Los resultados preliminares de las elecciones presidenciales en Brasil dan como ganador a Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, frente al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva. Cuando el recuento supera el 47%, Bolsonaro obtiene el 50,41% de las papeletas, frente al 41,63% de Lula. En caso de que uno de los dos contendientes superara el 50%, no habría necesidad de que se celebrara la segunda vuelta el próximo 25 de octubre.
Cuando el recuento supera el 47%, el principal contendiente de la oposición obtiene el 50,41% de las papeletas, frente al 41,63% del actual presidente
Los resultados preliminares de las elecciones presidenciales en Brasil dan como ganador a Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, frente al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva. Cuando el recuento supera el 47%, Bolsonaro obtiene el 50,41% de las papeletas, frente al 41,63% de Lula. En caso de que uno de los dos contendientes superara el 50%, no habría necesidad de que se celebrara la segunda vuelta el próximo 25 de octubre.
Es cierto que han sido casi 159 millones de brasileños los llamados a votar este domingo en Brasil, pero sería entre incompleto e ingenuo creer que con eso se termina el asunto: las elecciones presidenciales en la principal potencia de América Latina son escenario de una lucha de poder con Donald Trump como especial interesado y otros presidentes de la región, entre ellos Javier Milei, dispuestos a todo para evitar la reelección de Lula.
El veterano líder de izquierdas es bien consciente de eso, y al votar este domingo en la periferia de Sao Paulo insistió por enésima vez en la principal idea de su campaña: «El pueblo deberá escoger entre el fortalecimiento del régimen democrático o la barbarie, entre el progreso y el retroceso».
Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro y el candidato más fuerte de la derecha, votó muy temprano en Río de Janeiro y fue contundente en su mensaje: «Quiero liberar al pueblo brasileño».
Las últimas encuestas han marcado un estancamiento de Lula, que este mes cumplirá 81 años, y un ascenso de Bolsonaro, de 45, de cara a un súper domingo electoral en el que se elige también a 27 gobernadores, toda la Cámara de Diputados y se renuevan dos tercios del Senado.
Si el resultado no ofreciera la sorpresa mayúscula de alguno de los dos principales candidatos alcanzando el 50% para ganar en la primera vuelta, los brasileños volverán a las urnas dentro de tres semanas, el 25 de este mes, para elegir entre ambos y decidir quién se instala a partir del 5 de enero en el Palacio del Planalto.
De cara a esa segunda vuelta, las encuestas marcan ya un empate técnico, con muy leves ventajas de Lula o de Bolsonaro, según el sondeo de que se trate.
Hasta hace unos meses, Trump lo decía abiertamente: quería que los Bolsonaro regresaran al poder. Tras dos encuentros con Lula y renovados desencuentros, el inquilino de la Casa Blanca sigue queriendo eso, pero lo maneja con menos brutalidad en público.
«El presidente Trump está buscando influir desde el año pasado con los tarifazos», señaló Brian Winter, especialista en Brasil y director de la publicación especializada en política internacional Americas Quarterly. «Pero ahora está usando palabras más sutiles. Se le preguntó directamente por las elecciones brasileñas y no dio un respaldo claro a Flávio Bolsonaro. Pero Estados Unidos quiere influir, ve a Brasil como la pieza más grande y fundamental en la región. Es el premio más importante».
Trump usa el poder estadounidense combinando aranceles abusivos, su influencia sobre los dueños de las redes sociales y operaciones específicas como azuzar localmente la campaña de desprestigio contra el STF, financiada por el Departamento de Estado. O el cierre de la embajada en Brasilia y todos los consulados en Brasil a partir del pasado viernes ante una amenaza de bomba cuya entidad no parece haber sido importante.
En el esquema anti-Lula de Trump juega un rol fundamental Milei, que comparte frontera con Brasil y es el ariete, el jugador sobre el terreno. En términos futbolísticos, el que se tira al piso y pone pierna fuerte en la lucha por el balón sin temor a las consecuencias. Eso se tradujo políticamente en el viaje del presidente argentino a Sao Paulo a finales de julio para respaldar a Bolsonaro con una fuerza y una agresividad inéditas en el lanzamiento de su campaña.
Brasil tiene también la segunda mayor reserva de minerales raros en el mundo, mucho petróleo, agua y alimentos. Si Lula gana, esos recursos serán controlados por el país. Si gana Bolsonaro, todo indica que Estados Unidos tendrá una injerencia decisiva en la utilización y prioridad para abastecerse de esos recursos. El Escudo de las Américas, una alianza de cooperación militar y de seguridad dirigida por Estados Unidos, convocó a prácticamente todos los presidentes latinoamericanos en septiembre en Nueva York. Faltaba el de Brasil. Dependiendo de lo que decidan los brasileños, pronto podría dejar de ser así.
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