No hay nada peor en una carrera de Fórmula 1 que no tener un final. Que te roben uno de los desenlaces más emocionantes de los últimos tiempos por gestionar de forma torpe los sucesos del final de un gran premio. Todo el fin de semana once equipos trabajaron sin límite para la carrera. El domingo miles de aficionados en Silverstone y millones de espectadores a través de las distintas televisiones esperaban ansiosos vivir en directo un gran espectáculo.
No hay nada peor en una carrera de Fórmula 1 que no tener un final. Que te roben uno de los desenlaces más emocionantes de los últimos tiempos por gestionar de forma torpe los s
No hay nada peor en una carrera de Fórmula 1 que no tener un final. Que te roben uno de los desenlaces más emocionantes de los últimos tiempos por gestionar de forma torpe los sucesos del final de un gran premio. Todo el fin de semana once equipos trabajaron sin límite para la carrera. El domingo miles de aficionados en Silverstone y millones de espectadores a través de las distintas televisiones esperaban ansiosos vivir en directo un gran espectáculo.
Después de más de 50 vueltas completadas con muchísimo esfuerzo, después de que cientos de ingenieros y estrategas persiguiesen el mejor desenlace posible para sus pilotos, resultó que no hubo final. Un coche de seguridad obligó a los pilotos a mantener las posiciones hasta la meta. Triste procesión de estrellas y triste espectáculo para terminar un gran premio en la catedral, en el escenario donde comenzó todo hace 77 años.
La FIA tardó en dar explicaciones y éstas fueron poco convincentes. Se aferraron a un artículo del reglamento deportivo para justificar de forma técnica la decisión tomada y a un fallo de software para explicar los errores de comunicación. La realidad es que debieron y pudieron acelerar los procesos para evitar un desenlace tan triste.
No fue la única decepción de la carrera. Antes, todos soñamos con una batalla épica entre los dos grandes protagonistas del gran premio: Charles Leclerc y Kimi Antonelli. El de Ferrari lideró la carrera desde el principio al ganarle la posición al italiano en la salida. Pero Kimi ha demostrado varias cosas este año: que aprende carrera tras carrera, que es rápido, que es ambicioso, que tiene talento y que no se rinde fácilmente.
Adelantó a Lewis Hamilton antes de Copse en una maniobra excepcional. Otro truco diferente de su manual después de hacerle lo mismo a Lewis en otro sitio, de otra forma diferente, en la carrera del sábado. Su descaro y su osadía no tienen límite. Pero su suerte sí. Después de haber recibido regalos de la fortuna en varios grandes premios, su buena estrella parece que empieza a apagarse.
Abandonó en Barcelona por un problema de motor y se quedó sin puntos en Inglaterra por un problema aerodinámico de su coche que se volvió inconducible. Dos ceros en tres carreras que le han dejado a sólo 25 puntos de su compañero de equipo a falta de más de media temporada para llegar al final. La suerte se compensa, pero el talento parece inagotable. Independientemente de las matemáticas, Kimi transmite una confianza y una velocidad que no se ve en su compañero.
Con Antonelli fuera de combate, la victoria fue para Charles Leclerc, primera en dos años, pero segunda de Ferrari en los últimos tres grandes premios. Hamilton fue tercero y sus opciones de luchar por el campeonato aumentan. Sólo 32 puntos por detrás, pero con una tendencia en Ferrari que puede empezar a dar miedo a Mercedes. El equipo progresa y los pilotos se reinventan. A la nueva versión de este Hamilton 3.0 puede unirse la de un Leclerc aliviado. Buena dosis de moral con esta victoria que le puede ayudar a cerrar muchas heridas.
Fin de semana duro para Max Verstappen que acabó en la grava después de que su alerón trasero volviese a fallar igual que en la clasificación de Austria. Mal ritmo del holandés todo el fin de semana e innumerables problemas en su coche. Mal ambiente y malas condiciones para que Red Bull le convenza para seguir en el equipo. Max necesita un coche en el que confiar para ser rápido y ahora mismo no lo tiene.
Se lo cambiarían con los ojos cerrados Carlos Sainz y Fernando Alonso. Máximo sufrimiento para los dos que solo se divierten en las salidas porque después el rendimiento de sus monoplazas es pobre en el caso del madrileño y paupérrimo en el del asturiano. El Williams estuvo este fin de semana a ocho décimas del Visa Cash App, el primero de la zona media, mientras que el Aston Martin se quedó a más de tres segundos. Las miradas están puestas en las evoluciones que ambos traerán antes y después del parón de verano. En el caso de Aston, introducirán un gran paquete aerodinámico en Hungría y una evolución de motor en Países Bajos. Los más optimistas creen que podrían suponer hasta dos segundos y medio de progreso. El problema es que incluso en ese escenario el Aston Martin no pasaría de Q1. En fin, es una cuestión de fe y la fe no se puede discutir.
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