Con Llorente no basta y el Atlético cae en Anfield

Se las prometía felices el Atlético con su comodín Llorente. Hay leyes de la naturaleza como la gravedad o la inercia, que tienen la misma constancia que Marcos en Anfield. Pero su tanto no bastó a un Atlético que tuvo pausa, pero le faltó colmillo. Ganar en Anfield necesita fe y los rojiblancos no terminaron de creérselo y fueron remontados sin capacidad de inquietar luego a Alison. Por lo menos Julián dio muestras de resurgimiento. [Narración y estadísticas, 2-1]

 El tanto del madrileño, que ha marcado cinco de sus 10 goles en Europa en casa del Liverpool, terminó remontado por los de Mac Alister y Szoboszlai  

Se las prometía felices el Atlético con su comodín Llorente. Hay leyes de la naturaleza como la gravedad o la inercia, que tienen la misma constancia que Marcos en Anfield. Pero su tanto no bastó a un Atlético que tuvo pausa, pero le faltó colmillo. Ganar en Anfield necesita fe y los rojiblancos no terminaron de creérselo y fueron remontados sin capacidad de inquietar luego a Alison. Por lo menos Julián dio muestras de resurgimiento. [Narración y estadísticas, 2-1]

Uno puede tener principios, pero las necesidades suelen ser más fuertes. Está bien irrumpir en Sevilla con falso nueve, pero en plazas grandes no siempre es recomendable. San Mamés sirve de ejemplo. Así que, con Sorloth en Madrid y David en un estado indeterminado, al mirar a su plantilla Simeone encontró a un Julián menos depresivo y más motivado a comenzar la recuperación de su situación. Una situación, por cierto, en la que se metió él solito.

Así, con un nueve fijo, y con la participación del Cuti Romero por primera vez como titular, el Atlético salió en Anfield dispuesto, sobre todo, a no ser atropellado. «Robar y correr», decían los pupilos de Iraola que era el sistema del vasco. Lo demostraron sus reds en 30 segundos cuando Szoboszlai hurtó el balón a Koke y lanzó a Isak en vuelo. Falló el sueco, pero las cartas estaban sobre la mesa.

Eso sí, el as de bastos lo tiene Simeone en este estadio. Lo de Llorente en Anfield es igual de místico que los hábitos del jugador rojiblanco. Como las estelas esas del cielo que le tienen consternado, el madrileño aparece siempre en Liverpool como un killer para maltratar a los porteros reds. Son cinco goles en este lugar, el que más de toda la historia en Europa, la mitad de todos sus tantos de esta competición. El pase, maravilloso, fue de Julián Álvarez. Sonríe el Atlético y también Simeone.

Estaba motivado el argentino. Nadie sabe si olvidada su depresión o en proceso de crecimiento, como dijo su técnico. Pero diez minutos después del tanto se sacó un latigazo que sólo Alison pudo evitar que fuera el segundo tanto rojiblanco. Venía a pedirla, ofrecía paredes y tiraba regates como si su coqueteo con el Barça hubiera sido un mal sueño.

Dicen que en cualquier torneo, un equipo presenta su candidatura cuando tiene una estrella por línea. Julián quería volver a brillar, Cuti presena su candidatura, Barrios está en fase ascendente y Oblak es la luminaria constante. Dos manos suyas evitaron dos tantos cantados del Liverpool en la primera mitad, aunque la segunda fue finalmente anulada por fuera de juego por Davide Massa.

Pese a ir ganando, el Atlético nunca renunció al ataque y mostró una pausa con balón que llegó a desesperar a Anfield. En fase defensiva se juntaban sus líneas muy atrás, pero la salida, a cargo de Barrios y Kang-In Lee, siempre era limpia y con posibilidad de llegar a área de Alison. A este Liverpool, si se le supera su primera línea de presión, se muestra vulnerable.

Cuando no, claro, hace daño. Y así ocurrió al filo del descanso cuando fruto de su máxima intensidad en la presión, consiguió robar un balón que, tras varias oportunidades, alojó Szoboszlai en el fondo de la portería de Oblak. Tocaba volver a empezar y preguntarse si el Atlético podría mantener la calma sin la renta positiva en su casillero.

A la salida de vestuarios, el susto volvió a ser rápido. Con una contra fulgurante que Barcolá marró a un lado. Había que aguantar el aluvión a pie quieto, pero no se pudo. A la siguiente jugada, Mac Allister encontró un balón suelto en la frontal y lo embocó a la derecha de Oblak. El Atlético necesitaba templanza.

Los rojiblancos pararon el aluvión y poco a poco, como el agua, fueron erosionando la resistencia inglesa. Faltaba un poco de chispa ofensiva para terminar de intimidar el marco de Alison, pero no terminaba de llegar. Sólo había que estar atento a las pérdidas, que eran gasolina para los reds. Dio igual, hubo ladridos pero no mordeduras. Debutó David y pasó desapercibido. El Atlético se va de Anfield con una derrota como el curso pasado. Ojalá repetir las semifinales.

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