Lionel Boyce: «‘The Bear’ siempre ha sido una serie sobre personas que intentan equilibrar sus vidas»

Lionel Boyce (Inglewood, California, 1991) habla pausado y conciso. Es un actor reflexivo que elige muy bien sus palabras cuando habla de su papel como el chef Marcus, en la serie de éxito «The Bear», que acaba de estrenar su quinta y última temporada en Disney+.

¿«The Bear» va sobre personas o sobre cocina?

Creo que trata sobre personas. Creo que todo esto empieza con las personas. Es como: este es el mundo en el que viven; este es el lugar donde se expresan; estas son las condiciones en las que se desarrolla la historia…, pero, en el fondo, trata de personas. Siempre ha sido así y de cómo equilibran cosas: equilibrar la vida con el trabajo; las emociones con el trabajo; cualquier cosa que se les presente. Pero empieza con la persona.

Marcus no es el personaje más famoso, pero tiene sus fanes, ¿Qué «feedback» tiene del público?

Siento que la gente a la que le gusta es porque es alguien estable, constante, casi un alivio. Pero también tiene una curiosidad muy intensa, casi febril, y sigue su pasión. Así que el «feedback» que recibo va por ahí: por cómo les hace sentir o cómo les recuerda una pasión que tenían y que deberían retomar o perseguir con más fuerza.

Le describen como la calma en medio de la tormenta. ¿En qué se parece Marcus a usted y en qué se diferencian?

Creo que la diferencia es que yo intento no explotar. Me esfuerzo mucho en no hacerlo. Él tampoco suele hacerlo, aunque esta temporada hay algunos momentos… Pero sí, siempre pienso más en las similitudes, no tanto en las diferencias. Creo que hay muchas diferencias externas, pero quizá la mayor es su forma de perderse en lo que hace. Yo no me pierdo tanto. Pienso en las primeras temporadas, cuando sigue su amor por los postres: se mete tanto en su cabeza que pierde la noción del tiempo. Gestiono mejor el tiempo que él.

¿Cómo es su relación con los personajes de Carmy y Sydney?

Es interesante porque, por un lado, está en el guion y, por otro, son actores increíbles, con muchas ideas, y muy generosos. Hablamos mucho. Además, son dos tipos de liderazgo distintos: Carmy (Jeremy Allen White) lidera más con el ejemplo y menos con palabras, mientras que Syd (Ayo Edebiri) es mucho más verbal, más comunicativa. Ella anima, conecta. Eso también se traslada fuera de escena. Ayo es una persona muy verbal, tiene muchas ideas y las comparte constantemente, lo cual es genial porque te da mucho con lo que trabajar. Jeremy, en cambio, conecta de una forma más silenciosa, más implícita, como una especie de pegamento invisible. Siento que él casi usa algún tipo de poder mental para llevarnos ahí.

Hablando de lo físico, ¿cómo ha sido rodar las escenas bajo la lluvia esta temporada?

Para mí fue increíble, porque es como la magia del cine que imaginas de niño. Estás en un set donde han instalado sistemas para crear lluvia real. La atmósfera era muy dramática: esa sensación de humedad, de neblina, de piel pegajosa… pequeños detalles que suman. Era muy real, no hacía falta imaginar mucho. De verdad te hacía sentir que todo estaba ocurriendo de verdad.

Sobre el arco del personaje esta temporada: conocemos a un Marcus más «descarado» en el primer episodio y luego vemos su evolución. ¿Cómo resumiría su arco en una frase?

Para mí es una pregunta: ¿Qué pasa cuando le pones una lupa? Es como poner una lupa al sol: todo se intensifica, se amplifica lo que lleva dentro. Todo converge en un solo día. La presión es esa lupa, y ves cómo eso lo hace derrumbarse o avanzar.

¿Cree que una historia como «The Bear» debe tener un final así, en lugar de alargarse? ¿Es el final adecuado?

No sé si diría «perfecto», pero sí se siente correcto. Natural, orgánico. Es como: esta es la historia que querían contar y está completa. El punto en el que termina se siente bien, en el momento adecuado.

Tiene que elegir una escena de todas las temporadas como espectador. ¿Cuál sería ese momento perfecto de «wow»?

Hay una escena, en realidad un episodio entero, el 7 de la primera temporada, que es una sola secuencia. Creo que a todo el mundo le deja sin palabras. También el momento de revelación de Richie. Y siempre pienso en la escena entre Richie y Andrew en el episodio «Forks», cuando Andrew le explica el sentido de la limpieza y la intencionalidad. Para mí, ese pequeño «clic» lo cambia todo. Eso es lo que la serie hace tan bien: cada personaje tiene su momento de «clic». Marcus lo tiene cuando crea su postre por sí mismo; Tina cuando decide comprometerse con el restaurante… Hay muchos momentos así. Son mis favoritos. Puedes identificarlos en casi todos los episodios: esos pequeños encajes, como poner una pieza de Lego en su sitio.

 Interpreta al chef Marcus en la serie gastronómica de éxito que acaba de estrenar su quinta y última temporada  

Lionel Boyce (Inglewood, California, 1991) habla pausado y conciso. Es un actor reflexivo que elige muy bien sus palabras cuando habla de su papel como el chef Marcus, en la serie de éxito «The Bear», que acaba de estrenar su quinta y última temporada en Disney+.

¿«The Bear» va sobre personas o sobre cocina?

Creo que trata sobre personas. Creo que todo esto empieza con las personas. Es como: este es el mundo en el que viven; este es el lugar donde se expresan; estas son las condiciones en las que se desarrolla la historia…, pero, en el fondo, trata de personas. Siempre ha sido así y de cómo equilibran cosas: equilibrar la vida con el trabajo; las emociones con el trabajo; cualquier cosa que se les presente. Pero empieza con la persona.

Marcus no es el personaje más famoso, pero tiene sus fanes, ¿Qué «feedback» tiene del público?

Siento que la gente a la que le gusta es porque es alguien estable, constante, casi un alivio. Pero también tiene una curiosidad muy intensa, casi febril, y sigue su pasión. Así que el «feedback» que recibo va por ahí: por cómo les hace sentir o cómo les recuerda una pasión que tenían y que deberían retomar o perseguir con más fuerza.

Le describen como la calma en medio de la tormenta. ¿En qué se parece Marcus a usted y en qué se diferencian?

Creo que la diferencia es que yo intento no explotar. Me esfuerzo mucho en no hacerlo. Él tampoco suele hacerlo, aunque esta temporada hay algunos momentos… Pero sí, siempre pienso más en las similitudes, no tanto en las diferencias. Creo que hay muchas diferencias externas, pero quizá la mayor es su forma de perderse en lo que hace. Yo no me pierdo tanto. Pienso en las primeras temporadas, cuando sigue su amor por los postres: se mete tanto en su cabeza que pierde la noción del tiempo. Gestiono mejor el tiempo que él.

¿Cómo es su relación con los personajes de Carmy y Sydney?

Es interesante porque, por un lado, está en el guion y, por otro, son actores increíbles, con muchas ideas, y muy generosos. Hablamos mucho. Además, son dos tipos de liderazgo distintos: Carmy (Jeremy Allen White) lidera más con el ejemplo y menos con palabras, mientras que Syd (Ayo Edebiri) es mucho más verbal, más comunicativa. Ella anima, conecta. Eso también se traslada fuera de escena. Ayo es una persona muy verbal, tiene muchas ideas y las comparte constantemente, lo cual es genial porque te da mucho con lo que trabajar. Jeremy, en cambio, conecta de una forma más silenciosa, más implícita, como una especie de pegamento invisible. Siento que él casi usa algún tipo de poder mental para llevarnos ahí.

Hablando de lo físico, ¿cómo ha sido rodar las escenas bajo la lluvia esta temporada?

Para mí fue increíble, porque es como la magia del cine que imaginas de niño. Estás en un set donde han instalado sistemas para crear lluvia real. La atmósfera era muy dramática: esa sensación de humedad, de neblina, de piel pegajosa… pequeños detalles que suman. Era muy real, no hacía falta imaginar mucho. De verdad te hacía sentir que todo estaba ocurriendo de verdad.

Sobre el arco del personaje esta temporada: conocemos a un Marcus más «descarado» en el primer episodio y luego vemos su evolución. ¿Cómo resumiría su arco en una frase?

Para mí es una pregunta: ¿Qué pasa cuando le pones una lupa? Es como poner una lupa al sol: todo se intensifica, se amplifica lo que lleva dentro. Todo converge en un solo día. La presión es esa lupa, y ves cómo eso lo hace derrumbarse o avanzar.

¿Cree que una historia como «The Bear» debe tener un final así, en lugar de alargarse? ¿Es el final adecuado?

No sé si diría «perfecto», pero sí se siente correcto. Natural, orgánico. Es como: esta es la historia que querían contar y está completa. El punto en el que termina se siente bien, en el momento adecuado.

Tiene que elegir una escena de todas las temporadas como espectador. ¿Cuál sería ese momento perfecto de «wow»?

Hay una escena, en realidad un episodio entero, el 7 de la primera temporada, que es una sola secuencia. Creo que a todo el mundo le deja sin palabras. También el momento de revelación de Richie. Y siempre pienso en la escena entre Richie y Andrew en el episodio «Forks», cuando Andrew le explica el sentido de la limpieza y la intencionalidad. Para mí, ese pequeño «clic» lo cambia todo. Eso es lo que la serie hace tan bien: cada personaje tiene su momento de «clic». Marcus lo tiene cuando crea su postre por sí mismo; Tina cuando decide comprometerse con el restaurante… Hay muchos momentos así. Son mis favoritos. Puedes identificarlos en casi todos los episodios: esos pequeños encajes, como poner una pieza de Lego en su sitio.

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