Víctor Arpa, abogado laboralista, sobre las empleadas del hogar sin contrato: «Si puedes demostrar que has estado trabajando, podemos reclamar que se reconozca esa relación laboral»

Una empleada del hogar que llevaba casi tres años limpiando y cuidando a una mujer asegura que, tras regularizar su situación administrativa, su empleadora se negó a tramitarle el alta. El caso plantea qué puede reclamar una trabajadora extranjera que ha trabajado durante años sin contrato escrito. La negativa aparece tras regularizarse.

Para trabajar legalmente en España hace falta autorización, pero la ausencia de ese permiso no borra por sí sola una relación laboral ni las cantidades pendientes. La Ley Orgánica 4/2000 establece que la carencia de autorización no invalida el contrato respecto de los derechos del trabajador extranjero, sin perjuicio de las responsabilidades del empresario. La falta de autorización no borra el contrato.

En el servicio del hogar, la relación laboral existe cuando una persona realiza tareas domésticas o cuidados retribuidos bajo la dirección del titular de la vivienda. El alta debe tramitarse antes de empezar y la responsabilidad corresponde al titular del hogar. Si no hay pacto escrito, se presume un contrato indefinido y a jornada completa, salvo prueba en contrario.

Las pruebas que pueden sostener la reclamación

En un vídeo publicado en TikTok, el abogado laboralista Víctor Arpa responde a la consulta con una frase: «trabajar sin autorización no significa trabajar sin derechos». Según su explicación, «si puedes demostrar que has estado trabajando, podemos reclamar que se reconozca esa relación laboral», aunque la decisión dependerá del caso. La relación debe acreditarse con hechos concretos.

Entre las pruebas que menciona están los mensajes con la empleadora, las transferencias, las indicaciones sobre la hora de entrada, las fotografías y las conversaciones sobre vacaciones, salario u horarios. También pueden declarar personas que sepan que la trabajadora acudía a ese domicilio. «Aunque nunca hayas tenido contrato escrito, puedes demostrar que existía una relación laboral», sostiene el abogado. Conviene conservar las conversaciones completas y ordenar fechas, jornadas y pagos: los pagos y los horarios dejan rastro.

La obligación de formalizar el empleo

El empleador no puede presentar el alta como un favor ligado a la regularización. La Tesorería General de la Seguridad Social atribuye al titular del hogar la obligación de tramitarla antes del comienzo, con independencia del número de horas, y el incumplimiento puede derivar en multas para empleadores y cuotas pendientes. La obligación de cotizar recae en el empleador.

Si la empleadora deja de contar con sus servicios, no conviene asumir que se trata de una renuncia voluntaria. La causa y la forma de comunicar el cese deben revisarse, ya que la normativa exige escrito en ciertas extinciones y prevé indemnización cuando concurren causas específicas. También pueden discutirse salarios, vacaciones, pagas y la prestación por desempleo si se cumplen sus requisitos. La salida debe analizarse según cómo se produzca.

La regularización no garantiza conservar el puesto, pero sí permite examinar qué ocurrió durante la relación y cómo terminó. El reconocimiento de derechos tampoco es automático: la trabajadora debe reunir la documentación y pedir orientación a la Inspección de Trabajo, los servicios laborales o un profesional. Su recomendación final es: «no tienes por qué aceptar que simplemente te diga que te vayas». Antes de firmar o abandonar el domicilio, conviene dejar constancia de la decisión y guardar cada prueba puede ser decisivo.

 WhatsApp, pagos, horarios, fotografías y testigos pueden ayudar a demostrar una relación laboral previa y reclamar salarios, vacaciones o cotizaciones pendientes, aunque nunca se firmara un contrato  

Una empleada del hogar que llevaba casi tres años limpiando y cuidando a una mujer asegura que, tras regularizar su situación administrativa, su empleadora se negó a tramitarle el alta. El caso plantea qué puede reclamar una trabajadora extranjera que ha trabajado durante años sin contrato escrito. La negativa aparece tras regularizarse.

Para trabajar legalmente en España hace falta autorización, pero la ausencia de ese permiso no borra por sí sola una relación laboral ni las cantidades pendientes. La Ley Orgánica 4/2000 establece que la carencia de autorización no invalida el contrato respecto de los derechos del trabajador extranjero, sin perjuicio de las responsabilidades del empresario. La falta de autorización no borra el contrato.

En el servicio del hogar, la relación laboral existe cuando una persona realiza tareas domésticas o cuidados retribuidos bajo la dirección del titular de la vivienda. El alta debe tramitarse antes de empezar y la responsabilidad corresponde al titular del hogar. Si no hay pacto escrito, se presume un contrato indefinido y a jornada completa, salvo prueba en contrario.

Las pruebas que pueden sostener la reclamación

En un vídeo publicado en TikTok, el abogado laboralista Víctor Arpa responde a la consulta con una frase: «trabajar sin autorización no significa trabajar sin derechos». Según su explicación, «si puedes demostrar que has estado trabajando, podemos reclamar que se reconozca esa relación laboral», aunque la decisión dependerá del caso. La relación debe acreditarse con hechos concretos.

Entre las pruebas que menciona están los mensajes con la empleadora, las transferencias, las indicaciones sobre la hora de entrada, las fotografías y las conversaciones sobre vacaciones, salario u horarios. También pueden declarar personas que sepan que la trabajadora acudía a ese domicilio. «Aunque nunca hayas tenido contrato escrito, puedes demostrar que existía una relación laboral», sostiene el abogado. Conviene conservar las conversaciones completas y ordenar fechas, jornadas y pagos: los pagos y los horarios dejan rastro.

La obligación de formalizar el empleo

El empleador no puede presentar el alta como un favor ligado a la regularización. La Tesorería General de la Seguridad Social atribuye al titular del hogar la obligación de tramitarla antes del comienzo, con independencia del número de horas, y el incumplimiento puede derivar en multas para empleadores y cuotas pendientes. La obligación de cotizar recae en el empleador.

Si la empleadora deja de contar con sus servicios, no conviene asumir que se trata de una renuncia voluntaria. La causa y la forma de comunicar el cese deben revisarse, ya que la normativa exige escrito en ciertas extinciones y prevé indemnización cuando concurren causas específicas. También pueden discutirse salarios, vacaciones, pagas y la prestación por desempleo si se cumplen sus requisitos. La salida debe analizarse según cómo se produzca.

La regularización no garantiza conservar el puesto, pero sí permite examinar qué ocurrió durante la relación y cómo terminó. El reconocimiento de derechos tampoco es automático: la trabajadora debe reunir la documentación y pedir orientación a la Inspección de Trabajo, los servicios laborales o un profesional. Su recomendación final es: «no tienes por qué aceptar que simplemente te diga que te vayas». Antes de firmar o abandonar el domicilio, conviene dejar constancia de la decisión y guardar cada prueba puede ser decisivo.

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