Una etapa como un guiño a los arcanos. Más de 200 kilómetros de ciclismo puro, ofensiva total desde el arranque, un puerto que es una institución, el primero que jamás ascendió el Tour allá por los albores del siglo XX y el éxito de la fuga bidón, ese término que proviene de cuando se permitía a los gregarios escaparse para buscar como pudieran agua y avituallamiento para sus líderes y terminaban en lo alto de la clasificación general. [Narración y clasificaciones]
El suizo culminó en Belfort, tras un demarraje en el descenso del Ballon de Alsacia, una enorme fuga de la que el británico sacó partido: recortó casi ocho minutos y ya es cuarto
Una etapa como un guiño a los arcanos. Más de 200 kilómetros de ciclismo puro, ofensiva total desde el arranque, un puerto que es una institución, el primero que jamás ascendió el Tour allá por los albores del siglo XX y el éxito de la fuga bidón, ese término que proviene de cuando se permitía a los gregarios escaparse para buscar como pudieran agua y avituallamiento para sus líderes y terminaban en lo alto de la clasificación general. [Narración y clasificaciones]
De todo eso tuvo la 13ª etapa del Tour y no lluvia como se auguraba. Dos nombres propios y una batalla pospuesta. Mauro Schmid, el más listo de todos, culminando la estrategia del Jayco para pescar la primera victoria de etapa del Tour de su carrera, ciclista atildado que demarró de la fuga en el momento adecuado y no tuvo piedad de Harold Tejada en el sprint de Belfort. Y Tom Pidcock, tercero, que recortó casi ocho minutos para colarse de lleno en la lucha por el podio del Tour.
El tríptico de los Vosgos tuvo un interesante aperitivo, pospuestos los fuegos artificiales de Tadej Pogacar para el fin de semana. El rugido de un fouri classe como Pidcock en la tierra del león de Belfort. No le salió el doble golpe, no remató como aquel día de hace cuatro años en el Alpe d’Huez. La ambición del británico se quedó con el salto al cuarto puesto de la general, por delante de Lipowitz, Seixas y Ayuso, a un suspiro de Evenepoel e incluso Vingegaard.
Fue el suyo un esfuerzo completísimo, ambicioso desde las estribaciones iniciales en la conformación de la enorme fuga que iba a cabalgar desde Dole. Más aún cuando en el Ballon de Alsacia se hizo la selección definitiva. Todo apuntaba a su triunfo, premio a su explosividad, pero el doble juego de la pareja del Jayco se llevó la gloria. Schmid -segundo el año pasado tras Abrahamsen en la etapa de Toulouse y ganador en el Giro de 2021- atacó en el momento oportuno de la bajada, con la vigilancia de su compañero Luke Plapp y, aunque se llevó al colombiano Tejada a su rueda, le remató en el ajustado sprint final. Raúl García Pierna, que no pudo aguantar con los elegidos, acabó 11º, otro intento sin éxito del Movistar.
Fue la etapa que a Pogacar no le gustaba, la más larga de todo el Tour, «rara» en sus palabras. 150 kilómetros sin mayores dificultades y el Ballon de Alsacia, el primer puerto que la Grande Boucle afrontó en toda su historia, allá por 1905, casi de repente, con el pequeño aperitivo del Col de Croix (de tercera). Y luego una larga bajada hasta Belfort.
Ese tedio inicial que podía ser no lo fue en absoluto. Todo lo contrario, el amanecer desembocó en una preciosa persecución de dos mini pelotones que se fusionaron con un doble objetivo, la lucha por la etapa y el lejanísimo sprint especial por el que Mads Pedersen es capaz de dejarse el alma (lo ganó Philipsen, pero el danés entró segundo y sigue de verde). Los 57 aventureros, con cuatro españoles incluidos y el peligroso Pidcock entre ellos, llegaron a gozar de más de ocho minutos de ventaja.
Y se jugaron una preciosa victoria, premio para el suizo Schmid tan cerca de su casa. El fin de semana aguarda palabras mayores, con los finales en Le Markstein (sábado) y Plateau de Solaison (domingo).
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