Solo 90 segundos los separan de la inmortalidad. Llevaban tanto tiempo sin acariciarla, que una sola vez sabe a poco. Ahora, sus gorros amarillos parafrasean a Trump: Make Aquila Great Again, porque 34 años sin ganar un Palio eran demasiados.
La carrera de caballos que se celebra este domingo en Italia es la más alocada y salvaje que se pueda ver
Solo 90 segundos los separan de la inmortalidad. Llevaban tanto tiempo sin acariciarla, que una sola vez sabe a poco. Ahora, sus gorros amarillos parafrasean a Trump: Make Aquila Great Again, porque 34 años sin ganar un Palio eran demasiados.
Hasta el mes pasado, cuando vencieron en el primer Palio de este año. Por eso en sus camisetas, también amarillas, se puede leer: «Ya no es el Palio de antes», y debajo: «3 de julio de 2026», el día que resucitaron. Tres vueltas a caballo, caídas, alguna lesión grave incluso, pero el cielo de Siena esperará hoy solo a uno, y quieren ser ellos de nuevo.
En el Palio de Siena que se celebra este domingo, el de la Asunción de la Virgen, se juntan rivalidades de siglos, tradiciones medievales y la ilusión de los que han pasado una vida entera conociendo solo la derrota. Es un año muy especial para el Aquila (Águila) y por eso sus miembros están casi de fiesta permanente. Desde el siglo XVII, esta es quizá la carrera de caballos más alocada y salvaje que se pueda ver y, aunque se repita dos veces al año, nunca parece bastante. El Palio de agosto es el rey del verano, porque una vez concluido faltará casi un año hasta el siguiente.
Este domingo se da la fortuna de que la carrera enfrenta a cuatro equipos que comparten rivalidades históricas, tan añejas como los casi cuatro siglos de historia del propio Palio (y hasta mil años en sus orígenes remotos). Una es la contrada (equipo) dela Oca, la que más veces ha ganado en la historia, con casi 70 victorias. También estará la contrada de su barrio vecino, la Torre, y la otra gran enemistad sienesa, la que enfrenta al Istrice (Puercoespín) y la Lupa (la Loba), que también son barrios vecinos. Lo que en origen eran peleas territoriales, hoy son enfrentamientos eternos que hacen el Palio más interesante.
Compiten por la gloria 10 contrade (el plural de contrada), que son los barrios tradicionales de esta ciudad toscana. En realidad hay 17 contrade, pero en cada Palio pueden competir 10 como máximo. Sus caballos, montados a pelo, deben completar tres vueltas a la emblemática Piazza del Campo. Por cierto, los caballos pueden ganar aunque lleguen sin jinete, y vale casi todo con tal de que el otro no gane.
Aunque todo se resuelva en apenas 90 segundos, hay muchos días de preparación del Palio. Para los equipos esto solo es la guinda que corona un año entero de actividad social, porque la contrada es más que el escudo o el barrio; es una forma de entender la vida, de estar unidos.
Mario Bartolini es el prior de la contrada del Puercoespín. «Tenemos unos 5.000 miembros inscritos. Somos la contrada más grande de Siena [casi un 10% de su población]. Uno pertenece a una contrada por nacimiento y solo se sale con la muerte. No se puede cambiar jamás: soy del Puercoespín y mis hijos también, pero mi mujer es de la Torre y lo será siempre».
El prior detalla la rutina de la contrada: «A lo largo del año hacemos principalmente labores sociales: actividades para los niños del barrio a diario, y también abrimos el Círculo [el club social] todos los días [permiten la entrada a las delegaciones de los barrios aliados], y así los miembros tienen un lugar para ver a sus amigos o jugar a las cartas. Pero lo más importante es cuidar de la gente menos afortunada de nuestra contrada. Desde lo más sencillo, como llevar la compra a la gente mayor, hasta ocuparnos de los enfermos para mandarles un médico a casa o hacerles las curas que necesiten. Y todo ello no les cuesta dinero. El Palio es lo que más se ve, pero lo más importante es lo que hacemos todo el año».
El día de más nervios, con permiso del de la propia carrera, seguramente fue el pasado jueves, el llamado «Día de la Tratta». Esto es el sorteo en que la organización del Palio rifa los 10 caballos elegidos para correr. Así se asegura la igualdad, porque hay caballos mejores y peores, pero el equipo con que corren no depende del dinero ni de sus influencias, sino del azar.
En el antiguo Huerto del Verchione tiene su sede el Águila. Mientras preparaban su gran cena para cientos de personas, todo eran nervios por conocer el caballo. ¿Y qué hay de menú? «Pasta ¡claro! y pollo con pimientos», explica el ayudante de cocina mientras saca corazones de pimientos morrones sin parar.
«Si mañana escuchas Diodoro, verás cómo esos son los más felices», aseguraba por experiencia propia, pues ese caballo les dio la victoria en julio. «Cuando nos tocó Diodoro, ya sabíamos que íbamos a ganar, ¡no te puedes imaginar el subidón, después de 34 años!».
Lo han dado todo estos días para culminar en la carrera: sorteo de caballos, procesión, entrenamientos con los tambores y las banderas, fiesta por la noche y más comidas por el día. Veterinarios. Canciones. Estrategias con los jinetes para ganar o para impedir que otros lo hagan. Y finalmente, la bendición del caballo en la iglesia de cada contrada.
Esta semana ha sido un no parar en la ciudad. Casi de una noche para otra, Siena entera se transforma y se vuelve aún más medieval de lo que es. Una madrugada, hace ya días, las principales calles del centro histórico amanecieron plagadas de farolas muy coloridas, con bombillas colocadas como los cascabeles del gorro de un bufón. Pero más allá de adornar, delimitan territorios desde hace siglos. Cada una tiene los colores de la contrada en que se encuentra.
Banderas, fuentes, placas y blasones recuerdan a las justas medievales. Casi todos los nombres de las contradetienen que ver con la naturaleza y poseen una estética medieval: Águila, Puercoespín, Pantera, Selva, Ola, Loba, Oca…
Mientras, en el epicentro del Palio, que es la Piazza del Campo, la propia plaza también se transforma. Con la misma nocturnidad que aparecieron las farolas, el perímetro por donde correrán los caballos ha sido cubierto con arena color albero.
Las fachadas de los cuatro costados de la plaza se cubren con gradas de madera, y con colchonetas en la curva más cerrada del circuito, donde los caballos se van a estrellar con toda seguridad.
La carrera está pensada para que participen todos los barrios, pero ni juntos ni revueltos: en Siena hay 17 contrade históricas, aunque hace siglos había algunas más que ya han desaparecido. Sin embargo, solo tienen la fortuna de correr este domingo 10 de ellas, y lo hacen mediante un sistema rotatorio: las siete que se quedaron fuera la última vez, y se añaden otras tres de las restantes, elegidas por sorteo.
Aunque hoy también compite el Águila, su archienemigo, la Pantera, no lo hace. Sin embargo, que no corra no impide que los vecinos les piquen, y, por eso, el jueves aparecieron un montón de peluches de la Pantera Rosa ahorcados en las calles del Águila.
La Tratta, decíamos antes, es el momento de más nervios. Y queda claro su efecto: al Águila le toca un caballo bueno de nuevo, y hay cánticos y abrazos. Lo mismo le ocurre al Nicchio (la Concha), que celebra como si ya hubiera ganado. El mejor ejemplo de la equidad del sorteo es esta ironía: la alcaldesa de Siena, ex prior del Puercoespín y hoy máxima autoridad del Palio, presidió el sorteo que dio a su contrada un caballo malo y a sus enemigos, la Loba, el deseado Diodoro. Los suyos quedaron con cara casi de funeral y sus adversarios, en cambio, felices. ¿Les conducirá también hoy a la gloria?
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