que me digan que nadie me ha regalado nada. Cuando pienso en mi época de futbolista, me habría gustado hacer las cosas de otra manera. Después intenté aplicar como entrenador todo lo que no había hecho como jugador. Hoy lo dejo todo. Tengo todo controlado y planificado. Eso me ha forjado un carácter y me ha llevado, cuando tuve que plantear un ideario futbolístico, a conseguir que los jugadores crean en él. Los jugadores no solo veían al Luis de la Fuente de 2023; veían al de 2015, que les decía lo mismo, obviamente con la evolución que se produce a lo largo de la vida.
- Tras el primer partido oficial contra Escocia, que es su única derrota, usted dijo «volvería a hacer lo mismo». ¿Qué aprendió de esa situación?
- Quería reforzar el mensaje a los jugadores: no nos vamos a mover ni un centímetro de la idea, aunque haya cosas que cambiar. Sacamos muchas conclusiones positivas. Supimos claramente cuál era el camino que debíamos seguir.
- ¿Alguna vez estuvo tentado de traicionar esa idea?
- Nunca. Pero no por nada especial. Yo no muero con mis ideas: soy capaz de rectificar. Eso sí, tiene que haber algo sobre lo que construir: una idea, una génesis, una base, lo más sólido. Eso es inalterable. A partir de ahí, todas las ramificaciones, es modificable. Algo tan importante como los jugadores puede modificar el desarrollo de la idea. Eso permite que la idea evolucione constantemente.
- ¿Ve motivos para reivindicarse?
- No, y lo digo desde el corazón. Si lo hiciera, mi madre bajaría y me diría: «Luis, esto no es así». Me educaron de una manera en la que no tengo que reivindicar nada. Lo que tengo que hacer es seguir trabajando, trabajando y trabajando. Esa es la mejor manera de reivindicarse.
- ¿Cuándo vio que ganábamos?
- De verdad, solo cuando pitó el final. Teníamos la sensación de que el partido estaba controlado. Sabíamos que el partido estaba vivo hasta el final, aunque tendríamos que haber ido dos o tres a cero. Me acordé de una imagen que tengo grabada de 2010: cuando marca Iniesta, Vicente del Bosque decía: «Calma, que todavía queda». Esa fue la sensación que tuve cuando marcó Ferran: calma, aún queda. Hasta que el árbitro no pita el final no tienes la tranquilidad de decir: «Se ha conseguido».
«Lo que hicimos en 2026 no nos bastará para ganar en 2030»
- ¿Entiende la frustración que tuvo Argentina?
- Argentina es una gran selección y durante el partido se vio superada. Si soy sincero, no me gustó lo ocurridodespués del partido. Hay tratar de evitar esas actitudes porque hay millones de niños y niñas viendo a sus ídolos y son esponjas.
- ¿Cuando se cierra la puerta del vestuario, qué dijo a los jugadores?
- Darles las gracias de corazón y la enhorabuena, clarísimo. Porque hubo un jugador que, al terminar el partido, se acercó y me dijo: «Míster, ¿qué nos queda por ganar?». Y le respondí: «De momento, el partido de septiembre contra Inglaterra, que es el más inmediato». Les di las gracias por eso, por ser como son y por su comportamiento durante 52 días. Después de 24.000 kilómetros, cambios de huso horario, mucho calor, poco descanso y mucha exigencia, no hubo una mala cara. Y al final siempre terminamos con la misma frase: «Pero habrá que hacerlo mejor, ¿verdad?». Pues sí: la próxima vez, mejor.
- ¿Fue consciente de lo que representa para la autoestima del país?
- Soy feliz viendo feliz a la gente y he visto a un país feliz, entregado. Me he sentido orgulloso. España puede aprender que el trabajo en equipo, la solidaridad, el compromiso, la cohesión, el esfuerzo, ser buen compañero y ser buena persona te hacen llegar más lejos. Creo que la mayoría de los jóvenes tiene estos valores y este sentimiento de país. La gente quiere expresar con libertad lo que siente, sin que nadie le ponga una etiqueta. Esto puede ser un impulso. La gente joven necesita este altavoz para mostrar que en España somos así.
- ¿Qué tiene su equipo del Mundial 2030 que todavía no tiene el campeón del mundo de 2026?
- Tiene tiempo para seguir mejorando y muchas posibilidades de hacerlo. El Mundial queda lejos, pero todo lo que hagamos durante estos años previos nos acercará a tener posibilidades de ganarlo. En 2030 volverá a ser distinto. Seguro que los futbolistas llegarán siendo más rápidos y con otras condiciones que todavía no vemos. Lo que hicimos en 2026 no nos bastará para ganar en 2030. Tampoco para ganar el próximo partido. Hay que ser mejores.
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