Un cementerio de bloques de 22.000 toneladas en medio del mar: Así es la faraónica y costosa obra de ingeniería belga para dominar la electricidad verde

La ingeniería europea ha dado un paso sin precedentes con la culminación de la fase de producción de los cimientos de la denominada Isla Princesa Elisabeth, ubicada a unos 45 kilómetros de la costa belga. El proyecto, impulsado por el operador eléctrico Elia a través del consorcio TM Edison, se asienta sobre 23 imponentes cajones de hormigón de aproximadamente 22.000 toneladas cada uno, diseñados para centralizar y transmitir la electricidad generada por los futuros parques eólicos marinos.

La magnitud de las estructuras requirió un minucioso proceso de fabricación que concluyó tras tirar el último cajón. Estas piezas, de hasta 32 metros de altura, son remolcadas de forma parcial hasta su ubicación final en el lecho marino, donde son inundadas con arena para garantizar su estabilidad. Esta gran plataforma funcionará como un nudo estratégico de redes de corriente alterna y continua, permitiendo conectar los futuros parques eólicos de la zona y facilitar el intercambio eléctrico internacional.

Un diseño integrado con la conservación marina

Más allá de su evidente función industrial, el complejo ha incorporado criterios de integración ambiental bajo la supervisión de expertos en conservación. Las paredes exteriores cuentan con habitáculos específicos orientados a la nidificación de la gaviota tridáctila, especie amenazada en el Mar del Norte, mientras que el sustrato submarino acogerá soluciones destinadas a favorecer el desarrollo de la ostra plana europea, un proceso monitorizado mediante cámaras durante más de seis años.

Un desbocado incremento presupuestario

El desarrollo de esta infraestructura pionera no ha estado exento de controversia económica. Aunque en sus fases iniciales contaba con previsiones financieras mucho más modestas respaldadas por el Banco Europeo de Inversiones, el proyecto ha visto disparar su presupuesto global hasta alcanzar los 7.000 millones de euros debido al encarecimiento de los equipos eléctricos especializados. Pese a estas dudas presupuestarias, la previsión técnica apunta a que el grueso de la construcción concluya a mediados de 2026, quedando pendiente la instalación de los sistemas eléctricos hasta su entrada en funcionamiento total prevista para 2030.

 Bélgica ha finalizado la construcción de los cimientos de la primera isla artificial de energía del mundo, una infraestructura del Mar del Norte equivalente a ocho campos de fútbol que acumula un coste de 7.000 millones de euros para canalizar la electricidad eólica marina  

La ingeniería europea ha dado un paso sin precedentes con la culminación de la fase de producción de los cimientos de la denominada Isla Princesa Elisabeth, ubicada a unos 45 kilómetros de la costa belga. El proyecto, impulsado por el operador eléctrico Elia a través del consorcio TM Edison, se asienta sobre 23 imponentes cajones de hormigón de aproximadamente 22.000 toneladas cada uno, diseñados para centralizar y transmitir la electricidad generada por los futuros parques eólicos marinos.

La magnitud de las estructuras requirió un minucioso proceso de fabricación que concluyó tras tirar el último cajón. Estas piezas, de hasta 32 metros de altura, son remolcadas de forma parcial hasta su ubicación final en el lecho marino, donde son inundadas con arena para garantizar su estabilidad. Esta gran plataforma funcionará como un nudo estratégico de redes de corriente alterna y continua, permitiendo conectar los futuros parques eólicos de la zona y facilitar el intercambio eléctrico internacional.

Un diseño integrado con la conservación marina

La ostra plana, un filtro natural para el Mar Menor

Más allá de su evidente función industrial, el complejo ha incorporado criterios de integración ambiental bajo la supervisión de expertos en conservación. Las paredes exteriores cuentan con habitáculos específicos orientados a la nidificación de la gaviota tridáctila, especie amenazada en el Mar del Norte, mientras que el sustrato submarino acogerá soluciones destinadas a favorecer el desarrollo de la ostra plana europea, un proceso monitorizado mediante cámaras durante más de seis años.

Un desbocado incremento presupuestario

El desarrollo de esta infraestructura pionera no ha estado exento de controversia económica. Aunque en sus fases iniciales contaba con previsiones financieras mucho más modestas respaldadas por el Banco Europeo de Inversiones, el proyecto ha visto disparar su presupuesto global hasta alcanzar los 7.000 millones de euros debido al encarecimiento de los equipos eléctricos especializados. Pese a estas dudas presupuestarias, la previsión técnica apunta a que el grueso de la construcción concluya a mediados de 2026, quedando pendiente la instalación de los sistemas eléctricos hasta su entrada en funcionamiento total prevista para 2030.

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