Salmo laudatorio para el campeón

Todo apuntaba mal para la selección. Croacia había casi desnudado a España y no liquidó el partido por causa de un Unai Simón, que se manifiesta como el «santo» en este equipo campeón. Croacia había recibido una goleada inmisericorde a manos de Inglaterra. Y se enrabietó.

 Todo apuntaba mal para la selección. Croacia había casi desnudado a España y no liquidó el partido por causa de un Unai Simón, que se manifiesta como el «santo»  

Todo apuntaba mal para la selección. Croacia había casi desnudado a España y no liquidó el partido por causa de un Unai Simón, que se manifiesta como el «santo» en este equipo campeón. Croacia había recibido una goleada inmisericorde a manos de Inglaterra. Y se enrabietó.

En Split, una ciudad más persuasiva, hizo que con cuatro jugadores nacidos en la localidad y con una salida de las que te comes hasta las botas del contrario, se pusiera por delante con el gol de Perisic, que es el mismo diablo de cara al gol. Impresionante esfuerzo balcánico hasta que a los veinticinco minutos ya había perdido esa agitación de su fútbol que mordía al campeón.

Fue el mismísimo diablo el que enterró todo ilusionismo croata. En una falta dudosa de que fuera amarilla, le expulsaron y con diez jugadores, aunque no había mucho tiempo, llegaba otro gol de Merino, el «salvador», el jugador que hace milagros cuando las cosas se ponen muy mal.

En fin, nueva victoria española, pero sin pompa y circunstancia. Si te fijas en los cuatro últimos partidos, en ninguno de ellos ganó por superioridad técnica. Si llega a meter Kane aquel penalti, seguro que hubiera perdido el partido. También jugó mal en Sevilla. Y el del otro día en Oviedo con Chequia, el peor.

Por eso, como religiosamente es el sumo sacerdote del fútbol, hay que crear un salmo laudatorio como en cada partido. El campeón nunca pierde, aunque en tan solo cuatro partidos le hayan hecho más goles que en el Mundial.

Tanta adulación, tanta gloria y festejo por ganar en el mundo ha perjudicado a la moral de la humildad. Sobre todo, porque se gana mucho egocentrismo, hasta en el puro sacerdote De la Fuente.

Además, cuatro partidos seguidos, martes y sábado, sin ningún domingo de resurrección, han bajado el espíritu de Rodri, al que vi muy cansado. Un intermitente Baena y hasta un Lamine Yamal que se ha quedado sordo entre tantas alabanzas.

Aún queda la limitada posibilidad de que Inglaterra en Madrid gane por dos goles y logre bajar al purgatorio a un equipo invencible.

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