Bruselas anima a la banca española a liderar el fin de la fragmentación europea que bloquea 230.000 millones y abrir la puerta a gigantes bancarios

Bruselas ha lanzado un mensaje inequívoco a la banca europea y, de forma muy especial, a entidades como Santander, BBVA o CaixaBank: ha llegado el momento de superar la fragmentación financiera que divide el mercado comunitario y avanzar hacia la creación de grandes grupos bancarios paneuropeos capaces de competir en igualdad de condiciones con los gigantes estadounidenses.

La Comisión Europea presentó este viernes una hoja de ruta para reforzar la competitividad del sistema financiero comunitario que persigue derribar las barreras regulatorias y nacionales que todavía impiden que el mercado bancario funcione como un auténtico mercado único. El objetivo es que las entidades puedan crecer en dimensión, optimizar la gestión de capital y liquidez y facilitar futuras operaciones de consolidación transfronteriza.

El Ejecutivo comunitario sostiene que la actual fragmentación tiene un elevado coste económico. Solo las restricciones existentes para mover liquidez entre filiales y matrices dentro de la Unión mantienen inmovilizados más de 230.000 millones de euros en activos líquidos que podrían destinarse a financiar inversiones, empresas y hogares.

La estrategia comunitaria desembocará en propuestas legislativas que Bruselas prevé presentar durante el primer trimestre de 2027, aunque desde ahora marca una dirección política clara: completar la Unión Bancaria y eliminar los obstáculos que siguen haciendo que un banco europeo opere, en la práctica, como una suma de mercados nacionales.

Demasiado pequeños

El diagnóstico de la Comisión parte de una paradoja. Algunos bancos europeos figuran entre los mayores de sus respectivos países, pero continúan siendo pequeños cuando se comparan con el conjunto de la economía de la Unión o con los grandes grupos financieros internacionales.

Esa falta de escala limita su capacidad para competir en negocios de mayor rentabilidad, como la banca de inversión, los mercados de capitales, la financiación de grandes proyectos o los servicios financieros digitales, donde las entidades estadounidenses mantienen una posición dominante.

La comisaria europea de Servicios Financieros y Unión de Ahorros e Inversiones, Maria Luís Albuquerque, resumió el objetivo de la iniciativa con un mensaje dirigido tanto al sector como a los Estados miembros.

«Hoy trazamos una vía clara hacia un sector bancario más integrado, eficiente y competitivo. Simplificar las normas es importante, pero no será suficiente. Los bancos europeos necesitan las condiciones adecuadas para crecer en escala, consolidarse y competir a nivel mundial», defendió.

Para lograrlo, insistió, será imprescindible eliminar las barreras que todavía fragmentan el mercado único bancario y culminar una Unión Bancaria que permanece incompleta casi una década después de su puesta en marcha.

Un coste enorme

Uno de los argumentos centrales del documento presentado por Bruselas es el elevado coste económico que supone mantener compartimentos nacionales dentro de un mercado que, jurídicamente, debería funcionar como uno solo.

Según explicó Albuquerque, la falta de confianza entre supervisores nacionales obliga a que cada filial mantenga elevados colchones de liquidez dentro de su propio país para hacer frente a eventuales situaciones de crisis.

Como consecuencia, más de 230.000 millones de euros permanecen «atrapados» dentro de las fronteras nacionales y no pueden ser gestionados libremente por los grupos bancarios europeos.

Para la Comisión, liberar esos recursos permitiría incrementar significativamente la financiación disponible para prioridades estratégicas de la Unión como la innovación tecnológica, la transición energética, la digitalización o la defensa.

A ese coste se suma la carga regulatoria que soporta el sector. Bruselas recuerda que, según estimaciones de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), el cumplimiento de las obligaciones regulatorias supone más de 24.000 millones de euros anuales, de los que aproximadamente 11.000 millones corresponden exclusivamente a obligaciones de información y reporte administrativo.

Reformas

La hoja de ruta comunitaria se articula sobre tres grandes líneas de actuación.

La primera consiste en eliminar las barreras que dificultan la actividad bancaria transfronteriza. La Comisión considera prioritario permitir una gestión mucho más eficiente del capital y la liquidez entre matrices y filiales situadas en distintos Estados miembros.

En este apartado se incluye una de las principales novedades del documento: sustituir la propuesta del Sistema Europeo de Garantía de Depósitos (EDIS), planteada en 2015 y bloqueada durante años por la falta de consenso político, por un nuevo mecanismo común que Bruselas considera más sencillo y eficaz, apoyado en los sistemas nacionales ya existentes.

Además, el Ejecutivo comunitario propone reforzar la coordinación entre supervisores nacionales y vigilar de forma más estrecha cómo aplican los distintos países las normas sobre prevención del blanqueo de capitales y protección del consumidor para evitar divergencias regulatorias que dificulten la actividad internacional de los bancos.

El segundo eje busca preservar la competitividad internacional de la banca europea mediante una revisión de determinadas normas prudenciales y de gobierno corporativo.

La Comisión considera que parte del marco regulatorio actual no refleja adecuadamente las características específicas de los bancos europeos ni sus modelos de negocio, por lo que plantea adaptar determinadas exigencias sin poner en riesgo la estabilidad financiera.

El tercer bloque persigue simplificar la regulación. Bruselas insiste en que mantener un sistema bancario sólido requiere controles exigentes, pero considera igualmente necesario reducir cargas administrativas innecesarias, hacer más transparentes los procedimientos y aumentar la previsibilidad normativa tanto para las entidades como para las autoridades supervisoras.

Eliminar barreras

Más allá de las reformas técnicas, la Comisión lanza un mensaje político dirigido directamente a los gobiernos nacionales, a los que responsabiliza de buena parte de las barreras que siguen frenando la integración financiera europea.

Albuquerque recordó que todos los Estados miembros se benefician del mercado único y, por tanto, también deben asumir la responsabilidad de eliminar normas nacionales que dificultan la consolidación bancaria.

«Si el objetivo es colectivo, la responsabilidad también tiene que serlo», afirmó la comisaria.

Bruselas considera que muchas de las restricciones actuales no responden ya a necesidades de estabilidad financiera, sino a inercias regulatorias o intereses nacionales que impiden aprovechar plenamente las ventajas del mercado único.

Respaldo español

La Asociación Española de Banca (AEB) acogió favorablemente la estrategia comunitaria y reclamó que las recomendaciones se traduzcan cuanto antes en medidas concretas.

La patronal considera que el informe reconoce el papel esencial del sector financiero para impulsar el crecimiento económico europeo y supone un avance relevante hacia una integración mucho más profunda del mercado bancario.

En particular, la AEB valora positivamente la decisión de replantear el proyecto del Sistema Europeo de Garantía de Depósitos, una iniciativa que llevaba años bloqueada y cuya sustitución por un mecanismo más operativo considera un paso importante para culminar la Unión Bancaria.

También respalda la intención de Bruselas de apostar por reglamentos europeos frente a directivas, lo que permitiría reducir diferencias de aplicación entre países y avanzar hacia un marco regulatorio realmente uniforme.

Asimismo, celebra que la Comisión plantee mejorar el análisis del impacto que tienen las decisiones de reguladores y supervisores sobre la competitividad del sector y reforzar la coordinación entre las distintas autoridades europeas.

No obstante, la patronal española cree que el documento podría haber ido más lejos en algunos aspectos. En concreto, echa en falta que se otorgue un mandato explícito de competitividad a los supervisores financieros europeos, una reivindicación que el sector viene defendiendo desde hace tiempo.

El potencial de la banca española

Aunque el plan tiene alcance europeo, España figura entre los países con mayor potencial para beneficiarse de una mayor integración financiera.

Las principales entidades españolas cuentan desde hace años con una amplia presencia internacional y disponen de experiencia en procesos de integración, lo que podría situarlas en una posición favorable si finalmente se acelera la consolidación bancaria europea.

Además, la AEB recuerda un reciente estudio elaborado por Oliver Wyman para la Federación Bancaria Europea que calcula que Europa necesita movilizar 1,4 billones de euros adicionales de financiación cada año para afrontar sus grandes retos económicos.

Ese mismo informe estima que una simplificación regulatoria permitiría liberar en España hasta 250.000 millones de euros adicionales destinados a la concesión de crédito.

 La Comisión Europea prepara una reforma para eliminar las barreras nacionales que frenan las fusiones transfronterizas y permitan crear entidades con el tamaño suficiente para competir con los grandes bancos de Estados Unidos  

Bruselas ha lanzado un mensaje inequívoco a la banca europea y, de forma muy especial, a entidades como Santander, BBVA o CaixaBank: ha llegado el momento de superar la fragmentación financiera que divide el mercado comunitario y avanzar hacia la creación de grandes grupos bancarios paneuropeos capaces de competir en igualdad de condiciones con los gigantes estadounidenses.

La Comisión Europea presentó este viernes una hoja de ruta para reforzar la competitividad del sistema financiero comunitario que persigue derribar las barreras regulatorias y nacionales que todavía impiden que el mercado bancario funcione como un auténtico mercado único. El objetivo es que las entidades puedan crecer en dimensión, optimizar la gestión de capital y liquidez y facilitar futuras operaciones de consolidación transfronteriza.

El Ejecutivo comunitario sostiene que la actual fragmentación tiene un elevado coste económico. Solo las restricciones existentes para mover liquidez entre filiales y matrices dentro de la Unión mantienen inmovilizados más de 230.000 millones de euros en activos líquidos que podrían destinarse a financiar inversiones, empresas y hogares.

La estrategia comunitaria desembocará en propuestas legislativas que Bruselas prevé presentar durante el primer trimestre de 2027, aunque desde ahora marca una dirección política clara: completar la Unión Bancaria y eliminar los obstáculos que siguen haciendo que un banco europeo opere, en la práctica, como una suma de mercados nacionales.

Demasiado pequeños

El diagnóstico de la Comisión parte de una paradoja. Algunos bancos europeos figuran entre los mayores de sus respectivos países, pero continúan siendo pequeños cuando se comparan con el conjunto de la economía de la Unión o con los grandes grupos financieros internacionales.

Esa falta de escala limita su capacidad para competir en negocios de mayor rentabilidad, como la banca de inversión, los mercados de capitales, la financiación de grandes proyectos o los servicios financieros digitales, donde las entidades estadounidenses mantienen una posición dominante.

La comisaria europea de Servicios Financieros y Unión de Ahorros e Inversiones, Maria Luís Albuquerque, resumió el objetivo de la iniciativa con un mensaje dirigido tanto al sector como a los Estados miembros.

«Hoy trazamos una vía clara hacia un sector bancario más integrado, eficiente y competitivo. Simplificar las normas es importante, pero no será suficiente. Los bancos europeos necesitan las condiciones adecuadas para crecer en escala, consolidarse y competir a nivel mundial», defendió.

Para lograrlo, insistió, será imprescindible eliminar las barreras que todavía fragmentan el mercado único bancario y culminar una Unión Bancaria que permanece incompleta casi una década después de su puesta en marcha.

Un coste enorme

Uno de los argumentos centrales del documento presentado por Bruselas es el elevado coste económico que supone mantener compartimentos nacionales dentro de un mercado que, jurídicamente, debería funcionar como uno solo.

Según explicó Albuquerque, la falta de confianza entre supervisores nacionales obliga a que cada filial mantenga elevados colchones de liquidez dentro de su propio país para hacer frente a eventuales situaciones de crisis.

Como consecuencia, más de 230.000 millones de euros permanecen «atrapados» dentro de las fronteras nacionales y no pueden ser gestionados libremente por los grupos bancarios europeos.

Para la Comisión, liberar esos recursos permitiría incrementar significativamente la financiación disponible para prioridades estratégicas de la Unión como la innovación tecnológica, la transición energética, la digitalización o la defensa.

A ese coste se suma la carga regulatoria que soporta el sector. Bruselas recuerda que, según estimaciones de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), el cumplimiento de las obligaciones regulatorias supone más de 24.000 millones de euros anuales, de los que aproximadamente 11.000 millones corresponden exclusivamente a obligaciones de información y reporte administrativo.

Reformas

La hoja de ruta comunitaria se articula sobre tres grandes líneas de actuación.

La primera consiste en eliminar las barreras que dificultan la actividad bancaria transfronteriza. La Comisión considera prioritario permitir una gestión mucho más eficiente del capital y la liquidez entre matrices y filiales situadas en distintos Estados miembros.

En este apartado se incluye una de las principales novedades del documento: sustituir la propuesta del Sistema Europeo de Garantía de Depósitos (EDIS), planteada en 2015 y bloqueada durante años por la falta de consenso político, por un nuevo mecanismo común que Bruselas considera más sencillo y eficaz, apoyado en los sistemas nacionales ya existentes.

Además, el Ejecutivo comunitario propone reforzar la coordinación entre supervisores nacionales y vigilar de forma más estrecha cómo aplican los distintos países las normas sobre prevención del blanqueo de capitales y protección del consumidor para evitar divergencias regulatorias que dificulten la actividad internacional de los bancos.

El segundo eje busca preservar la competitividad internacional de la banca europea mediante una revisión de determinadas normas prudenciales y de gobierno corporativo.

La Comisión considera que parte del marco regulatorio actual no refleja adecuadamente las características específicas de los bancos europeos ni sus modelos de negocio, por lo que plantea adaptar determinadas exigencias sin poner en riesgo la estabilidad financiera.

El tercer bloque persigue simplificar la regulación. Bruselas insiste en que mantener un sistema bancario sólido requiere controles exigentes, pero considera igualmente necesario reducir cargas administrativas innecesarias, hacer más transparentes los procedimientos y aumentar la previsibilidad normativa tanto para las entidades como para las autoridades supervisoras.

Eliminar barreras

Más allá de las reformas técnicas, la Comisión lanza un mensaje político dirigido directamente a los gobiernos nacionales, a los que responsabiliza de buena parte de las barreras que siguen frenando la integración financiera europea.

Albuquerque recordó que todos los Estados miembros se benefician del mercado único y, por tanto, también deben asumir la responsabilidad de eliminar normas nacionales que dificultan la consolidación bancaria.

«Si el objetivo es colectivo, la responsabilidad también tiene que serlo», afirmó la comisaria.

Bruselas considera que muchas de las restricciones actuales no responden ya a necesidades de estabilidad financiera, sino a inercias regulatorias o intereses nacionales que impiden aprovechar plenamente las ventajas del mercado único.

Respaldo español

La Asociación Española de Banca (AEB) acogió favorablemente la estrategia comunitaria y reclamó que las recomendaciones se traduzcan cuanto antes en medidas concretas.

La patronal considera que el informe reconoce el papel esencial del sector financiero para impulsar el crecimiento económico europeo y supone un avance relevante hacia una integración mucho más profunda del mercado bancario.

En particular, la AEB valora positivamente la decisión de replantear el proyecto del Sistema Europeo de Garantía de Depósitos, una iniciativa que llevaba años bloqueada y cuya sustitución por un mecanismo más operativo considera un paso importante para culminar la Unión Bancaria.

También respalda la intención de Bruselas de apostar por reglamentos europeos frente a directivas, lo que permitiría reducir diferencias de aplicación entre países y avanzar hacia un marco regulatorio realmente uniforme.

Asimismo, celebra que la Comisión plantee mejorar el análisis del impacto que tienen las decisiones de reguladores y supervisores sobre la competitividad del sector y reforzar la coordinación entre las distintas autoridades europeas.

No obstante, la patronal española cree que el documento podría haber ido más lejos en algunos aspectos. En concreto, echa en falta que se otorgue un mandato explícito de competitividad a los supervisores financieros europeos, una reivindicación que el sector viene defendiendo desde hace tiempo.

El potencial de la banca española

Aunque el plan tiene alcance europeo, España figura entre los países con mayor potencial para beneficiarse de una mayor integración financiera.

Las principales entidades españolas cuentan desde hace años con una amplia presencia internacional y disponen de experiencia en procesos de integración, lo que podría situarlas en una posición favorable si finalmente se acelera la consolidación bancaria europea.

Además, la AEB recuerda un reciente estudio elaborado por Oliver Wyman para la Federación Bancaria Europea que calcula que Europa necesita movilizar 1,4 billones de euros adicionales de financiación cada año para afrontar sus grandes retos económicos.

Ese mismo informe estima que una simplificación regulatoria permitiría liberar en España hasta 250.000 millones de euros adicionales destinados a la concesión de crédito.

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