Rodri ha tenido que llamar a Gayà para disculparse. No por una entrada, ni por un codazo, ni por haber celebrado un gol delante de la grada de Mestalla, sino por decirle a Cubarsí, desde el banquillo, que los jugadores del Valencia eran «malísimos». Una opinión bastante más optimista que la que tiene ahora mismo el aficionado valencianista.
Qué error cometería el aficionado del Barça si, al acabar este temporada, se pone a medirla por el número de títulos; y no por el número de capitanes a los que ha tenido que llamar Rodri para disculparse
Rodri ha tenido que llamar a Gayà para disculparse. No por una entrada, ni por un codazo, ni por haber celebrado un gol delante de la grada de Mestalla, sino por decirle a Cubarsí, desde el banquillo, que los jugadores del Valencia eran «malísimos». Una opinión bastante más optimista que la que tiene ahora mismo el aficionado valencianista.
Cualquiera puede imaginarse la conversación. «Oye, José Luis, que lo de malísimos…». Y el capitán del Valencia, después de perder 0-5, soltarle: «Gracias, Rodri. No nos habíamos dado cuenta». Vamos, que uno puede acabar de levantar la Copa del Mundo, ser candidato al Balón de Oro y probablemente el futbolista español que más sabe de fútbol, o por lo menos el que mejor lo explica con los pies, y estar equivocadísimo. Incluso cuando pensó que no iba a ser capaz de hacer jugar a algo a un Madrid (el equipo que boicoteó su Balón de Oro) dirigido por Mourinho.
Un tipo que sabe de fútbol no lo demuestra diciendo lo mal que juega el Valencia, sino eligiendo a su equipo porque cree que un tipo que jamás ha jugado de delantero centro puede hacerlo mucho mejor que Mbappé.
Contra el Feyenoord tardamos tres minutos en resolver el misterio de si Raphinha podía seguir manteniendo su efectividad en Champions. Tres minutos. Lo hizo además bajo un diluvio y un recorte en el que dos defensas del Feyenoord parecían esos delfines que saltan al borde de la piscina para que les den un par de arenques.
Durante mucho tiempo, Raphinha fue un futbolista al que había que explicar. Ahora parece un futbolista que explica al Barça. El gran mérito de Flick no ha sido inventar a este Raphinha, sino más bien quitarle las instrucciones que le sobraban.
Aunque creo que lo que le pasa a Rodri es otra cosa. Que está empezando a acostumbrase a que a este Barça le parezca todo muy fácil. Y que si no es normal ganar de cinco en cinco, ya lo parece que Lamine se quede un buen rato en la banda esperando a que llegue su marcador solo para tirarle un caño de tacón.
Qué error cometería el aficionado del Barça si, al acabar este temporada, se pone a medirla por el número de títulos; y no por el número de capitanes a los que ha tenido que llamar Rodri para disculparse.
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