El misil balístico norcoreano salió disparado poco después de las 6:00 horas de este miércoles desde los alrededores de Wonsan, una ciudad portuaria de la costa oriental de Corea del Norte que Kim Jong-un ha convertido en uno de sus escaparates armamentísticos.
Pyongyang vuelve a desafiar a Seúl, Tokio y Washington con un nuevo lanzamiento mientras sus proyectiles balísticos alimentan la ofensiva rusa contra Ucrania
El misil balístico norcoreano salió disparado poco después de las 6:00 horas de este miércoles desde los alrededores de Wonsan, una ciudad portuaria de la costa oriental de Corea del Norte que Kim Jong-un ha convertido en uno de sus escaparates armamentísticos.
El proyectil ascendió sobre la península coreana, puso en alerta a los radares de Seúl y Tokio y recorrió más de 700 kilómetros antes de desaparecer en las aguas del Mar de Japón.
Hubo otro misil norcoreano unas horas antes, a más de 7.000 kilómetros de Pyongyang. Pero este no cayó al mar.
Impactó en Zaporiyia, una de las grandes ciudades industriales del sureste de Ucrania. Según el presidente Volodímir Zelenski, Rusia empleó un misil balístico suministrado por Corea del Norte durante la oleada de ataques del martes. En una planta siderúrgica murieron siete trabajadores y otros 21 resultaron heridos.
Dos misiles. Dos extremos del planeta. Y un mismo régimen detrás de las armas.
Durante años, los proyectiles norcoreanos servían sobre todo para simular amenazas. Salían desde bases ocultas entre montañas, cruzaban el cielo de la península y terminaban hundiéndose en las aguas que separan Corea y Japón. Cada lanzamiento activaba el mismo ritual: seguimiento desde Seúl, reuniones de emergencia en Tokio, condenas desde Washington y nuevas imágenes de Kim, sonriente, supervisando alguna prueba junto a sus fieles generales.
Ahora una parte de esos misiles vuela en dirección contraria. Hacia Europa.
La relación entre Corea del Norte y Rusia dejó de ser hace tiempo una mera alianza diplomática entre dos líderes enfrentados a Occidente. En junio de 2024, Putin viajó a Pyongyang y firmó con Kim un Tratado de Asociación Estratégica Integral que incluye un compromiso de asistencia mutua si alguno de los dos países sufre una agresión. Poco después empezaron a circular trenes, barcos, contenedores, municiones y soldados.
Corea del Norte ha suministrado a Rusia enormes cantidades de proyectiles de artillería y misiles balísticos. También ha enviado miles de militares para apoyar la guerra de Putin.
Según estimaciones de la inteligencia surcoreana, Pyongyang habría despachado en estos años alrededor de 33.000 contenedores de suministros militares. Si todo ese volumen se tradujera únicamente en proyectiles de artillería de 152 milímetros, equivaldría a más de 15 millones de unidades.
Putin encontró así uno de los arsenales que necesitaba para alimentar su guerra. Kim, por su parte, encontró algo igual o más valioso: dinero, combustible y respaldo diplomático de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Y, sobre todo, acceso a tecnología militar rusa para su programa nuclear.
En Ucrania, los misiles norcoreanos no vuelan contra objetivos dibujados en un polígono de pruebas. Se enfrentan a radares occidentales. A sistemas Patriot. A contramedidas electrónicas. Cada lanzamiento permite comprobar la precisión de los proyectiles, detectar fallos y mejorar futuras versiones. Y cada contingente norcoreano enviado al frente puede aprender cómo se combate en una guerra dominada por enjambres de drones, artillería de precisión y guerra electrónica.
Y todo eso es precisamente lo que más preocupa en Seúl. Que el conocimiento adquirido en las trincheras ucranianas puede regresar algún día a la península coreana.
Zelenski advirtió esta semana de que Pyongyang estaría preparando el envío de más tropas a Rusia. Para Kiev, el flujo de armamento norcoreano forma parte además de una estrategia de Moscú para intensificar sus ataques con misiles aprovechando uno de los grandes problemas de Ucrania: la escasez de interceptores Patriot. «Cada paso que da Rusia demuestra que Moscú no se está preparando para la paz, sino para una escalada», aseguró el presidente ucraniano.
Mientras Kim profundiza su alianza militar con Putin, en Asia Oriental Corea del Sur y Japón han acelerado su alianza militar con Estados Unidos. El miércoles, nada más detectar el proyectil que salió de Wonsan, el Estado Mayor surcoreano subrayó que estaba compartiendo información en tiempo real con Washington y Tokio.
El último lanzamiento norcoreano, el segundo en menos de una semana, llegó además pocas horas después de que Seúl y Washington anunciaran los detalles del Ulchi Freedom Shield, sus grandes maniobras militares anuales. Los ejercicios comenzarán el próximo lunes 17 de agosto, durarán 11 días y movilizarán a alrededor de 18.000 soldados surcoreanos.
Pyongyang lleva años describiendo estas maniobras militares como el ensayo de una invasión. Estadounidenses y surcoreanos insisten en que son ejercicios defensivos.
Los misiles norcoreanos conectan ahora dos escenarios que hasta hace apenas unos años parecían muy lejanos. En el este de Europa, Putin recibe munición, artillería, soldados y proyectiles con los que prolongar su guerra. En Asia, Kim recibe recursos y experiencia para reforzar el ejército con el que amenaza a Corea del Sur y Japón.
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