Héctor ha vuelto a casa tras dos años dado por muerto en el mar por su mujer, su hijo, su madre y todo el pueblo de Bastuel. Este es el difícil rol que interpreta el actor Daniel Grao, que acaba de estrenar la serie original de atresplayer «A la deriva», en la que comparte protagonismo con Paula Echevarría, y de la que hablamos con él en el Festival de Televisión de Vitoria-Gasteiz (FesTVal).
«Cuando me acerqué al proyecto, al principio iba con recelo, porque el melodrama hay que hacerlo muy bien. Si no, estás en la cuerda floja de irte a un drama abaratado», explicó el actor, al tiempo que desarrollaba el éxito del género en Almodóvar: «Es un maestro del melodrama». Al preguntarle por su rol de marinero desaparecido en «A la deriva», Grao procede con cautela para no desvelar lo ocurrido. «Es verdad que hay un thriller que vertebra un poquito la historia. ¿Qué pasó en estos dos años?, ¿Por qué el barco se encuentra donde se encuentra, que no era en la ruta habitual? Ahí se va a ir descubriendo también todo un mejunje de tintes más ‘thrilleros’, que, de alguna manera va dándole el que quiera saber qué ha pasado ahí. Que hay cosas que se están escondiendo y que no solo tuvieron un accidente», añadió el actor, que hizo hincapié en que «el peso está en las relaciones; en el drama familiar y humano». No es la primera vez que Grao se pone en la piel de un pescador, como ya hiciera en «Julieta» de Almodóvar: «Es verdad que hay compañeros a los que les toca más de cerca, porque al final yo soy como el dueño de esa empresa; aunque sí que empieza faenando», explica el actor, que destaca la ayuda recibida: «A los pescadores reales que teníamos ahí en Canarias un poco asesorándonos, prestando los barcos, les hacíamos 1.000 preguntas. Me parece muy dura esa vida; muy solitaria. Pasar 100 meses pescando sin ver a la familia encerrados en ese barquito en altamar. Hay que tener un carácter muy concreto y era inspirador tenerlos a ellos»
El drama se concentra en la personalidad violenta de Héctor con las personas de su alrededor, y que Daniel Grao cree que tiene poca posibilidad de cambiar: «Creo que es muy difícil, pero también creo en la esperanza de poder trabajarte hasta cierto punto. Hay ramalazos que uno va a tener que, a lo mejor, los va a tener siempre, llegados a estas cotas así tan graves como el maltrato. Pero a lo mejor, intentar domar eso y que no pases a la acción; quizás con mucha terapia, pero hace falta mucha conciencia». Pero concretando, sinceramente confesó que se hacía esas preguntas: «Cuando dice que ha cambiado, ¿cree que ha cambiado o está diciendo que ha cambiado, pero él sabe que no?». Por eso Grao se tomó tan en serio un ejercicio de darle humanidad al personaje, pero manteniendo la intención de separarse del personaje y no juzgarle. «Nunca me ha costado. No temo enfrentarme a ‘este va a caer mal’ o ‘este hace cosas horribles’. No, me parece un reto de intentar descubrir qué le lleva a uno a comportarse así», explicó el actor, que sí quiso confesar que en cuanto a «salir del personaje», «por lo que me dicen en casa, me cuesta un poquito más de lo que yo creo». Lo ejemplifica como «pequeños anzuelos que se te pegan un poco y no eres consciente». Pero es que el personaje de Héctor, aunque anclado en los 70, tiene mucha actualidad. «En la cuestión de la época, va a haber muchos y muchas, lamentablemente, que digan: ‘Pues así era’», aporta Grao, que entiende que «en muchos casos así era en esa generación. A mi personaje le ampara un poco ese contexto. En la serie, el personaje de mi madre se lo dice a Lucía: ‘Es que no le tienes que enfadar’. Había algo casi como si encima la culpa la tuviera ella».
¿Cómo ha sido rodar las escenas de violencia física con Paula? ¿Cómo era ese momento?
Primero está en el guion, lo hablamos. Cuando ya vamos a rodar, eso siempre solemos hacer un pase de texto de la situación, sentados todos los que vayamos a participar.Luego la ponemos en pie a modo de ensayo rápido y luego ya empezamos a grabar. Esa primera conversación con el director es crucial porque ahí se expresa exactamente qué necesita. Quiero un momento de forcejeo o hay un bofetón, y se coreografía para que nadie se haga daño, como pasa con las escenas íntimas. No deja de ser una coreografía en la que luego tienes que poner ahí la energía, pero protegiendo el cuerpo del compañero. Muchas veces también tienes a lo que agarrarte para que aflore esa ira y que no sea contra nadie. En la cocina tengo varios momentos, que luego uno a veces se lastima. Pero, a veces, te ayuda a colocarte energéticamente golpear una mesa o violencia con los objetos; que desprende mucha agresividad, y que puede asustar al otro y, sin embargo, el otro está protegido».
Facilita el trabajo —nos indica Grao—, trabajar con alguien como Echevarría: «Ha sido maravilloso. No nos conocíamos y nunca habíamos trabajado juntos. Pero es que Paula lo pone tan fácil, es tan cálida, tan humana y tan cercana… Recuerdo la primera reunión con Berto, el director, donde nos conocimos. Creo el cuerpo lo sabe. Hay algo de sé que voy a tener que contar esta historia con esta actriz y entonces enseguida lo pones lo más fácil posible».
El actor acudió al Festival de Televisión de Vitoria-Gasteiz (FesTVal) para presentar «A la deriva», la serie original de atresplayer que protagoniza junto a Paula Echevarría
Héctor ha vuelto a casa tras dos años dado por muerto en el mar por su mujer, su hijo, su madre y todo el pueblo de Bastuel. Este es el difícil rol que interpreta el actor Daniel Grao, que acaba de estrenar la serie original de atresplayer «A la deriva», en la que comparte protagonismo con Paula Echevarría, y de la que hablamos con él en el Festival de Televisión de Vitoria-Gasteiz (FesTVal).
«Cuando me acerqué al proyecto, al principio iba con recelo, porque el melodrama hay que hacerlo muy bien. Si no, estás en la cuerda floja de irte a un drama abaratado», explicó el actor, al tiempo que desarrollaba el éxito del género en Almodóvar: «Es un maestro del melodrama». Al preguntarle por su rol de marinero desaparecido en «A la deriva», Grao procede con cautela para no desvelar lo ocurrido. «Es verdad que hay un thriller que vertebra un poquito la historia. ¿Qué pasó en estos dos años?, ¿Por qué el barco se encuentra donde se encuentra, que no era en la ruta habitual? Ahí se va a ir descubriendo también todo un mejunje de tintes más ‘thrilleros’, que, de alguna manera va dándole el que quiera saber qué ha pasado ahí. Que hay cosas que se están escondiendo y que no solo tuvieron un accidente», añadió el actor, que hizo hincapié en que «el peso está en las relaciones; en el drama familiar y humano». No es la primera vez que Grao se pone en la piel de un pescador, como ya hiciera en «Julieta» de Almodóvar: «Es verdad que hay compañeros a los que les toca más de cerca, porque al final yo soy como el dueño de esa empresa; aunque sí que empieza faenando», explica el actor, que destaca la ayuda recibida: «A los pescadores reales que teníamos ahí en Canarias un poco asesorándonos, prestando los barcos, les hacíamos 1.000 preguntas. Me parece muy dura esa vida; muy solitaria. Pasar 100 meses pescando sin ver a la familia encerrados en ese barquito en altamar. Hay que tener un carácter muy concreto y era inspirador tenerlos a ellos»
El drama se concentra en la personalidad violenta de Héctor con las personas de su alrededor, y que Daniel Grao cree que tiene poca posibilidad de cambiar: «Creo que es muy difícil, pero también creo en la esperanza de poder trabajarte hasta cierto punto. Hay ramalazos que uno va a tener que, a lo mejor, los va a tener siempre, llegados a estas cotas así tan graves como el maltrato. Pero a lo mejor, intentar domar eso y que no pases a la acción; quizás con mucha terapia, pero hace falta mucha conciencia». Pero concretando, sinceramente confesó que se hacía esas preguntas: «Cuando dice que ha cambiado, ¿cree que ha cambiado o está diciendo que ha cambiado, pero él sabe que no?». Por eso Grao se tomó tan en serio un ejercicio de darle humanidad al personaje, pero manteniendo la intención de separarse del personaje y no juzgarle. «Nunca me ha costado. No temo enfrentarme a ‘este va a caer mal’ o ‘este hace cosas horribles’. No, me parece un reto de intentar descubrir qué le lleva a uno a comportarse así», explicó el actor, que sí quiso confesar que en cuanto a «salir del personaje», «por lo que me dicen en casa, me cuesta un poquito más de lo que yo creo». Lo ejemplifica como «pequeños anzuelos que se te pegan un poco y no eres consciente». Pero es que el personaje de Héctor, aunque anclado en los 70, tiene mucha actualidad. «En la cuestión de la época, va a haber muchos y muchas, lamentablemente, que digan: ‘Pues así era’», aporta Grao, que entiende que «en muchos casos así era en esa generación. A mi personaje le ampara un poco ese contexto. En la serie, el personaje de mi madre se lo dice a Lucía: ‘Es que no le tienes que enfadar’. Había algo casi como si encima la culpa la tuviera ella».
¿Cómo ha sido rodar las escenas de violencia física con Paula? ¿Cómo era ese momento?
Primero está en el guion, lo hablamos. Cuando ya vamos a rodar, eso siempre solemos hacer un pase de texto de la situación, sentados todos los que vayamos a participar.Luego la ponemos en pie a modo de ensayo rápido y luego ya empezamos a grabar. Esa primera conversación con el director es crucial porque ahí se expresa exactamente qué necesita. Quiero un momento de forcejeo o hay un bofetón, y se coreografía para que nadie se haga daño, como pasa con las escenas íntimas. No deja de ser una coreografía en la que luego tienes que poner ahí la energía, pero protegiendo el cuerpo del compañero. Muchas veces también tienes a lo que agarrarte para que aflore esa ira y que no sea contra nadie. En la cocina tengo varios momentos, que luego uno a veces se lastima. Pero, a veces, te ayuda a colocarte energéticamente golpear una mesa o violencia con los objetos; que desprende mucha agresividad, y que puede asustar al otro y, sin embargo, el otro está protegido».
Facilita el trabajo —nos indica Grao—, trabajar con alguien como Echevarría: «Ha sido maravilloso. No nos conocíamos y nunca habíamos trabajado juntos. Pero es que Paula lo pone tan fácil, es tan cálida, tan humana y tan cercana… Recuerdo la primera reunión con Berto, el director, donde nos conocimos. Creo el cuerpo lo sabe. Hay algo de sé que voy a tener que contar esta historia con esta actriz y entonces enseguida lo pones lo más fácil posible».
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