Mourinho le rezó a Dios

Viejos hábitos nunca mueren y el infantilismo defensivo, el sustantivo de que es mejor jugar como si entrenara a un equipo, jamás se despegarán de la paupérrima impresión que desprende su equipo. Incapaz de jugar bien al fútbol.

 Viejos hábitos nunca mueren y el infantilismo defensivo, el sustantivo de que es mejor jugar como si entrenara a un equipo, jamás se despegarán de la paupérrima impresión que de  

Viejos hábitos nunca mueren y el infantilismo defensivo, el sustantivo de que es mejor jugar como si entrenara a un equipo, jamás se despegarán de la paupérrima impresión que desprende su equipo. Incapaz de jugar bien al fútbol.

Así que Mou acabó rezándole a todos los santos, a la Virgen de Fátima, a San Courtois y a muchos más. En los últimos minutos, incluso a Dios. Un equipo con la calidad de jugadores del Madrid no puede acabar como un mezquino, un rácano y tenebroso conjunto.

Hasta seis goles seguros, creo, detuvo Courtois, que fue el héroe del partido y la desdicha de un Inter que jamás mereció perder, aunque, curiosamente, para ser un equipo italiano tiene una retaguardia de risa, incapaz de detener cualquier contragolpe y caer en los infiernos.

Ya en la primera parte, cuando el Madrid hizo sus dos goles, el Inter jugó mejor. Parecía un ser superior frente a un pobre Real Madrid, que solo vivía de los errores del Inter.

El listo de Mbappé pilló una a los 13 minutos y el Inter se ahogó en impaciencia y complejo de «madriditis». Hasta el punto de que Valverde corrió y corrió, le quitó la pelota a Pepón, que así llaman a Martínez, y metió un gol gracias a su turbulenta y maravillosa velocidad.

Pareció que, en la segunda fase, el Madrid respiraba. Mbappé hizo una gran jugada y Pepón se las desbarató. Hizo otra y Bellingham la perdió, mientras que Vinicius parecía la «Pimpinela Escarlata». Al final, angustia, pasión y sufrimiento del Madrid, que se veía caer a los infiernos. Mourinho salvó el cuello, con su pecaminosa falta de personalidad estratégica.

Está empeñado en tirar a la basura a Diomandé. Con su mala aversión a jugar con tres delanteros, con su puñetera manía de querer jugar con solo dos delanteros, una vez más esclavizó al de Costa de Marfil y lo estranguló en sus entrañas como futbolista. Jamás se dará cuenta de que, si solo juegas al contragolpe, le estás regalando el terreno y el juego al contrario. Es inútil que lo entienda. Viejos hábitos nunca mueren, como dije antes.

Aguantó excesivamente con Trent, que, como Brahim, ni defiende, ni da juego, ni ataca. Como Brahim, que encima falló un gol que le regaló Mbappé sin piedad. Brahim la tiró fuera.

No hizo cambios Mourinho hasta que se dio cuenta de que iba a perder los dos o tres puntos. El Inter el domingo hizo una proeza, cuando perdía con el Napoli por dos a cero, como aquí. En Madrid le faltó suerte.

Que un equipo de Mou no juega al fútbol está más que dicho. Además, como en el anuncio que hay en el gran edificio al lado del Bernabéu, que no es de Santiago, se encuentra en el ocaso de su carrera. ¿Ha venido a acabarla en el Madrid?

Flaco favor les hizo a Vinicius y a Mbappé cuando les sacó justo al final para que les pudieran dar unas pitadas espeluznantes mientras que Mourinho les abrazaba. Siempre le rezó a Dios para ganar el primer partido de la Champions. De otra manera, estaría ya ahogado en el estanque del Retiro.

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