En una de las escenas postcréditos de «Deadpool 2» (David Leitch, 2018), el personaje de Ryan Reynolds viajaba atrás en el tiempo para matar al propio actor canadiense justo cuando estaba leyendo el guion de «Linterna Verde» (Martin Campbell, 2011), antes de que pudiera aceptar protagonizarla. El gag no era inocente, la película de Campbell había sido un sonoro fracaso crítico y comercial. La prensa cargó contra un guion endeble, un tono errático, un exceso de exposición y unos efectos digitales que, pese a su enorme presupuesto, resultaban poco convincentes. Tampoco la taquilla ayudó: la cinta costó unos 200 millones de dólares y recaudó apenas 237 en todo el mundo, una cifra insuficiente para una superproducción de esas dimensiones. La sensación general fue que «Linterna Verde» había sido incapaz de sacar partido a una de las mitologías más fértiles de DC y a Hal Jordan, la encarnación del héroe creado por John Broome y Gil Kane en 1959 para ocupar su lugar en los Green Lantern Corps, una suerte de fuerza policial intergaláctica cuyos miembros protegen distintos sectores del universo mediante anillos alimentados por la fuerza de voluntad.
El fracaso dejó al personaje en una suerte de limbo audiovisual. Warner canceló los planes de continuar la película de Reynolds, y ni «Green Lantern Corps», una nueva adaptación integrada en el antiguo universo DC, ni la serie que Greg Berlanti comenzó a desarrollar para HBO Max en 2019 llegaron a materializarse. Más de una década después, el relevo de poder en DC abrió otra oportunidad. James Gunn y Peter Safran recuperaron a los Green Lantern como una pieza importante de su nuevo universo compartido y reformularon el proyecto alrededor de Hal Jordan y John Stewart. El resultado es «Linternas», que acaba de llegar a HBO y devuelve por fin la franquicia al centro de una producción de imagen real.
Creada por Chris Mundy («Ozark») y Damon Lindelof («Perdidos», «The Leftovers», «Watchmen»), la serie abandona de entrada la grandilocuencia espacial para plantearse como un thriller detectivesco: el veterano Hal Jordan (Kyle Chandler) y el recién incorporado John Stewart (Aaron Pierre), dos agentes de los Green Lantern Corps, investigan un asesinato en el corazón de Estados Unidos que termina arrastrándolos hacia una trama mucho mayor. Allí se cruzarán con la sheriff Kerry (Kelly Macdonald), recelosa ante la intromisión de los dos Lanterns; William Macon (Garret Dillahunt), un vaquero de apariencia dura y un marcado carácter conspiranoico; su hijo Billy (Jason Ritter); y la enigmática Zoe (Poorna Jagannathan). A este reparto más terrenal se suman varios personajes clásicos de los cómics, cuyas identidades —y los actores que los interpretan— conviene no revelar, ya que la propia serie juega con las expectativas del espectador y se permite algún guiño deliberadamente «troll» como ya ocurría en «Bruja Escarlata y Visión», de la competencia.
Como buen thriller de detectives —la comparación con «True Detective» ha sido una constante durante estos meses—, la serie se apoya en gran medida en la química de su pareja protagonista, una de sus mayores fortalezas. A falta de grandes secuencias cósmicas atiborradas de CGI, «Linternas» encuentra su centro de gravedad en un extraordinario Kyle Chandler, divertidísimo y sobrado de carisma, y en un Aaron Pierre mucho más contenido y serio, siendo un contrapunto necesario para su compañero y mentor aunque la exuberancia de Chandler termine por dejarlo algo opacado. En este sentido, el guion está a la altura de sus intérpretes. La construcción de ambos personajes y, sobre todo, la evolución de su relación están escritas con notable habilidad, e incluso los inevitables episodios de «flashback», que suelen encender de inmediato las alarmas del relleno, tienen una función clara y terminan reforzando tanto a Jordan y Stewart como el vínculo que se establece entre ellos. La misma solidez se extiende al misterio que vertebra buena parte de sus ocho episodios, de cerca de una hora. «Linternas» juega con el tópico bien conocido de la pequeña comunidad cerrada que esconde algo y recibe con escaso entusiasmo la llegada de dos forasteros empeñados en hacer preguntas, en el que el componente más superheroico y de ciencia ficción se filtra en pequeñas dosis, bien medidas, igual que unas escenas de acción que tampoco buscan imponerse sobre el conjunto, si no remar a favor de la historia.
Es precisamente cuando la trama central se resuelve y el componente cósmico cobra protagonismo cuando «Linternas» pierde fuelle y empieza a acercarse demasiado a otros productos del género. La serie nunca termina de recuperarse del clímax anticipado de su quinto episodio, y esa sensación de metraje algo inflado que hasta entonces permanecía latente acaba haciéndose evidente. Aun así, en un momento en el que las barbas del vecino Marvel llevan tiempo recortándose —con una producción televisiva reducida, proyectos como «Nova» o «Strange Academy» puestos en pausa y la reciente cancelación de «Wonder Man»—, DC da aquí otro paso importante para seguir asentando los cimientos de su nuevo universo. Ya lo hizo el año pasado con «Superman» y, también en HBO, con «El Pacificador», integrada plenamente en el nuevo DCU. De momento, que «Linternas» sea más larga de lo que debería no parece motivo suficiente para imaginar a Pierre o Chandler viajando al pasado dentro de unos años para impedir que sus propios yos acepten el guion.
La química entre Kyle Chandler y Aaron Pierre y un misterio bien construido hacen despegar una serie que pierde parte de su personalidad cuando abraza la épica superheroica
En una de las escenas postcréditos de «Deadpool 2» (David Leitch, 2018), el personaje de Ryan Reynolds viajaba atrás en el tiempo para matar al propio actor canadiense justo cuando estaba leyendo el guion de «Linterna Verde» (Martin Campbell, 2011), antes de que pudiera aceptar protagonizarla. El gag no era inocente, la película de Campbell había sido un sonoro fracaso crítico y comercial. La prensa cargó contra un guion endeble, un tono errático, un exceso de exposición y unos efectos digitales que, pese a su enorme presupuesto, resultaban poco convincentes. Tampoco la taquilla ayudó: la cinta costó unos 200 millones de dólares y recaudó apenas 237 en todo el mundo, una cifra insuficiente para una superproducción de esas dimensiones. La sensación general fue que «Linterna Verde» había sido incapaz de sacar partido a una de las mitologías más fértiles de DC y a Hal Jordan, la encarnación del héroe creado por John Broome y Gil Kane en 1959 para ocupar su lugar en los Green Lantern Corps, una suerte de fuerza policial intergaláctica cuyos miembros protegen distintos sectores del universo mediante anillos alimentados por la fuerza de voluntad.
El fracaso dejó al personaje en una suerte de limbo audiovisual. Warner canceló los planes de continuar la película de Reynolds, y ni «Green Lantern Corps», una nueva adaptación integrada en el antiguo universo DC, ni la serie que Greg Berlanti comenzó a desarrollar para HBO Max en 2019 llegaron a materializarse. Más de una década después, el relevo de poder en DC abrió otra oportunidad. James Gunn y Peter Safran recuperaron a los Green Lantern como una pieza importante de su nuevo universo compartido y reformularon el proyecto alrededor de Hal Jordan y John Stewart. El resultado es «Linternas», que acaba de llegar a HBO y devuelve por fin la franquicia al centro de una producción de imagen real.
Creada por Chris Mundy («Ozark») y Damon Lindelof («Perdidos», «The Leftovers», «Watchmen»), la serie abandona de entrada la grandilocuencia espacial para plantearse como un thriller detectivesco: el veterano Hal Jordan (Kyle Chandler) y el recién incorporado John Stewart (Aaron Pierre), dos agentes de los Green Lantern Corps, investigan un asesinato en el corazón de Estados Unidos que termina arrastrándolos hacia una trama mucho mayor. Allí se cruzarán con la sheriff Kerry (Kelly Macdonald), recelosa ante la intromisión de los dos Lanterns; William Macon (Garret Dillahunt), un vaquero de apariencia dura y un marcado carácter conspiranoico; su hijo Billy (Jason Ritter); y la enigmática Zoe (Poorna Jagannathan). A este reparto más terrenal se suman varios personajes clásicos de los cómics, cuyas identidades —y los actores que los interpretan— conviene no revelar, ya que la propia serie juega con las expectativas del espectador y se permite algún guiño deliberadamente «troll» como ya ocurría en «Bruja Escarlata y Visión», de la competencia.
Como buen thriller de detectives —la comparación con «True Detective» ha sido una constante durante estos meses—, la serie se apoya en gran medida en la química de su pareja protagonista, una de sus mayores fortalezas. A falta de grandes secuencias cósmicas atiborradas de CGI, «Linternas» encuentra su centro de gravedad en un extraordinario Kyle Chandler, divertidísimo y sobrado de carisma, y en un Aaron Pierre mucho más contenido y serio, siendo un contrapunto necesario para su compañero y mentor aunque la exuberancia de Chandler termine por dejarlo algo opacado. En este sentido, el guion está a la altura de sus intérpretes. La construcción de ambos personajes y, sobre todo, la evolución de su relación están escritas con notable habilidad, e incluso los inevitables episodios de «flashback», que suelen encender de inmediato las alarmas del relleno, tienen una función clara y terminan reforzando tanto a Jordan y Stewart como el vínculo que se establece entre ellos. La misma solidez se extiende al misterio que vertebra buena parte de sus ocho episodios, de cerca de una hora. «Linternas» juega con el tópico bien conocido de la pequeña comunidad cerrada que esconde algo y recibe con escaso entusiasmo la llegada de dos forasteros empeñados en hacer preguntas, en el que el componente más superheroico y de ciencia ficción se filtra en pequeñas dosis, bien medidas, igual que unas escenas de acción que tampoco buscan imponerse sobre el conjunto, si no remar a favor de la historia.
Es precisamente cuando la trama central se resuelve y el componente cósmico cobra protagonismo cuando «Linternas» pierde fuelle y empieza a acercarse demasiado a otros productos del género. La serie nunca termina de recuperarse del clímax anticipado de su quinto episodio, y esa sensación de metraje algo inflado que hasta entonces permanecía latente acaba haciéndose evidente. Aun así, en un momento en el que las barbas del vecino Marvel llevan tiempo recortándose —con una producción televisiva reducida, proyectos como «Nova» o «Strange Academy» puestos en pausa y la reciente cancelación de «Wonder Man»—, DC da aquí otro paso importante para seguir asentando los cimientos de su nuevo universo. Ya lo hizo el año pasado con «Superman» y, también en HBO, con «El Pacificador», integrada plenamente en el nuevo DCU. De momento, que «Linternas» sea más larga de lo que debería no parece motivo suficiente para imaginar a Pierre o Chandler viajando al pasado dentro de unos años para impedir que sus propios yos acepten el guion.
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