En los próximos días hay reunión de la Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural, de la que forman parte los responsables del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, con Luis Planas a la cabeza, y los consejeros de las comunidades autónomas. Salvo cambios de última hora tendrá carácter presencial y, seguro que el ministro, único que asistió a la recepción organizada en la Embajada de Marruecos el pasado día 30 de julio con motivo de la Fiesta del Trono, pretenderá hacerse una foto de familia con todos ellos (la mayoría del PP y tres de Vox) en la escalinata de la sede ministerial, para transmitir, como ya ha hecho en otras ocasiones, la idea de que apacienta el rebaño y los torea como quiere. ¿Tragarán los populares con esa foto? ¿Tragarán asimismo los nuevos de Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León con esa instantánea, como ya hicieron en su día sus predecesores de este partido, cuando ya ocuparon esos mismos puestos? ¿No sería mejor quedarse solo en la foto de la mesa de reuniones sin más?
La imagen que salga de este encuentro, primero de la que puede denominarse la etapa crepuscular de Planas en Atocha, nos va a dejar una idea de por dónde van a ir las cosas en los meses que faltan de legislatura. Lo único claro en estos días de comienzo del curso político es que el sanchista, a la par que íntimo de Marruecos, Luis Planas, no continuará como ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación durante la próxima legislatura, salvo una carambola de última hora, hartamente improbable.
Por un lado, él sigue con su objetivo de salir de este departamento, en esta ocasión para marcharse a la Dirección General de la Organización de las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma. En ocasiones anteriores, cuando hubo cambios en el Gobierno o nueva legislatura tras elecciones generales, aspiró a ser, por este orden, ministro de Asuntos Exteriores o de Economía, pero no lo logró. Ahora lo que quiere es cerrar su carrera política, cuando faltan dos meses y unos días para que cumpla 74 años, en un puesto de relieve internacional y de carácter diplomático. Siempre destaca su paso por la Embajada de España en Marruecos y por la Representación ante la UE, «vendiéndose» como un embajador o miembro de la carrera diplomática, cuando no es así, ya que sus nombramientos fueron estrictamente políticos.
Teniendo claro lo anterior, y lo que dicen las encuestas, que apuntan a una larga mayoría absoluta entre la suma del Partido Popular y Vox, toca pensar en la persona que se haría cargo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, suponiendo que se mantenga como tal, pero, sobre todo, en lo que debería hacer nada más tomar posesión, tanto si es del grupo liderado por Feijóo como si procede de los de Abascal. Porque Planas deja este departamento «hecho unos zorros», convertido en un ministerio de segunda, ya que desde hace ocho años se ha dejado quitar, o ha renunciado a ellas, muchas de las competencias, y no solo las de carácter medioambiental. Si siempre se ha puesto de perfil cada vez que hay un problema y nunca ha dado la cara en defensa de los intereses del sector agrario frente a otros ministerios, en los últimos meses esta tendencia se ha agudizado por sus continuos viajes y contactos en su campaña electoral para la FAO. En el Ministerio es un clamor su dejadez y su pasotismo, incluso entre sus más fieles. Alguna, como Vicky «la mujer de rojo», hace ya unos meses que salió huyendo para Andalucía.
Está claro que la persona que asuma estas competencias tendrá que entrar a saco, tanto en temas de nombramientos y de gestión como de política agraria, pesquera y alimentaria, y, especialmente, levantar las alfombras para ver lo que han escondido Planas y sus estrechos colaboradores y comprobar que todo lo hecho se corresponde con la legalidad vigente. Un ejemplo: ¿quién y cómo se están pagando los múltiples viajes de la campaña electoral de Planas a la FAO?; ¿cómo se ha adjudicado la cantidad ingente de dinero que se ha gastado en el Ministerio en los últimos años en campañas de promoción, divulgación e información de todo tipo y condición y a quién ha ido a parar esa «pasta»? La persona que se haga cargo del Palacio de Atocha, sea del Partido Popular o de Vox, lo va a tener difícil con la herencia del sanchista y amigo de Marruecos, Luis Planas.
El ministro intenta escenificar una gestión de consenso ante su inminente salida de un departamento que deja debilitado. El sucesor del ministro amigo de Marruecos deberá hacer una limpieza a fondo en Atocha
En los próximos días hay reunión de la Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural, de la que forman parte los responsables del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, con Luis Planas a la cabeza, y los consejeros de las comunidades autónomas. Salvo cambios de última hora tendrá carácter presencial y, seguro que el ministro, único que asistió a la recepción organizada en la Embajada de Marruecos el pasado día 30 de julio con motivo de la Fiesta del Trono, pretenderá hacerse una foto de familia con todos ellos (la mayoría del PP y tres de Vox) en la escalinata de la sede ministerial, para transmitir, como ya ha hecho en otras ocasiones, la idea de que apacienta el rebaño y los torea como quiere. ¿Tragarán los populares con esa foto? ¿Tragarán asimismo los nuevos de Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León con esa instantánea, como ya hicieron en su día sus predecesores de este partido, cuando ya ocuparon esos mismos puestos? ¿No sería mejor quedarse solo en la foto de la mesa de reuniones sin más?
La imagen que salga de este encuentro, primero de la que puede denominarse la etapa crepuscular de Planas en Atocha, nos va a dejar una idea de por dónde van a ir las cosas en los meses que faltan de legislatura. Lo único claro en estos días de comienzo del curso político es que el sanchista, a la par que íntimo de Marruecos, Luis Planas, no continuará como ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación durante la próxima legislatura, salvo una carambola de última hora, hartamente improbable.
Por un lado, él sigue con su objetivo de salir de este departamento, en esta ocasión para marcharse a la Dirección General de la Organización de las Naciones Unidad para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma. En ocasiones anteriores, cuando hubo cambios en el Gobierno o nueva legislatura tras elecciones generales, aspiró a ser, por este orden, ministro de Asuntos Exteriores o de Economía, pero no lo logró. Ahora lo que quiere es cerrar su carrera política, cuando faltan dos meses y unos días para que cumpla 74 años, en un puesto de relieve internacional y de carácter diplomático. Siempre destaca su paso por la Embajada de España en Marruecos y por la Representación ante la UE, «vendiéndose» como un embajador o miembro de la carrera diplomática, cuando no es así, ya que sus nombramientos fueron estrictamente políticos.
Teniendo claro lo anterior, y lo que dicen las encuestas, que apuntan a una larga mayoría absoluta entre la suma del Partido Popular y Vox, toca pensar en la persona que se haría cargo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, suponiendo que se mantenga como tal, pero, sobre todo, en lo que debería hacer nada más tomar posesión, tanto si es del grupo liderado por Feijóo como si procede de los de Abascal. Porque Planas deja este departamento «hecho unos zorros», convertido en un ministerio de segunda, ya que desde hace ocho años se ha dejado quitar, o ha renunciado a ellas, muchas de las competencias, y no solo las de carácter medioambiental. Si siempre se ha puesto de perfil cada vez que hay un problema y nunca ha dado la cara en defensa de los intereses del sector agrario frente a otros ministerios, en los últimos meses esta tendencia se ha agudizado por sus continuos viajes y contactos en su campaña electoral para la FAO. En el Ministerio es un clamor su dejadez y su pasotismo, incluso entre sus más fieles. Alguna, como Vicky «la mujer de rojo», hace ya unos meses que salió huyendo para Andalucía.
Está claro que la persona que asuma estas competencias tendrá que entrar a saco, tanto en temas de nombramientos y de gestión como de política agraria, pesquera y alimentaria, y, especialmente, levantar las alfombras para ver lo que han escondido Planas y sus estrechos colaboradores y comprobar que todo lo hecho se corresponde con la legalidad vigente. Un ejemplo: ¿quién y cómo se están pagando los múltiples viajes de la campaña electoral de Planas a la FAO?; ¿cómo se ha adjudicado la cantidad ingente de dinero que se ha gastado en el Ministerio en los últimos años en campañas de promoción, divulgación e información de todo tipo y condición y a quién ha ido a parar esa «pasta»? La persona que se haga cargo del Palacio de Atocha, sea del Partido Popular o de Vox, lo va a tener difícil con la herencia del sanchista y amigo de Marruecos, Luis Planas.
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