El único partido que en Rusia pide la paz en Ucrania no podrá concurrir a las elecciones parlamentarias rusas del mes que viene. Y todo por una imagen generada con ChatGPT, unas palomas, una fotografía de Hiroshima, unos 170 euros llegados indirectamente del extranjero y hasta la frase «que siempre haya sol». Ésa es lista de supuestas infracciones que ha servido para expulsar a Yabloko de las próximas elecciones rusas, que parece por momentos una parodia de la burocracia electoral. Rusia llegará a las legislativas de septiembre sin ninguna formación en la papeleta que defienda abiertamente el fin de la guerra contra Ucrania.
El Supremo excluye a Yabloko de las elecciones con acusaciones de «extremismo», una imagen creada con ChatGPT y hasta una frase de una canción soviética entre los argumentos
El único partido que en Rusia pide la paz en Ucrania no podrá concurrir a las elecciones parlamentarias rusas del mes que viene. Y todo por una imagen generada con ChatGPT, unas palomas, una fotografía de Hiroshima, unos 170 euros llegados indirectamente del extranjero y hasta la frase «que siempre haya sol». Ésa es lista de supuestas infracciones que ha servido para expulsar a Yabloko de las próximas elecciones rusas, que parece por momentos una parodia de la burocracia electoral. Rusia llegará a las legislativas de septiembre sin ninguna formación en la papeleta que defienda abiertamente el fin de la guerra contra Ucrania.
El Tribunal Supremo ruso anuló este lunes la inscripción electoral del histórico partido liberal fundado por Grigori Yavlinski, después de aceptar una demanda presentada por Rodina, una pequeña formación nacionalista partidaria de la invasión. La decisión todavía puede ser recurrida y Yabloko ya ha anunciado que lo hará. La exclusión llega después de que el partido hubiese conseguido algo inesperado en la Rusia del quinto año de guerra: volver a resultar políticamente interesante.
Yabloko había construido su campaña alrededor de un mensaje muy sencillo: «Por la paz y la libertad». Defiende un alto el fuego, negociaciones con Ucrania, el rechazo de una guerra nuclear y el fin de las represiones políticas. Era la única formación inicialmente incluida en la papeleta que sostenía esa posición, aunque sin adoptar una postura proucraniana.
A las puertas del tribunal se concentraron este lunes varios centenares de personas, muchas de ellas estudiantes y adolescentes. La propia formación cifró la asistencia en unas 500 personas. Algunos comían manzanas (el nombre del partido Yabloko, significa «manzana» en ruso y procede del acrónimo de los apellidos de sus fundadores, Yavlinski, Boldyrev y Lukin) y otros coreaban el nombre del partido. Tras conocer la sentencia se escucharon gritos de «¡Vergüenza!» hasta que la policía ordenó dispersarse. Parece que este pequeño despertar electoral había empezado a inquietar al sistema.
El periodista y analista político Andrei Pertsev, especializado en la arquitectura electoral del Kremlin, recoge estimaciones internas según las cuales Yabloko podía rondar actualmente el 6% a escala nacional y alcanzar cifras superiores en Moscú y San Petersburgo. Una encuesta de Russian Field situaba su apoyo en Moscú en el 5,3%. Otra medición interna atribuida al instituto FOM elevaba la intención de voto nacional al 5,5% y al 11% en la capital. Son cifras difíciles de comprobar en un sistema político extremadamente controlado, pero todas apuntaban a que el partido comenzaba a acercarse al umbral del 5% necesario para entrar en la Duma.
De nuevo es la oposición sistémica la que hace el trabajo sucio al Kremlin a la hora de borrar a la oposición que no obedece. Los nacionalistas de Rodina acusaron a Yabloko de vulnerar derechos de autor por utilizar en materiales políticos expresiones tan conocidas en Rusia como «que siempre haya sol» y «con tal de que no haya guerra». La primera procede de una célebre canción soviética. La segunda aparece en la obra «Cinco tardes», de Alexander Volodin. El hijo del compositor Arkadi Ostrovski, autor de la música de «Que siempre haya sol», terminó incluso concediendo públicamente permiso a Yabloko para utilizarla.
También fue considerada sospechosa una ilustración creada mediante ChatGPT. Rodina argumentó que su utilización vulneraba derechos de OpenAI porque el servicio no opera oficialmente en Rusia. La defensa respondió que una restricción territorial de acceso nada tiene que ver con derechos de autor y recordó que, según la legislación rusa, una Inteligencia Artificial ni siquiera puede ser considerada autora de una obra.
Hubo más. Unas palomas utilizadas como símbolo de paz fueron comparadas con gráficos existentes en bancos de imágenes. El tradicional logotipo de Yabloko fue relacionado con un cartel del artista constructivista El Lissitzky de 1920. Una fotografía del bombardeo atómico de Hiroshima también fue incorporada al expediente. Preguntado por quién poseía exactamente los derechos de esa imagen, el representante de Rodina respondió que pertenecían «a alguien del Ejército estadounidense».
Las acusaciones incluyen también financiación extranjera y una supuesta campaña clandestina en redes sociales. Uno de los episodios esgrimidos para acreditar ese dinero exterior afectaba a una cantidad de apenas unos 170 euros. Yabloko sostiene que se trataba de pequeñas donaciones de ciudadanos rusos que a su vez habían obtenido ingresos procedentes del extranjero y niega cualquier financiación exterior organizada.
Para la politóloga rusa Tatiana Stanovaya, la cuestión central era precisamente impedir que las elecciones terminasen convirtiéndose en una discusión pública «a favor o en contra de la paz», es decir, en un plebiscito indirecto sobre la guerra. Vladimir Pastukhov, otro conocido analista ruso, ironizó sobre la endeblez de los argumentos: las autoridades podrían haber buscado «un pretexto menos ridículo».
La gran incógnita es por qué el Kremlin permitió inicialmente participar a Yabloko. Pertsev apunta a las contradicciones internas del propio sistema. Su presencia podía dividir el voto de protesta, restando apoyos al Partido Comunista, e incluso servir después para exhibir un mal resultado electoral como prueba de la marginalidad del antibelicismo. Pero el experimento empezó a adquirir vida propia cuando jóvenes sin relación previa con el partido comenzaron a convertirlo en vehículo de protesta. Las elecciones rusas seguirán adelante con partidos comunistas, nacionalistas, populistas y nuevas formaciones cuidadosamente integradas en el ecosistema político del Kremlin.
Internacional. Noticias internacionales. Última hora
