Partido tras partido, el Madrid es una angustia. Y, cuando pierde, no sabe ni perder. Cuando gana, siempre se convierte en una especie de logro pírrico. Y siempre acaba con un final de miedo, ante la posibilidad de que ni siquiera gane el partido.
Partido tras partido, el Madrid es una angustia. Y, cuando pierde, no sabe ni perder. Cuando gana, siempre se convierte en una especie de logro pírrico. Y siempre acaba con un f
Partido tras partido, el Madrid es una angustia. Y, cuando pierde, no sabe ni perder. Cuando gana, siempre se convierte en una especie de logro pírrico. Y siempre acaba con un final de miedo, ante la posibilidad de que ni siquiera gane el partido.
La jugada más escandalosa fue la del segundo gol, que no existió. Cuando el inconsciente de siempre, el tal Vini, le tiró del moño a RenatoVeiga. Marcó el gol, se anuló y le sacaron la tarjeta roja. Como todo lo que le ocurre a Vini, es surrealista.
Creo que la televisión del Madrid está actuando de una manera nada favorecedora para el club, porque lo único que consigue, cada partido más, es que los árbitros se conviertan en el enemigo número uno del Madrid.
Puedes anular el gol de Vini, pero una roja parece algo excesivo. Como castigo, con anular el gol y mostrarle una amarilla habría bastado. Díaz de Mera, naturalmente, hizo un arbitraje infame, siempre perjudicando a los blancos todo lo que podía. Incluso había pitado fuera de juego en el estreno goleador de Diomandé. Todos los árbitros se han convertido en los ángeles negros madridistas.
Sacó Díaz de Mera todas las tarjetas que pudo y algunas más. Y, cuando el juego está revuelto de asperezas y marrullerías, el fútbol se convierte en un circo donde los payasos no tienen ninguna gracia.
Es verdad que todos los equipos que juegan ante el Madrid completan el mejor partido de la temporada con dureza contra los blancos, porque saben que los árbitros, en un 80% de los casos, no van a sancionarla.
Mientras el presidente del Madrid esté en contra del presidente de LaLiga, de la Federación y del Comité de Árbitros, y sea un enemigo de la Federación Española en su totalidad, el Madrid jamás tendrá árbitros justos.
Por si fuera poco, el ‘Iberdrola’ Riquelme trata de desestabilizar al club todo lo que puede. La última es que ha montado una oficina cerca del Bernabéu para que el socio ataque todo lo que se hace en el Real Madrid. Otro enemigo más de Florentino Pérez. Se le multiplican.
Por ejemplo, parece ser que la campaña de desprestigio contra Mbappé está manipulada. El líder del derribo de la estrella francesa fue el radiofonista que comparó al Madrid con el diario Gara, queriendo insinuar que el club era ‘terrorista’. Se le ve al falso ‘impulsor’ del caso Mbappé que es un forofo del Barcelona, y eso en la prensa es intolerable.
Por otra parte, una vez más, se demuestra que Mourinho no es el entrenador que necesita el Madrid. No se sabe por qué puñetas no se han fichado dos centrocampistas que logren que el Madrid juegue al fútbol.
El Madrid solo vive de individualidades, pero no puede seguir así. Esta vez, Diomandé fue el héroe, aunque el marfileño no había hecho el partido que algún día determinará su condición de estrella.
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