Jean-Luc Mélenchon, el gran agitador de la política francesa, vuelve a primerísimo plano con el trasfondo de la revuelta estudiantil y su llamada a manifestaciones masivas el 6 octubre en todo el país. El 62% de los franceses cree que las protestas de los estudiantes por el deterioro de la educación pública están justificadas, pero el 78% opina al mismo tiempo que el líder de La Francia Insumisa (LFI) está incitando las protestas como «un gol electoral» para las presidenciales del 2027.
El líder de LFI se suma a la convocatoria de manifestaciones masivas el 6 de octubre
Jean-Luc Mélenchon, el gran agitador de la política francesa, vuelve a primerísimo plano con el trasfondo de la revuelta estudiantil y su llamada a manifestaciones masivas el 6 octubre en todo el país. El 62% de los franceses cree que las protestas de los estudiantes por el deterioro de la educación pública están justificadas, pero el 78% opina al mismo tiempo que el líder de La Francia Insumisa (LFI) está incitando las protestas como «un gol electoral» para las presidenciales del 2027.
El 74% culpa a LFI de «estar poniendo en peligro a los jóvenes» en los violentos enfrentamientos con la Policía que se han cobrado más de 5.000 detenidos en la última semana, frente al 38% que opina que ha existe «una represión irresponsable» de las fuerzas del orden público, según el sondeo de Odoxa y Backbone para el periódico conservador Le Figaro.
La encuesta confirma que, pese a contar con el apoyo mayoritario de los votantes jóvenes, Mélenchon sigue siendo el político más odiado por los franceses, considerado como «agresivo» (78%), peligroso (70%) o populista (63%). Aun así, el candidato de LFI figura como segundo en las encuestas frente a Marine Le Pen con su emblema de «la nueva Francia» y tiene serias posibilidades, por primera vez al cabo cuatro intentos, de participar en la segunda ronda de las presidenciales frente a la líder de extrema derecha.
«¿Por qué un partido que sube en las encuestas corre el riesgo de reforzar la oposición mayoritaria que existe contra él?», se pregunta en las páginas de Le Figaro el columnista Vincent Trémolet de Villers, en una artículo titulado ‘La estrategia de las escuelas quemadas’. Le Monde se cuestiona también la estrategia de «doble filo» del líder de LFI, acusado de «legitimar» la violencia y obligado a recular ante el cariz que tomaron las protestas.
Mélenchon hizo un llamamiento el jueves a sus militantes para respetar «la disciplina de combate» y «usar métodos no violentos». «¡No tiene sentido prender fuego!», recalcó, tras el incendio declarado en el instituto Nelson Mandela de Nantes. «No vamos a cometer actos que vayan en contra de las metas que nos hayamos fijado».
«El cambio de tono llega demasiado tarde», replicó el ministro de Justicia Gérald Darmanin, tras acusar al candidato de LFI de «haber lanzado comentarios extremadamente violentos» y de implicar de paso a su números dos, Manuel Bompard, al que llamó «el pirómano del bombero».
Bompard acusó por su parte al Gobierno francés de suscribir «la teorías conspiracionistas», tras la difusión de un informe de la Prefectura de París (DRPP) que asegura que «La Francia Insumisa y a sus aliados de extrema izquierda están en el origen del movimiento de los liceos».
La primera chispa del movimiento fue una huelga de profesores a mediados de septiembre en Creteil, al sur París, pero el epicentro se trasladó pronto al departamento de Sena-Saint Denis, considerado como el bastión de La Francia Insumisa, con su emblemático alcalde, Bally Bagayoko, de nuevo en el punto de mira. El informe de la DRPP destaca cómo entre el 21 y el 25 de septiembre hubo un total de 27 acciones en las escuelas secundarias, «instrumentalizadas por las estructuras sindicales y por los movimientos políticos cercanos al extrema izquierda».
El lema ‘Bloquons tout’ y la estrategia del bloqueo de edificios públicos fue de hecho ya utilizado el otoño pasado en las protestas contra los recortes sociales que precedieron a la dimisión como primer ministro de François Bayrou, remplazado por el también centrista Sébastien Lecornu. El movimiento ganó fuerza esta semana al coincidir con las manifestaciones que convocaron a más de 300.000 personas contra los nuevos recortes del 54.000 millones de euros en el presupuesto presentado por el jueves por Lecornu.
«Los insumisos no dirigimos los movimientos populares», se defendió Mélenchon ante las acusaciones de haber orquestado las protestas con fines electorales. «Los movimientos sociales se dirigen a sí mismos, a través de su organización y su representantes».
Tras la tregua del fin de semana, Mélenchon planea en cualquier caso dar un nuevo impulso al movimiento con la convocatoria de manifestaciones masivas el próximo martes, respaldada entre otros por el sindicato CGT. «El 6 de octubre será un punto de encuentro general, un punto de partida», vaticina el líder de LFI en su último blog. «El Gobierno dispone de poco tiempo para idear una salida a la crisis, aunque resulta poco creíble que sea capaz de lograrlo».
«Lo mejor es organizarse para acompañar este período de movilización y toma de conciencia política, canalizándolo hacia el horizonte del 2027», agrega Mélenchon, poniendo sobre la mesa sus cartas presidenciales. «El deber es ayudar y proteger a nuestros jóvenes».
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