Santander y Telefónica piden más inversión y una regulación que impulse a las empresas europeas

La economía mundial está entrando en una etapa en la que la eficiencia ya no basta. Héctor Grisi, consejero delegado de Grupo Santander, ha defendido en la XXIX edición del Congreso Nacional de la Empresa Familiar que las empresas deberán combinar la eficiencia con mayor resiliencia y seguridad para adaptarse a un escenario marcado por la geopolítica, el envejecimiento de la población, la transición energética y la revolución tecnológica.

«Estamos viviendo cambios mucho más profundos» que un nuevo ciclo económico, ha señalado Grisi, al recordar que la pandemia, la guerra de Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la fragmentación comercial han cambiado las reglas de la economía global. Según sus estimaciones, el valor del comercio mundial afectado por nuevas medidas restrictivas se ha triplicado hasta alcanzar unos 2,5 billones de euros.

A esta transformación se suma el envejecimiento de la población. A mediados de la próxima década habrá unos 265 millones de personas mayores de 80 años, más que niños menores de un año. En España, además, cerca de medio millón de personas se jubilarán cada año. Para las empresas, esta evolución incrementará la presión sobre el mercado laboral y hará más necesaria la automatización.

La inteligencia artificial aparece como otro de los grandes motores del cambio. Los grandes grupos tecnológicos prevén invertir más de 700.000 millones de dólares en 2026, mientras la expansión de esta tecnología exige nuevas redes, centros de datos y energía. La geopolítica también condicionará dónde se construirá esa infraestructura y quién tendrá el control sobre capacidades estratégicas.

«Todavía estamos en una fase inicial. Estamos construyendo la infraestructura y acelerando la adopción, pero la productividad aún está por llegar. Ahí está la gran oportunidad», ha señalado el consejero delegado de Grupo Santander.

Grisi advirtió, sin embargo, de que la resiliencia demostrada por la economía mundial durante los últimos años tiene un coste: menor crecimiento y menos margen para afrontar una nueva crisis. La deuda pública mundial podría acercarse al 100% del PIB en cinco años. En este contexto, recuperar el crecimiento pasa necesariamente por aumentar la inversión.

Santander estima que el mundo requerirá alrededor de 50 billones de euros de inversión entre 2026 y 2030, con una brecha de financiación cercana a 30 billones. Solo la digitalización y la inteligencia artificial podrían demandar unos 10 billones. El reto, por tanto, no consiste únicamente en generar más capital, sino en movilizar mejor el ahorro existente hacia proyectos productivos. «Necesitamos invertir más para crecer más», ha señalado.

Europa afronta aquí uno de sus principales desafíos. Grisi ha reclamado una regulación que preserve la estabilidad, pero que también permita crecer, innovar y movilizar capital. La banca tendrá un papel central: las entidades europeas mantienen una exposición cercana a 2,6 billones de euros a las pymes, que dependen mayoritariamente de la financiación bancaria.

La vivienda constituye otro de los grandes retos. Para el consejero delegado de Santander, limitar la demanda no es una solución, sino que esta pasa por aumentar la oferta mediante más construcción, liberación de suelo, menor burocracia y políticas públicas que incentiven tanto la compra como el alquiler. España, pese a su buen comportamiento económico reciente, mantiene una inversión empresarial inferior a la de otros países europeos y es necesario que para crecer en el futuro exista «más inversión y productividad de mayor escala».

Por su parte, Emilio Gayo, consejero delegado de Telefónica, ha puesto el foco en la soberanía digital, es decir, en la capacidad que tiene que tener en Europa del uso de su tecnología. En este contexto, ha considerado que es necesario preguntarse hasta qué punto se puede cambiar de proveedor tecnológico y ha reclamado una regulación que favorezca la inversión y permita alcanzar una mayor escala empresarial.

Para alcanzar una verdadera independencia tecnológica en Europa, el marco regulatorio debe incentivar la inversión empresarial y favorecer la escala. Gayo ha asegurado que hasta ahora la normativa comunitaria en materia de competencia ha frenado el crecimiento de las compañías, limitando su capacidad financiera para innovar y desarrollar tecnología propia. Una vez que las reglas de juego permitan la creación de actores europeos con la dimensión adecuada, corresponderá a las propias empresas ejecutar esa transformación.

Ante este escenario, ha pedido a Bruselas que evolucione la regulación y que lo haga rápido para promover mayor inversión. «Al final casi le pediría a Bruselas que piense como las empresas familiares en el largo plazo», ha asegurado.

Gayo también ha subrayado que la inteligencia artificial no debe abordarse únicamente desde la tecnología. Las empresas necesitan formar a sus empleados, porque son quienes mejor conocen sus procesos. La oportunidad no se limita a reducir costes: también puede mejorar la atención al cliente, reducir errores y permitir una personalización hasta ahora difícil de alcanzar.

El futuro de las empresas dependerá de su capacidad para invertir hoy con visión de largo plazo. En un entorno más fragmentado y marcado por los avances tecnológicos, gestionar los riesgos geopolíticos, ganar escala, atraer talento, asegurar financiación y adaptarse a la transformación digital serán claves para competir.

 Emilio Gayo, consejero delegado de Telefónica, ha asegurdado que para alcanzar una verdadera independencia tecnológica en Europa, el marco regulatorio debe incentivar la inversión empresarial  

La economía mundial está entrando en una etapa en la que la eficiencia ya no basta. Héctor Grisi, consejero delegado de Grupo Santander, ha defendido en la XXIX edición del Congreso Nacional de la Empresa Familiar que las empresas deberán combinar la eficiencia con mayor resiliencia y seguridad para adaptarse a un escenario marcado por la geopolítica, el envejecimiento de la población, la transición energética y la revolución tecnológica.

«Estamos viviendo cambios mucho más profundos» que un nuevo ciclo económico, ha señalado Grisi, al recordar que la pandemia, la guerra de Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la fragmentación comercial han cambiado las reglas de la economía global. Según sus estimaciones, el valor del comercio mundial afectado por nuevas medidas restrictivas se ha triplicado hasta alcanzar unos 2,5 billones de euros.

A esta transformación se suma el envejecimiento de la población. A mediados de la próxima década habrá unos 265 millones de personas mayores de 80 años, más que niños menores de un año. En España, además, cerca de medio millón de personas se jubilarán cada año. Para las empresas, esta evolución incrementará la presión sobre el mercado laboral y hará más necesaria la automatización.

La inteligencia artificial aparece como otro de los grandes motores del cambio. Los grandes grupos tecnológicos prevén invertir más de 700.000 millones de dólares en 2026, mientras la expansión de esta tecnología exige nuevas redes, centros de datos y energía. La geopolítica también condicionará dónde se construirá esa infraestructura y quién tendrá el control sobre capacidades estratégicas.

«Todavía estamos en una fase inicial. Estamos construyendo la infraestructura y acelerando la adopción, pero la productividad aún está por llegar. Ahí está la gran oportunidad», ha señalado el consejero delegado de Grupo Santander.

Grisi advirtió, sin embargo, de que la resiliencia demostrada por la economía mundial durante los últimos años tiene un coste: menor crecimiento y menos margen para afrontar una nueva crisis. La deuda pública mundial podría acercarse al 100% del PIB en cinco años. En este contexto, recuperar el crecimiento pasa necesariamente por aumentar la inversión.

Santander estima que el mundo requerirá alrededor de 50 billones de euros de inversión entre 2026 y 2030, con una brecha de financiación cercana a 30 billones. Solo la digitalización y la inteligencia artificial podrían demandar unos 10 billones. El reto, por tanto, no consiste únicamente en generar más capital, sino en movilizar mejor el ahorro existente hacia proyectos productivos. «Necesitamos invertir más para crecer más», ha señalado.

Europa afronta aquí uno de sus principales desafíos. Grisi ha reclamado una regulación que preserve la estabilidad, pero que también permita crecer, innovar y movilizar capital. La banca tendrá un papel central: las entidades europeas mantienen una exposición cercana a 2,6 billones de euros a las pymes, que dependen mayoritariamente de la financiación bancaria.

La vivienda constituye otro de los grandes retos. Para el consejero delegado de Santander, limitar la demanda no es una solución, sino que esta pasa por aumentar la oferta mediante más construcción, liberación de suelo, menor burocracia y políticas públicas que incentiven tanto la compra como el alquiler. España, pese a su buen comportamiento económico reciente, mantiene una inversión empresarial inferior a la de otros países europeos y es necesario que para crecer en el futuro exista «más inversión y productividad de mayor escala».

Por su parte, Emilio Gayo, consejero delegado de Telefónica, ha puesto el foco en la soberanía digital, es decir, en la capacidad que tiene que tener en Europa del uso de su tecnología. En este contexto, ha considerado que es necesario preguntarse hasta qué punto se puede cambiar de proveedor tecnológico y ha reclamado una regulación que favorezca la inversión y permita alcanzar una mayor escala empresarial.

Para alcanzar una verdadera independencia tecnológica en Europa, el marco regulatorio debe incentivar la inversión empresarial y favorecer la escala. Gayo ha asegurado que hasta ahora la normativa comunitaria en materia de competencia ha frenado el crecimiento de las compañías, limitando su capacidad financiera para innovar y desarrollar tecnología propia. Una vez que las reglas de juego permitan la creación de actores europeos con la dimensión adecuada, corresponderá a las propias empresas ejecutar esa transformación.

Ante este escenario, ha pedido a Bruselas que evolucione la regulación y que lo haga rápido para promover mayor inversión. «Al final casi le pediría a Bruselas que piense como las empresas familiares en el largo plazo», ha asegurado.

Gayo también ha subrayado que la inteligencia artificial no debe abordarse únicamente desde la tecnología. Las empresas necesitan formar a sus empleados, porque son quienes mejor conocen sus procesos. La oportunidad no se limita a reducir costes: también puede mejorar la atención al cliente, reducir errores y permitir una personalización hasta ahora difícil de alcanzar.

El futuro de las empresas dependerá de su capacidad para invertir hoy con visión de largo plazo. En un entorno más fragmentado y marcado por los avances tecnológicos, gestionar los riesgos geopolíticos, ganar escala, atraer talento, asegurar financiación y adaptarse a la transformación digital serán claves para competir.

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