El ministro alemán del Interior, Alexander Dobrindt, ha calificado este domingo oficialmente de «atentado terrorista» el ataque perpetrado durante las celebraciones del Christopher Street Day (CSD) de Berlín, mientras la investigación perfila con mayor precisión al principal sospechoso, Abdul B., un joven de 21 años conocido desde hace años por los servicios de seguridad por su radicalización islamista. Pese a ello, las autoridades siguen sin poder reconstruir con exactitud cómo se desarrolló el ataque, que dejó una mujer muerta y 29 heridos, ni cuál fue exactamente el papel desempeñado por el sospechoso, que continúa en busca y captura.
La Policía detuvo durante la noche del sábado a un ciudadano iraní al que los investigadores consideran el presunto acompañante del principal sospechoso, Abdul B.
El ministro alemán del Interior, Alexander Dobrindt, ha calificado este domingo oficialmente de «atentado terrorista» el ataque perpetrado durante las celebraciones del Christopher Street Day (CSD) de Berlín, mientras la investigación perfila con mayor precisión al principal sospechoso, Abdul B., un joven de 21 años conocido desde hace años por los servicios de seguridad por su radicalización islamista. Pese a ello, las autoridades siguen sin poder reconstruir con exactitud cómo se desarrolló el ataque, que dejó una mujer muerta y 29 heridos, ni cuál fue exactamente el papel desempeñado por el sospechoso, que continúa en busca y captura.
La principal incógnita sigue siendo la reconstrucción de los hechos. La Policía y la Fiscalía no han podido determinar todavía si Abdul B. actuó solo o contó con la colaboración de otra persona. Tampoco está establecido cómo se desarrolló la secuencia entre el atropello y las agresiones con arma blanca, ni si el conductor descendió del vehículo tras embestir a la multitud.
Esa hipótesis sigue abierta por varios indicios. Según informaciones de la televisión berlinesa RBB y del diario regional Tagesspiegel, cuando la furgoneta chocó contra un árbol tras el atropello no sólo se activó el airbag del conductor, sino también el del acompañante. El dato, aún no constituye una prueba concluyente, ya que en algunos modelos ambos airbags se despliegan automáticamente en caso de impacto y en otros únicamente cuando el asiento está ocupado.
Pero ese indicio se suma ahora un nuevo elemento. Según informó RBB, la Policía detuvo durante la noche a un ciudadano iraní al que los investigadores consideran el presunto acompañante de la furgoneta utilizada en el ataque. Las autoridades no han confirmado oficialmente cuál era su grado de implicación en los hechos ni si será considerado un segundo autor, por lo que la investigación mantiene abiertas todas las hipótesis sobre la posible participación de más de una persona.
A ello se suman los testimonios de varios testigos que aseguran haber visto a un hombre vestido de negro con un machete y que sostienen que algunas víctimas presentaban heridas de arma blanca. Otros afirmaron haber observado a un posible segundo agresor. La Policía está verificando todas esas informaciones y mantiene abiertas todas las hipótesis.
En su comunicado oficial, la Policía y la Fiscalía General de Berlín hablan expresamente de un «atentado en el entorno del Christopher Street Day» y precisan que el sospechoso hirió a varias personas con un vehículo en marcha hacia las diez de la noche en la zona del Tiergarten. El propio comunicado añade que «una o varias personas abandonaron posteriormente el vehículo» y que varias personas resultaron heridas con armas blancas, una formulación que refleja que la investigación aún no ha logrado reconstruir completamente lo ocurrido. Es, además, la primera vez que las autoridades reconocen oficialmente que no pueden afirmar que hubiera un único atacante.
Paralelamente, una investigación conjunta de varios medios berlineses ha permitido reconstruir con mayor detalle el historial del principal sospechoso. Según esas informaciones, Abdul B. habría alquilado la furgoneta utilizada en el ataque a través de contactos particulares. En el interior del vehículo los investigadores habrían encontrado además un teléfono móvil atribuido al joven, un elemento que reforzaría su vinculación con la furgoneta.
Las mismas investigaciones sostienen que Abdul B. llevaba años bajo el radar de los servicios de seguridad. Según esos medios, llamó la atención de la escena islamista de Berlín siendo todavía menor de edad y figuraba registrado por las autoridades desde los 16 años. Los servicios de seguridad lo tenían clasificado como «Gefährder», la categoría utilizada en Alemania para personas consideradas potencialmente capaces de cometer delitos graves por motivación extremista.
De acuerdo con esa investigación periodística, el joven intentó viajar a Siria para incorporarse al autodenominado Estado Islámico. Fue detenido a finales de 2025 cuando regresaba del Líbano por el aeropuerto de Berlín y permaneció varios meses en prisión preventiva por sospechas de preparación de un delito terrorista. En mayo de este año fue condenado por un tribunal de menores a un año y 10 meses de internamiento juvenil, aunque quedó en libertad sometido a un régimen de supervisión judicial. Según informó Bild, la sentencia todavía no es firme porque la Fiscalía recurrió el fallo.
Como condición para su puesta en libertad debía participar en un programa de desradicalización. Sin embargo, ese proceso apenas había comenzado. Solo se habían celebrado dos entrevistas y una tercera estaba prevista para la semana siguiente. Los especialistas lo consideraban un caso especialmente complejo desde el punto de vista ideológico: aunque mantenía una actitud educada y aparentemente colaboradora, dudaban de la sinceridad de su voluntad de abandonar el extremismo. Según esa misma investigación, permanecía parcialmente vigilado por las autoridades, que habían intervenido sus comunicaciones y registrado su domicilio después de que publicara en redes sociales la fotografía de un arma que finalmente resultó ser de juguete.
El ataque obligó a suspender el acto de clausura del Orgullo, que reunía a cientos de miles de personas junto a la Puerta de Brandeburgo. Los servicios de emergencia desplegaron un amplio dispositivo sanitario y policial mientras continuaba la búsqueda del principal sospechoso.
El alcalde-gobernador de Berlín, Kai Wegner, calificó lo ocurrido de «ataque contra nuestra sociedad libre y abierta». También el canciller Friedrich Merz condenó el atentado como un «acto atroz» y aseguró que será esclarecido «con toda la fuerza de la ley». Dobrindt, por su parte, lo definió ya oficialmente como un atentado terrorista.
El caso vuelve a poner el foco sobre la amenaza del islamismo radical en la capital alemana. Según el último informe del Verfassungsschutz de Berlín, las autoridades siguen a unas 2.400 personas vinculadas al entorno islamista; de ellas, más de 900 son consideradas proclives a la violencia. El informe cifra además en alrededor de 1.100 los integrantes de la escena salafista, de los que unos 350 son catalogados como violentos, y advierte del creciente papel de la propaganda y los procesos de radicalización a través de internet.
El atentado también vuelve a situar en primer plano el debate sobre la capacidad de las autoridades alemanas para controlar a personas ya identificadas como potencialmente peligrosas y sobre la eficacia de los programas de desradicalización una vez recuperan la libertad.
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