Irán está estrangulando las vías de salida del petróleo de Oriente Próximo al mundo. Por usar el argot del boxeo, ha dado dos ganchos -uno de izquierda, de norte a sur y de sur, en Yemen, y otro de derecha, de noroeste a sureste, en Arabia Saudí– para conseguirlo. Teherán planea dar hoy un toque diplomático a su victoria militar con el anuncio de un acuerdo con 17 países para crear un nuevo sistema de gestión del Estrecho de Ormuz. Es un plan que nace muerto, porque no tiene el apoyo de Washington. Pero que demuestra que la guerra sigue.
Teherán da dos golpes en Yemen y Arabia Saudí y logra agravar el estrangulamiento del petróleo de la región
Irán está estrangulando las vías de salida del petróleo de Oriente Próximo al mundo. Por usar el argot del boxeo, ha dado dos ganchos -uno de izquierda, de norte a sur y de sur, en Yemen, y otro de derecha, de noroeste a sureste, en Arabia Saudí– para conseguirlo. Teherán planea dar hoy un toque diplomático a su victoria militar con el anuncio de un acuerdo con 17 países para crear un nuevo sistema de gestión del Estrecho de Ormuz. Es un plan que nace muerto, porque no tiene el apoyo de Washington. Pero que demuestra que la guerra sigue.
Entretanto, Estados Unidos, que junto con Israel inició la guerra que ha generado esa situación, no parece que esté dispuesto a llevar a cabo las acciones militares necesarias para evitar esa situación. El Gobierno de Donald Trump se ha negado a intervenir para mantener abierto el acceso del mar Rojo y el Mediterráneo al océano Índico -a pesar de las llamadas del hombre que gobierna de facto Arabia Saudí, Mohamed bin Salman-, en lo que constituye un abandono histórico del papel que ese país ha jugado desde 1945 como garante de la libertad de navegación del mundo, y una seña de que Washington no quiere ser una superpotencia. Washington también ha anunciado una reducción de las operaciones para meter y sacar sin que Irán se dé cuenta a petroleros a través de Ormuz, según el diario Financial Times.
Esos acontecimientos hicieron que el mercado del petróleo de Asia se despertara anoche con un panorama incierto. Con un solo bombardeo, realizado por las milicias chiíes de Irak, ha cerrado la capacidad exportadora de crudo de Arabia Saudí (el mayor exportador mundial) y de Irak (el quinto). Y, con el avance de sus aliados hutíes en Yemen, ha logrado un control casi total del Estrecho de Bab el Mandeb, por el que el Mediterráneo y el mar Rojo se conectan con el océano Índico.
Es la culminación de una estrategia para extender el conflicto hacia el Oeste que el régimen de Teherán ha llevado a cabo durante todo el verano y se ha acelerado en el último mes. El resultado es que Irán ha reforzado su control del Estrecho de Ormuz, por el que antes de la guerra pasaba el 25% del crudo que se comercializa a través de barcos en el mundo, y el de de Bab el Mandeb, por el que transcurre otro 7% del petróleo mundial y que es la vía alternativa utilizada por Arabia Saudí e Irak para evitar el estrangulamiento de Ormuz. Y lo ha logrado por medio de sus aliados.
La ofensiva vuelve a demostrar la flexibilidad estratégica de Teherán y sus aliados, que, como declaró ayer a EL MUNDO el ex embajador del Reino Unido en Yemen y ahora investigador del think tank de Washington Centro para la Defensa de las Democracias, «operan con un considerable grado de autonomía de Teherán, pero comparten muchos de sus objetivos finales». Porque Bab el Mandeb está a 2.000 kilómetros en línea recta de Ormuz, una distancia ligeramente superior a la que separa Madrid de Budapest. Así que extender la guerra a ese estrecho no es fácil. Máxime cuando en la región operan dos portaviones nucleares y 17 buques de superficie de Estados Unidos. Y cuando los saudíes han tratado desde 2004 de aniquilar por todos los medios posibles -incluyendo invasiones apoyadas por Emiratos y Estados Unidos y, ahora, una tregua que acaba de derrumbarse con estas acciones- a los hutíes.
Los hutíes, que están estrechando el cerco de ese Estrecho, reciben la mayor parte de sus armas -especialmente, las más sofisticadas- de Irán, a través de Omán. Pero todavía siguen obteniendo material por barcos que llegan desde Irán tras una singladura de 2.000 kilómetros por el mar de Omán, donde hay dos portaviones nucleares y 17 buques de superficie de Estados Unidos. Es más, los hutíes están en el norte de Yemen, junto a Arabia Saudí.
Y, pese a más de dos décadas de intervenciones militares, incluso con la ayuda de los Emiratos y de Estados Unidos, el régimen de Riad no ha logrado derrotarlos. Los hutíes practican la esclavitud y tienen una organización tribal. Pero también cuentan con misiles como para haber atacado a Israel, a 2.250 kilómetros de distancia. Su toma del pueblo de 16.000 habitantes de Moca -de donde viene la palabra ‘moka’ para referirse a un tipo de café- y de dos islas a la entrada del Bab el Mandeb -que, acaso premonitoriamente, significa Puerta de las Lágrimas– son las últimas muestras de su capacidad, que les ha llevado a usar el chatbot de inteligencia artificial Claude para mejorar la precisión y la capacidad de eludir las defensas enemigas de sus misiles antibuque, con los que ya han atacado innumerables mercantes y, ahora, petroleros, desde 2023.
Las autoridades de Riad no han dicho cuánto tiempo necesitarán para restaurar las infraestructuras dañadas y destruidas. Fuentes del mercado han declarado a la agencia de noticias Reuters que la reparación llevará seis semanas. En ocho semanas, Estados Unidos celebra elecciones legislativas, en las que el Partido Republicano de Trump puede perder el control de una o las dos cámaras del Legislativo. En términos nominales (es decir, sin ajustarlos a la inflación), la gasolina en ese país está ya en el nivel más alto jamás alcanzado en un mes de septiembre. Y el gasoil para camiones está en el récord absoluto, lo que augura más inflación, dado que el tráfico pesado es clave para el transporte de bienes de primera necesidad. El problema de la inflación es especialmente serio para el Gobierno de Trump, porque atiza la crisis del mercado de deuda pública de Estados Unidos, que está en una crisis sin parangón desde que el dólar alcanzó el estatus de moneda de reserva mundial, hace siete décadas.
Mientras Arabia Saudí repara sus infraestructuras petroleras bombardeadas, el mercado cuenta el tiempo que le queda de reservas a ese país. En la terminal de Yanbu, en el mar Rojo, parece tener crudo para mantener sus exportaciones a su nivel actual hasta finales de esta semana o, acaso, principios de la siguiente. Además, los saudíes tienen petróleo en Egipto. Una parte está en el Mediterráneo, y, aunque ya fue atacada por Irán, parece relativamente a salvo de la guerra. En todo caso, eso sólo supondría unos pocos días más de gracia. La posibilidad de que el Estrecho de Ormuz se reabra es, por ahora, remota. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) 65 petroleros cruzaron el Estrecho de Ormuz el 6 de septiembre de 2025. El 6 de septiembre de 2026 -el domingo de la semana pasada, que es la última fecha recogida por la institución- fueron dos.
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