Emmanuel Macron ha reclamado al Gobierno francés que aporte «soluciones concretas» a las protestas estudiantiles, después de más de 7.000 detenidos y un millar de heridos en las tres últimas semanas. El presidente francés reconoce que «los jóvenes están expresando inquietudes legítimas», aunque ha lamentado que estas sean «explotadas políticamente y transformadas en violencia urbana».
El presidente entiende «las inquietudes legítimas» de los jóvenes, pero lamenta la «explotación política» y la «violencia urbana»
Emmanuel Macron ha reclamado al Gobierno francés que aporte «soluciones concretas» a las protestas estudiantiles, después de más de 7.000 detenidos y un millar de heridos en las tres últimas semanas. El presidente francés reconoce que «los jóvenes están expresando inquietudes legítimas», aunque ha lamentado que estas sean «explotadas políticamente y transformadas en violencia urbana».
Macron, que hace una semana pidió «proporcionalidad y ética» a sus ministros, urgió a su gabinete a poner soluciones sobre la mesa en los próximos días, según ha informado la portavoz del Gobierno, Maud Bregeon. Pese a la insistencia de las autoridades francesas en que el movimiento está en «neta desaceleración», la presencia de decenas de miles de manifestantes en las calles en el martes y la nueva jornada de movilización anunciada para el 17 de octubre (con el anunciado retorno de los chalecos amarillos) ha provocado el temor a un desbordamiento de las protestas sociales.
Según revela Le Monde, en el seno del Ejecutivo han surgido fuertes tensiones entre el ministro de Educación, Edouard Geffray, y el ministro de Interior, Laurent Nuñez, por cuenta de la respuesta policial. Pese a condenar la violencia, Geffray ha defendido en los últimos días el derecho a manifestarse como «una libertad fundamental».
El titular de Educación es también partidario de la reapertura urgente de los institutos bloqueados por los estudiantes, mientras que Interior prefiere mantenerlos cerrados para garantizar la seguridad del personal docente. Las cifras oficiales de un 96% de las escuelas de secundaria abiertas y apenas 200 centros afectados por los cierres han sido cuestionadas, mientras las protestas se extienden a universidades e incluso a centro privados.
La protestas de este otoño contra la precariedad de la educación pública, emparentadas a lo lejos con mayo del 68, están ya consideradas como la mayor movilización estudiantil desde 1986, con las manifestaciones contra la ley de educación superior marcadas por la represión policial y por la muerte de un estudiante, Malik Oussekine, que sufrió una insuficiencia renal después de ser golpeado por la policía.
La Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) ha abierto de hecho 36 investigaciones a las fuerzas del orden en las tres últimas semanas, una de ellas por «heridas mutilantes» (el estudiante que perdió una mano en Lens al coger con la mano una granada aturdidora). Varias investigaciones están relacionadas con el uso de armas LBD, que disparan bolas de goma y que han ocasionado al menos en una ocasión la pérdida de un ojo.
El ministro de Interior sostiene sin embargo que «es exagerado hablar de represión policial» y alega que la mayor parte de los heridos («casi 900») son agentes de policía a manos de «alborotadores». El ministerio de Educación alega por su parte 147 docentes han sido agredidos, entre ellos 40 directores de institutos.
En su intervención en el consejo de ministros del miércoles, Macron ha reclamado soluciones políticas a la crisis y el avance en las negociaciones con los sindicatos que ha permitido esta misma semana cubrir más de 3.000 puestos de profesores ausentes. Los estudiantes denuncian el grave deterioro y la falta de inversiones en los institutos, los horarios excesivamente rígidos y la discriminación y la falta de transparencia del Parcoursup, la plataforma acceso a la educación superior.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, intentó responder a algunas de las demandas durante una intervención televisiva la semana pasada, al asegurar que el gasto público en Educación subirá el próximo año y que no resultará a afectado por los recortes de 54.000 millones de euros que han puesto también en guardia a los sindicatos. Las manifestaciones se producen de hecho con el debate de los prepuestos como telón de fondo, que el año pasado provocó la caída del centrista François Bayrou como primer ministro.
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