Desde las verdaderas montañas de Avatar para contar el plan de China de convertirse también en una superpotencia turística

Las montañas aparecen como una ilusión flotante. Desde el fondo del valle, cientos de agujas de roca emergen entre un océano de vegetación subtropical hasta perderse en una niebla espesa que, por momentos, hace desaparecer su base y las deja suspendidas en el aire. Entre el zumbido constante de los teleféricos, miles de turistas avanzan hacia el imponente ascensor Bailong, una estructura de cristal incrustada en la pared de un acantilado que asciende más de 300 metros en apenas dos minutos. En la explanada de acceso, donde los visitantes esperan durante horas para subir, hay familias españolas, mochileros franceses, grupos de turistas tailandeses y parejas australianas.

 Tras convertirse en la fábrica del planeta y desafiar a Occidente en la carrera tecnológica, quiere conquistar ahora el turismo. Desde las montañas de ‘Avatar’ hasta el laberinto de Chongqing, el Gobierno de Xi despliega una ambiciosa ofensiva para atraer 190 millones de visitantes antes de 2030  

Las montañas aparecen como una ilusión flotante. Desde el fondo del valle, cientos de agujas de roca emergen entre un océano de vegetación subtropical hasta perderse en una niebla espesa que, por momentos, hace desaparecer su base y las deja suspendidas en el aire. Entre el zumbido constante de los teleféricos, miles de turistas avanzan hacia el imponente ascensor Bailong, una estructura de cristal incrustada en la pared de un acantilado que asciende más de 300 metros en apenas dos minutos. En la explanada de acceso, donde los visitantes esperan durante horas para subir, hay familias españolas, mochileros franceses, grupos de turistas tailandeses y parejas australianas.

«Hemos llegado a Pandora», suelta, en referencia al planeta de la película Avatar, Lorena, una turista española que ha viajado este julio a China con su marido y su hijo de 14 meses.

Las montañas de Zhangjiajie, China.
Las montañas de Zhangjiajie, China.LC

Nos encontramos en el Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie, en la provincia central de Hunan, un lugar que dejó hace tiempo de ser únicamente el primer parque nacional de China para convertirse en uno de los grandes iconos visuales del país. Hace millones de años, la erosión del agua y el viento esculpió más de 3.000 columnas de cuarcita y arenisca que hoy forman uno de los paisajes geológicos más extraordinarios del planeta. Pero fue Hollywood quien terminó de convertir este rincón remoto en un fenómeno global.

Durante el desarrollo de Avatar, el equipo artístico del director James Cameron utilizó estas formaciones como inspiración para diseñar las montañas flotantes de Pandora. Tras el éxito de la película, las autoridades locales rebautizaron uno de los pilares más famosos como la «Montaña Aleluya de Avatar» y sellaron para siempre el vínculo entre la ficción y la realidad.

El resultado es una maquinaria turística perfectamente engrasada. Autobuses lanzadera recorren el parque de un extremo a otro. Teleféricos sobrevuelan los bosques. Pasarelas suspendidas conectan los principales miradores. Incluso quienes no desean caminar pueden alcanzar prácticamente cualquier rincón gracias a escaleras mecánicas excavadas en la montaña. En la cima, junto a restaurantes tradicionales, un McDonald’s recuerda que este paisaje de ciencia ficción también forma parte de la nueva industria turística china.

A una hora de allí, el teleférico más largo del mundo asciende lentamente mientras la carretera de las 99 curvas serpentea cientos de metros más abajo. En lo alto aparece el inmenso arco de roca conocido como la Puerta del Cielo, una abertura natural entre dos cumbres a la que muchos peregrinos suben por una escalera de 999 peldaños. Muchos visitantes extranjeros, como Lorena y su familia, esperan pacientemente durante horas simplemente para contemplar durante unos segundos un paisaje que ya conocen de memoria gracias a TikTok e Instagram.

La Puerta del Cielo de Zhangjiajie.
La Puerta del Cielo de Zhangjiajie.LC

Después de la visita a Zhangjiajie, continuamos el viaje con la familia española 600 kilómetros al oeste hasta otro escenario radicalmente distinto, pasando de un decorado de ciencia ficción creado por la naturaleza, a otro construido por el ser humano. Chongqing, levantada sobre colinas imposibles junto al río Yangtsé, es uno de los lugares de moda en China. «Es la ciudad más loca en la que hemos estado», comenta Lorena.

Pasear por esta mega urbe es como entrar en un gigantesco laberinto tridimensional donde las leyes de la gravedad parecen negociables. Los edificios nacen directamente sobre acantilados. Los puentes conectan plantas que pertenecen a distintos inmuebles. Una estación de metro puede encontrarse en la octava planta de un edificio y la salida de un centro comercial desembocar directamente sobre el tejado de otro. En Chongqing uno puede vivir en un decimoquinto piso y salir caminando directamente a la calle sin bajar un solo escalón.

Esta ciudad de 32 millones de habitantes, envuelta casi siempre en una neblina que multiplica el brillo de los neones, ha encontrado en las redes sociales el mejor escaparate posible. Cada rincón parece diseñado para convertirse en un vídeo viral.

Según Trip.com, las llegadas de turistas internacionales crecieron un 115% durante 2025. Buena parte de esa explosión tiene nombre propio: IShowSpeed. El popular streamer estadounidense, con decenas de millones de seguidores entre YouTube e Instagram, retransmitió durante horas su recorrido por Chongqing mostrando metros que atraviesan edificios, barrios construidos sobre varios niveles, mercados nocturnos y un paisaje urbano que millones de espectadores calificaban de irreal. Millones de personas de todo el mundo descubrieron entonces una ciudad de la que nunca habían oído hablar.

«Nosotros conocimos Chongqing gracias a estos vídeos», cuentan Peter y Chloe, una pareja australiana que ha continuado su viaje por Shanghai y Pekín. «Lo que más nos ha sorprendido ha sido el silencio», dice Peter. «Esperábamos ciudades caóticas, llenas de ruido y contaminación, pero ocurre justo lo contrario. Como la mayoría de los coches son eléctricos, apenas se oye el tráfico», explica Chloe. «También nos habíamos imaginado una China mucho más sucia, y nos ha llamado la atención lo limpias y ordenadas que están las calles. La imagen que teníamos antes de venir era completamente distinta».

Vista nocturna del centro de Chongqing.
Vista nocturna del centro de Chongqing.LC

Mientras los vídeos virales recorren el mundo y cada vez llegan más turistas, el Ministerio de Cultura y Turismo ultimaba un ambicioso plan quinquenal con un objetivo muy concreto: convertir a China en una auténtica superpotencia turística antes de que termine la década.

El Gobierno chino ha presentado este mes un nuevo documento que fija una meta que hace apenas unos años parecía inalcanzable: recibir 190 millones de turistas internacionales en 2030 y superar los 150.000 millones de dólares de gasto turístico extranjero. En 2025 el país ya registró 154,5 millones de llegadas internacionales, un 17,1% más que el año anterior, mientras que el gasto turístico alcanzó los 131.100 millones de dólares, casi un 40% más que en 2024.

Detrás de las cifras existe un cambio mucho más profundo. Durante décadas, China apenas necesitó seducir al turista extranjero. Su gigantesco mercado doméstico llenaba hoteles durante todo el año. El turismo internacional representaba una parte muy pequeña de una economía impulsada por las exportaciones y el sector inmobiliario. Mientras Japón, Corea del Sur o Tailandia invertían enormes cantidades en promocionar su imagen en el exterior, Pekín apenas consideraba prioritario convencer a los extranjeros para visitar el país.

Ahora el contexto ha cambiado. La ralentización económica, la crisis inmobiliaria y la debilidad del consumo interno han obligado al Gobierno de Xi Jinping a buscar nuevas fuentes de crecimiento. El turismo aparece como una de ellas. «La ampliación de las exenciones de visado ha sido uno de los principales motores del crecimiento del turismo receptivo», sostiene Sienna Parulis-Cook, directora de comunicación y análisis de Dragon Trail International. «Las redes sociales también tienen gran parte de culpa del cambio de percepción sobre China. Millones de usuarios descubren una imagen mucho más cotidiana, tecnológica y accesible del país que la ofrecida tradicionalmente por la propaganda institucional«.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo calcula que el sector, valorado ya en 1,8 billones de dólares, podría alcanzar los 3,5 billones en 2036 y convertir a China en la mayor economía turística del planeta, por delante incluso de Estados Unidos. Pero el objetivo va mucho más allá del dinero. China también quiere transformar la imagen que el mundo tiene del país.

Durante años, buena parte de la conversación internacional sobre China estuvo dominada por asuntos como la represión, la vigilancia digital, la diplomacia agresiva o los confinamientos de la pandemia. Los estereotipos que abundan sobre los inmigrantes chinos tampoco ayudaban. Pero las redes sociales, sí.

En lugar de producir anuncios institucionales, las autoridades chinas comenzaron a invitar a creadores de contenido extranjeros a recorrer el país. Los itinerarios suelen combinar ciudades ultramodernas como Shanghai o Shenzhen con paisajes espectaculares como las montañas de Avatar. Los visitantes publican después millones de vídeos que muestran una China limpia, segura, tecnológica y sorprendentemente accesible.

Espectáculo de drones en Chongqing.
Espectáculo de drones en Chongqing.LC

La estrategia está dando buenos resultados. Muchos de los turistas que hoy recorren Zhangjiajie reconocen haber descubierto el parque gracias a TikTok. Otros llegaron después de seguir los directos de IShowSpeed. En Chongqing, los comercios venden ya mapas que señalan los lugares exactos donde grabaron los influencers más famosos.

China ha comprendido que un vídeo de 30 segundos puede resultar mucho más eficaz que años de diplomacia tradicional. Y esto ha sido clave en cuanto al cambio de tendencia en la percepción internacional. Una encuesta publicada esta semana por el Centro de Investigación Pew, realizada entre más de 45.000 personas de 37 países, refleja que la imagen global del gigante asiático se ha recuperado de los mínimos registrados durante la pandemia y que, por primera vez en años, la valoración de China supera a la de EEUU en los 20 países donde ambas potencias han sido comparadas de forma continuada.

Un 46% de los encuestados asegura tener una opinión favorable de China, frente al 36% que expresa esa misma valoración sobre EEUU. Hace apenas dos años ocurría justo lo contrario. El estudio también constata una mejora en la confianza internacional hacia Xi Jinping, especialmente en América Latina, África y buena parte del sur y el sudeste asiático, aunque en Europa y las economías más desarrolladas persisten las reservas, sobre todo por cuestiones relacionadas con las libertades individuales.

Dentro de la actual ofensiva turística del gigante asiático, ha comenzado a consolidarse otro fenómeno llamativo: el turismo tecnológico. Durante décadas, cualquier emprendedor que quisiera conocer el futuro viajaba a Silicon Valley. Ahora cada vez más empresarios, inversores, ingenieros y estudiantes vuelan hasta Shanghai, Shenzhen o Hangzhou para recorrer fábricas de vehículos eléctricos, laboratorios de Inteligencia Artificial y empresas de robótica.

Han surgido agencias especializadas que venden recorridos de tres y cinco días. Algunos cuestan hasta 9.000 dólares e incluyen acceso a compañías como BYD, Unitree Robotics o DeepSeek, reuniones privadas con directivos, visitas a incubadoras tecnológicas y demostraciones de robotaxis, drones de reparto y robots humanoides.

Incluso para el turista convencional empiezan a proliferar experiencias similares. En Shenzhen, una de las actividades mejor valoradas consiste en subir a un taxi sin conductor, observar un reparto de comida mediante drones y probar los últimos dispositivos de inteligencia artificial desarrollados por empresas locales.

Es una nueva forma de hacer turismo. Antes se viajaba a China para contemplar la Gran Muralla, el Ejército de Terracota o la Ciudad Prohibida. Ahora algunos cruzan medio mundo para descubrir cómo se fabrica el próximo robot humanoide o el coche eléctrico que competirá con Tesla.

Quizá esa sea la mejor imagen de la China que Xi Jinping quiere proyectar al exterior. Un país que sigue orgulloso de su historia milenaria, pero que ya no pretende atraer al visitante únicamente por sus templos o sus palacios imperiales. Quiere que el viajero contemple las montañas de Avatar, se pierda en el laberinto imposible de Chongqing, monte en un robotaxi, visite una fábrica de IA y regrese a casa convencido de que el futuro, al menos durante unos días de vacaciones, también puede visitarse.

El gran objetivo de Pekín ya no consiste solo en que el mundo compre productos chinos. Aspira a algo mucho más ambicioso: que el mundo viaje a China para cambiar la idea que tiene de ella.

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