El primer oro, el que Moha Attaoui tiene en sus piernas privilegiadas, no será en Birmingham. Tendrá que esperar el chico de Torrelavega, sin su punch habitual en la final de los 800 metros del Campeonato de Europa, incapaz de acometer ese cambio de ritmo de videojuego tan marca de la casa, tan habitualmente irresistible. Se quedó con el bronce continental, empeorando la plata de hace dos años en Roma, por detrás del intratable Mark English y del sorprendente Marino Bloudek. Y por delante de su compañero de habitación y amigo, un estupendo David Barroso, cuarto en su primera final internacional.
El mediofondista de Torrelavega no mejora la plata de Roma, en una carrera lenta en la que renunció a su táctica habitual. David Barroso, cuarto
El primer oro, el que Moha Attaoui tiene en sus piernas privilegiadas, no será en Birmingham. Tendrá que esperar el chico de Torrelavega, sin su punch habitual en la final de los 800 metros del Campeonato de Europa, incapaz de acometer ese cambio de ritmo de videojuego tan marca de la casa, tan habitualmente irresistible. Se quedó con el bronce continental, empeorando la plata de hace dos años en Roma, por detrás del intratable Mark English y del sorprendente Marino Bloudek. Y por delante de su compañero de habitación y amigo, un estupendo David Barroso, cuarto en su primera final internacional.
Renunció a sus formas habituales, a ese aguardar a la cola, a prueba de nervios, para dejar a todos tiesos con su acelerón. Attaoui esta vez quiso mandar, salió en cabeza, la cedió ante el croata Bloudek en una carrera lenta, táctica, acudió tercero a la recta de meta, cuando parecía que le quedaban fuerzas para dejarlos todos atrás. Pero no hubo manera, fue como remar a contracorriente. La segunda medalla de España en Birmingham, tras la de su compañera de entrenamientos en Suiza Marta García, sabe un poco agridulce.
El talento único de Attaoui reposa en sus genes -nacido hace 25 años en Beni Mellal, en el corazón de Marruecos-, se despliega en su mentalidad desenfadada de niño de Torrelavega y en su arriesgada y espectacular estrategia de carrera, y se desarrolla en las montañas de Suiza, en la idílica St. Moritz donde vive y entrena a las órdenes de Thomas Dreissigacker en el OAC Athletic, disciplina y método alemán. También en los vídeos de El Guerrouj que repasa. Todo eso, la mezcla del éxito, forja un chico único, su segunda medalla continental consecutiva, y el segundo bronce del 2026 tras el de Torun.
No le achican los contratiempos, los casi que hasta ahora han sido su trayectoria, de lleno de momento en el exigente 800, quizá la disciplina más cara del programa, antes del lógico salto al 1.500. El quinto puesto iniciático en los Juegos de París, el quinto del pasado Mundial de Tokio, ya más una decepción. Fue plata en el pasado Europeo de Roma y bronce en el último Mundial indoor, en marzo, semanas después de rozar en Gallur, Madrid, el récord del mundo de los 1.000 metros.
A Birmingham acudía después de un invierno raro. «Unos meses de mierda» (un virus, luego una infección, luego unos niveles demasiado bajos de hierro y también la muerte de su abuelo), en sus palabras sin filtro, pronunciadas en la previa como reclamo de los periodistas, cuando ya parecía haber terminado su alocución. «Pero cuando me pongo la camiseta de España… Esto va para todos los que han dudado de mí», lanzó, como premonición que no fue, porque en su cabeza ambiciosa sólo estaba el oro que no fue.
Y eso que la final se abarató con la baja por lesión de última hora del local Max Burgin. Tampoco su compatriota Ben Pattison estuvo a la altura (sexto). Sí el impresionante irlandés English, quien en las semifinales batió un récord, el de los Europeos, que llevaba vigente desde 1978. Su 1:43,49 acabó con el 1:43,84 de Olaf Beyer en Praga. A sus 34 años, suya fue la gloria total.
Si el bronce de Attaoui supo a poco, a mucho lo fue el cuarto puesto de Barroso. Que corrió de menos a más, algo nervioso, buscando huecos que no encontraba. Si hubiera habido 50 metros más de carrera, suyo habría sido el podio, como lo fue el campeonato de España de hace unos días en Málaga. «Estoy muy contento y satisfecho, aunque es verdad que tengo la espinita clavada, lo he tenido cerca. Cuarto de Europa, con este nivel en los 800…», valoró después el extremeño.
La noche no tuvo remate para España, pues un momento después, Jael Betsué sólo pudo acabar séptima en la final de los 200 metros (22,69), lejos de las medallas que ocuparon Amy Hunt, Rhasidat Adekele y Dina Asher-Smith.
Noticias de Deportes
