Septiembre llega con la nevera vacía, los materiales de la vuelta al cole por comprar y la cuenta corriente todavía convaleciente de las vacaciones. En cuestión de días, miles de familias españolas tendrán que desembolsar cientos o incluso miles de euros en matrícula, libros, uniformes, material escolar, comedor, transporte y actividades extraescolares, a los que se suman gastos imprevistos del hogar. Este golpe económico, además, llega cuando el crédito ha dejado de abaratarse tras dos años de bajadas consecutivas. Teniendo en cuenta que el coste medio por hijo para el curso escolar rozará los 2.500 euros, según datos de la OCU, con un impacto concentrado en septiembre por el desembolso inicial en libros, material y equipamiento, optar por financiar este gasto puede salir especialmente caro según el mecanismo elegido.
Asufin ha simulado el coste de financiar 2.500 euros a través de los distintos productos disponibles en el mercado y la brecha es considerable. Entre el préstamo personal más barato y una tarjeta revolving hay 14 puntos porcentuales de TAE, una diferencia que se traduce en unos 350 euros más de intereses por financiar exactamente la misma cantidad (235,49 euros vs. 587,91 euros). Si la comparación se hace con una tarjeta de crédito ordinaria (456,32 euros de intereses), la diferencia se reduce a 9 puntos de TAE, pero sigue suponiendo un sobrecoste de alrededor de 230 euros.
Llama especialmente la atención el caso de los préstamos preconcedidos, un producto que las entidades ofrecen de forma proactiva a sus clientes en estas fechas presentándolo como una ventaja. Su TAE media (11,60%) queda 1,54 puntos por encima de la media general del mercado y 2,44 puntos por encima del préstamos personal (9,16%), la opción más barata.. En el extremo opuesto las tarjetas siguen siendo, con diferencia, la opción más cara. La de crédito ordinaria se sitúa en una TAE del 18,34% y la revolving en el 23,34%, más del doble que un préstamo personal para financiar idéntico importe.
La financiación familiar llega a este arranque de curso ya tensionada. Según el barómetro de julio de la asociación, más de un tercio de las solicitudes de préstamo (36,4%) responden a necesidad de liquidez o a la refinanciación de deudas anteriores. El crédito destinado específicamente a estudios ha subido al 14,2%, cuatro décimas más que hace un año, lo que sitúa la financiación escolar como motivo de uno de cada siete préstamos solicitados.
Frente a este escenario, los expertos de Asufin insisten en que la clave está en planificar antes de firmar cualquier producto financiero. Estos son sus consejos:
- Valorar si el gasto que se quiere financiar es realmente necesario o puede posponerse.
- Evitar los préstamos rápidos, los microcréditos con intereses elevados y, sobre todo, las tarjetas revolving.
- No pedir un préstamo nuevo para pagar uno anterior, una práctica que puede derivar en una espiral de deuda difícil de frenar.
- Anotar en un calendario las fechas de pago para no incurrir en retrasos ni recargos adicionales.
Las TAE de las tarjetas de crédito alcanzan niveles del 18%, y hasta el 23% en el caso del crédito revolving, frente al 9% de los préstamos personales
Septiembre llega con la nevera vacía, los materiales de la vuelta al cole por comprar y la cuenta corriente todavía convaleciente de las vacaciones. En cuestión de días, miles de familias españolas tendrán que desembolsar cientos o incluso miles de euros en matrícula, libros, uniformes, material escolar, comedor, transporte y actividades extraescolares, a los que se suman gastos imprevistos del hogar. Este golpe económico, además, llega cuando el crédito ha dejado de abaratarse tras dos años de bajadas consecutivas. Teniendo en cuenta que el coste medio por hijo para el curso escolar rozará los 2.500 euros, según datos de la OCU, con un impacto concentrado en septiembre por el desembolso inicial en libros, material y equipamiento, optar por financiar este gasto puede salir especialmente caro según el mecanismo elegido.
Asufin ha simulado el coste de financiar 2.500 euros a través de los distintos productos disponibles en el mercado y la brecha es considerable. Entre el préstamo personal más barato y una tarjeta revolving hay 14 puntos porcentuales de TAE, una diferencia que se traduce en unos 350 euros más de intereses por financiar exactamente la misma cantidad (235,49 euros vs. 587,91 euros). Si la comparación se hace con una tarjeta de crédito ordinaria (456,32 euros de intereses), la diferencia se reduce a 9 puntos de TAE, pero sigue suponiendo un sobrecoste de alrededor de 230 euros.
Llama especialmente la atención el caso de los préstamos preconcedidos, un producto que las entidades ofrecen de forma proactiva a sus clientes en estas fechas presentándolo como una ventaja. Su TAE media (11,60%) queda 1,54 puntos por encima de la media general del mercado y 2,44 puntos por encima del préstamos personal (9,16%), la opción más barata.. En el extremo opuesto las tarjetas siguen siendo, con diferencia, la opción más cara. La de crédito ordinaria se sitúa en una TAE del 18,34% y la revolving en el 23,34%, más del doble que un préstamo personal para financiar idéntico importe.
La financiación familiar llega a este arranque de curso ya tensionada. Según el barómetro de julio de la asociación, más de un tercio de las solicitudes de préstamo (36,4%) responden a necesidad de liquidez o a la refinanciación de deudas anteriores. El crédito destinado específicamente a estudios ha subido al 14,2%, cuatro décimas más que hace un año, lo que sitúa la financiación escolar como motivo de uno de cada siete préstamos solicitados.
Frente a este escenario, los expertos de Asufin insisten en que la clave está en planificar antes de firmar cualquier producto financiero. Estos son sus consejos:
- Valorar si el gasto que se quiere financiar es realmente necesario o puede posponerse.
- Evitar los préstamos rápidos, los microcréditos con intereses elevados y, sobre todo, las tarjetas revolving.
- No pedir un préstamo nuevo para pagar uno anterior, una práctica que puede derivar en una espiral de deuda difícil de frenar.
- Anotar en un calendario las fechas de pago para no incurrir en retrasos ni recargos adicionales.
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