Con la primavera instalada en el calendario, nada hacía temer a los inquilinos del Palau de la Generalitat que Juanfran Pérez Llorca tendría que afrontar un inicio de curso político sin estar confirmado como candidato del PP a la Generalitat y haciendo campaña para unas elecciones generales. El golpe en la mesa dado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para adelantar la cita con las urnas al próximo 29 de noviembre ha pillado al PP valenciano nadando en aguas revueltas por la indefinición de Génova sobre su futuro.
Los ‘populares’ se movilizan ante una convocatoria que se considera un arma de doble filo para el presidente de la Generalitat y que puede reabrir heridas internas por la confección de las listas
Con la primavera instalada en el calendario, nada hacía temer a los inquilinos del Palau de la Generalitat que Juanfran Pérez Llorca tendría que afrontar un inicio de curso político sin estar confirmado como candidato del PP a la Generalitat y haciendo campaña para unas elecciones generales. El golpe en la mesa dado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para adelantar la cita con las urnas al próximo 29 de noviembre ha pillado al PP valenciano nadando en aguas revueltas por la indefinición de Génova sobre su futuro.
El calendario electoral, sin embargo, obliga a cerrar filas en un partido agitado en los últimos días por la filtración de un dosier que busca desacreditar a Llorca ante la dirección nacional. De ahí que el PP valenciano, donde no faltan los críticos con lo que se considera un «maltrato» por parte de Génova, se marque como objetivo ineludible la mejora de los resultados de 2023.
Superar la marca de las últimas elecciones generales, en las que se lograron 13 escaños para el PP en el Congreso de los Diputados, no solo se considera factible. «Debe ser obligatorio», señala un cargo del PPCV. En julio de 2023, los populares valencianos lograron 922.064 votos, el 35,14% del total. El avance ya fue notable respecto a 2019, cuando el PP hacía su particular travesía por el desierto tras verse salpicado por los casos de corrupción. El PP recuperó el liderazgo en 2023 de la mano de Carlos Mazón: se comió a Ciudadanos y cosechó 337.000 votos más en plena resaca por la victoria del 28-M.
Para la cita del 29-N, el listón se ha puesto todavía más alto, pues se aspira a lograr hasta 15 diputados. En el PP de la provincia de Valencia, por ejemplo, se asegura que hay margen de crecimiento, tal y como prueba la movilización de los últimos actos organizados por Vicent Mompó.
Sacar pecho con un buen resultado electoral es crucial para el PPCV, sobre todo teniendo en cuenta la anomalía de tener que hacer campaña con un presidente de la Generalitat en una situación de interinidad. Así lo creen las fuentes populares consultadas, pues se asume que no habrá confirmación de la candidatura autonómica antes de las generales. El partido, dirigido por una gestora que preside el propio Llorca y con el congreso regional en el congelador, arriesga su crédito ante Alberto Núñez Feijóo.
En este sentido, se considera que el escenario que abre el adelanto electoral puede ser un arma de doble filo. Llorca se la juega, pero también tiene ante sí la oportunidad de esgrimir un resultado que confirme que el PPCV sigue siendo el bastión electoral de antaño.
De hecho, en el PP valenciano no son pocas las voces que cuestionan el silencio de Génova sobre la candidatura autonómica, precisamente porque no ha hecho sino avivar las dudas sobre Llorca. El asunto del dosier -y la sospecha de que tras él hay «fuego amigo»- ha sido la gota que ha colmado el vaso y que ha llevado a algunos dirigentes a advertir de que la polémica afecta y puede perjudicar a todo el proyecto. Incluidas las aspiraciones de Feijóo, teniendo en cuenta que la Comunidad Valenciana ha sido tradicionalmente un granero de votos para el PP.
Aun así, fuentes del entorno de Llorca mantienen que su candidatura no debería depender del resultado del 29-N. Entre otras cosas, insisten, porque a pesar de quinielas y rumores, la decisión ya está tomada y no hay -ni ha habido- alternativa al nombre de Llorca.
El otro foco de tensión estará en la confección de las listas, según admiten en el PP. Aunque tendrán que ser validadas por Génova, las listas pueden reabrir las heridas internas entre las distintas facciones populares.
De entrada, el comité electoral está presidido por Esteban González Pons, persona de la máxima confianza de la alcaldesa María José Catalá y, por tanto, fuera del círculo más próximo a Llorca, a diferencia de Magda González, la vicepresidenta segunda de las Cortes que figura también en el órgano.
La lista de integrantes la completan Macarena Montesinos, muy afín a Mazón pero en la órbita de Miguel Tellado, el ex presidente de la Generalitat Alberto Fabra y el concejal de Valencia Juan Giner. Dicho con otras palabras, Llorca preside la gestora y controla el partido, pero no el comité electoral que tendrá que decidir sobre las listas. De momento, con nada cerrado.
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