Por qué un actor nunca puede organizar sus vacaciones

No es oro todo lo que reluce y cada profesión tiene sus beneficios e inconvenientes. En el caso de los actores de cine o televisión, siempre se ve el lado bueno. La fama, el dinero… Pero mantener un buen nivel de vida no es fácil y muchos de ellos han contado cómo después de rodar una serie o película han estado meses sin trabajar y tirando de ahorros.

Otro punto en contra son las vacaciones, pues no pueden organizarlas hasta las semanas previas, cuando puedan estar seguros que ningún director les va a llamar para comenzar un nuevo proyecto en los días planificados. Así lo ha contado el actor Carlos Cuevas, conocido por su paso por la serie ‘Merlí’, en el podcast El Cine en la Ser, donde recientemente presentó la película ‘El Anfitrión’.

«Nunca he podido planificar unas vacaciones en mi vida, cuando mis amigos reservan viajes yo digo: ‘Ya sabéis que hasta dos semanas antes no os puedo decir», comentó el intérprete catalán en los micrófonos de la Cadena Ser al hablar del verano.

Asimismo, explicó que en su profesión los trabajos les salen «con una ventana de entre seis y tres meses» y, en el caso de ser elegido para dar vida al protagonista o que el proyecto lleve en marcha bastante tiempo, «puedes saberlo medio año antes».

«Te pueden salir cosas de al cabo de tres meses, entonces no tiene mucho sentido planificarse. Mis vacaciones son cuando no tengo trabajo», indicó, añadiendo que para él terminan siendo «un paro que a veces sienta bien y a veces sienta mal» porque lo último significa que ha pasado mucho tiempo desde el último trabajo.

En definitiva, la interpretación es un oficio fascinante, pero sostenerse en él exige convivir con una incertidumbre casi constante. Tras el brillo de los focos y las alfombras rojas se esconde una realidad laboral caracterizada por la inestabilidad, donde la frontera entre el descanso merecido y la falta de proyecto es demasiado difusa, tal y como ha sacado a relucir Carlos Cuevas con su testimonio.

 Carlos Cuevas, conocido por su papel en ‘Merlí’, confiesa que nunca puede planificar sus vacaciones debido a la incertidumbre de un sector donde los proyectos surgen con apenas semanas de margen  

No es oro todo lo que reluce y cada profesión tiene sus beneficios e inconvenientes. En el caso de los actores de cine o televisión, siempre se ve el lado bueno. La fama, el dinero… Pero mantener un buen nivel de vida no es fácil y muchos de ellos han contado cómo después de rodar una serie o película han estado meses sin trabajar y tirando de ahorros.

Otro punto en contra son las vacaciones, pues no pueden organizarlas hasta las semanas previas, cuando puedan estar seguros que ningún director les va a llamar para comenzar un nuevo proyecto en los días planificados. Así lo ha contado el actor Carlos Cuevas, conocido por su paso por la serie ‘Merlí’, en el podcast El Cine en la Ser, donde recientemente presentó la película ‘El Anfitrión’.

«Nunca he podido planificar unas vacaciones en mi vida, cuando mis amigos reservan viajes yo digo: ‘Ya sabéis que hasta dos semanas antes no os puedo decir», comentó el intérprete catalán en los micrófonos de la Cadena Ser al hablar del verano.

Asimismo, explicó que en su profesión los trabajos les salen «con una ventana de entre seis y tres meses» y, en el caso de ser elegido para dar vida al protagonista o que el proyecto lleve en marcha bastante tiempo, «puedes saberlo medio año antes».

«Te pueden salir cosas de al cabo de tres meses, entonces no tiene mucho sentido planificarse. Mis vacaciones son cuando no tengo trabajo», indicó, añadiendo que para él terminan siendo «un paro que a veces sienta bien y a veces sienta mal» porque lo último significa que ha pasado mucho tiempo desde el último trabajo.

En definitiva, la interpretación es un oficio fascinante, pero sostenerse en él exige convivir con una incertidumbre casi constante. Tras el brillo de los focos y las alfombras rojas se esconde una realidad laboral caracterizada por la inestabilidad, donde la frontera entre el descanso merecido y la falta de proyecto es demasiado difusa, tal y como ha sacado a relucir Carlos Cuevas con su testimonio.

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