El PSOE necesita una derrota dura de Pedro Sánchez

Todavía no ha empezado la campaña electoral propiamente dicha y el sanchismo va perdiendo por el camino eslóganes de urgencia y argumentos de laboratorio -hace dos semanas repetían «todos somos Maricarmen»; el lunes acuñaron el «renacionalizar» y, desde el miércoles, tras la dimisión del ministro de los trenes, toca «no todos somos iguales»-, pero también van cayendo sus más fogosos caporales, como Montse Mínguez y el mencionado Óscar Puente.

 La mejor lección que los socialistas pueden sacar de la debacle electoral de Trump es que el populismo y la política de la división acaba pasando factura en las urnas  

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Todavía no ha empezado la campaña electoral propiamente dicha y el sanchismo va perdiendo por el camino eslóganes de urgencia y argumentos de laboratorio -hace dos semanas repetían «todos somos Maricarmen»; el lunes acuñaron el «renacionalizar» y, desde el miércoles, tras la dimisión del ministro de los trenes, toca «no todos somos iguales»-, pero también van cayendo sus más fogosos caporales, como Montse Mínguez y el mencionado Óscar Puente.

A pesar de la turra de Iván Redondo, que actúa como jefe de campaña de Pedro Sánchez haciendo pasar por ciencia social lo que es intoxicación de manual barato, la realidad es que el núcleo personal e ideológico del líder socialista se descompone por sí solo. Al fin quedó al descubierto, por ejemplo, la mentira de su influencia y liderazgo internacional como delegado europeo de la izquierda del Sur Global.

Durante el segundo mandato de Sánchez, la agenda exterior le ha servido de refugio frente a los casos domésticos de corrupción y a la parálisis en la gestión, consecuencia de su incapacidad para aprobar los presupuestos. Sin embargo, la ausencia de sus socios en el populismo izquierdista Lula da Silva y Claudia Sheinbaum de la Cumbre Iberoamericana de Madrid, privando al búnker conspirador de La Moncloa de una importante fotografía de apoyo en un momento tan precario, pone de manifiesto su soledad y su escaso peso internacional: si tus amigos no te quieren echar una mano cuando estás a punto de perder el Gobierno, es que poco amigos eran o que ya te consideran un cadáver político al que es mejor no arrimarse.

El último requiebro desesperado del sanchismo es intentar apropiarse de la apabullante victoria del Partido Demócrata sobre el trumpismo en las elecciones norteamericanas de medio mandato. Equivocado movimiento me parece, porque si hay un dirigente europeo que replica a Donald Trump como un alumno aventajado, al margen de sus diferencias ideológicas, ese es Sánchez, empezando por la narcisista necesidad de convertir la vida pública en una cuestión estrictamente personal.

Con todo, sí hay varias lecciones norteamericanas que se pueden trasladar a España. La más importante es que la política de bloques y de división social, el populismo megalómano que intenta colonizar las instituciones y ponerlas a su servicio, acaba provocando más rechazo que adhesiones entre unos ciudadanos que, en general, están hartos de milongas guerracivilistas y lo que desean, por encima de todo, es vivir mejor y tranquilos. La derrota de Orbán en Hungría y los malos resultados de Netanyahu en Israel son otros casos recientes de castigo al personalismo tóxico.

La otra lectura de los resultados de EEUU puede servir a aquellos sectores del PSOE que quieren salvar al partido del sanchismo. Peggy Noonan, exasesora de Ronald Reagan y una de las articulistas más influyentes de The Wall Street Journal, escribió este domingo que, por el bien del Partido Republicano, era necesario que cosechara una dolorosa derrota en las midterms, cuanto más contundente, mejor, para así poder expurgarse de todo resto de trumpismo, volver a sus esencias conservadoras y ser de nuevo el partido que mejor representa a las familias de clase media y popular.

Una catarsis parecida es la que, a mi juicio, necesitaría el PSOE el 29-N para liberarse del sanchismo y de todo su legado de corrupción política y moral. Una debacle electoral como oportunidad para dejar paso a una nueva generación de dirigentes que no hayan estado al servicio de Sánchez ni se hayan contaminado de su populismo. Regeneración interna y regreso a la socialdemocracia. Raphaël Glucksmann lo está lográndolo con el socialismo francés, y Andy Burnham, con el laborismo británico. El siguiente debería ser un PSOE post Sánchez. Me consta que ya hay algunos jóvenes socialistas, valientes y alejados del radar de La Moncloa, que aguardan su momento.

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