El capote de José Garrido ilumina la nocturna de la virgen de la Paloma en Las Ventas

La corrida nocturna de la Virgen de la Paloma se inauguró con un toro de bandera. Un cinqueño acucharado de espléndidas hechuras. Una seriedad que daba la longitud de pitón equilibrada por la torera conformación. Colocó la cara desde el primer lance de Antonio Puerta. Torero de Murcia que, tras diez años de corto rodaje, confirmó la alternativa en Madrid.

 El extremeño pone a Madrid en pie con un excepcional recibo a la verónica; Arauz de Robles lidia uno de los toros de la temporada en una corrida salvada únicamente por ese toro  

La corrida nocturna de la Virgen de la Paloma se inauguró con un toro de bandera. Un cinqueño acucharado de espléndidas hechuras. Una seriedad que daba la longitud de pitón equilibrada por la torera conformación. Colocó la cara desde el primer lance de Antonio Puerta. Torero de Murcia que, tras diez años de corto rodaje, confirmó la alternativa en Madrid.

La clase descorchada por Carpintero no se reeditó a lo largo de la tarde. Un toro muy completo. Se arrancó con alegría al encuentro con el caballo, cumplió en el segundo puyazo. Descolgó sin reservas en la muleta del toricantano. Con mayor profundidad por el izquierdo. Puerta estuvo digno pero se quedó corto para las posibilidades de un tiro que incluso paraba entre muletazos para arrancar presto al cite cuando el matador lo solicitara. Humillación, gesto, largura cuando venía enganchado. La ovación despidió la bravura enclasada de Carpintero que quedará como uno de los toros de la temporada.

José Garrido regresó a Madrid después de su torera actuación Isidril en la que cortó una oreja al sobrero de Casa de los Toreros. El matador extremeño, con esta presencia veraniega, ya ha pasado por todas las fechas posibles de la temporada madrileña. Señal de compromiso con la primera plaza del mundo. Necesidad, al margen.

Se volcó desde la primera verónica. Sacó a relucir el excepcional sentido del toreo que atesora con el capote. Las verónicas se fueron sucediendo con torería, cargando la suerte, ganando terreno. Un ramillete para el recuerdo rematado con una media a pies juntos. Madrid se puso en pie para reconocer un toreo demasiado olvidado. Aquel toro, el tercero, se movió después sin entrega. Garrido se fajó en una exhibición de dominio desde los doblones iniciales hasta el esfuerzo final para pasar con la espada. El quinto fue otro toro sin fondo ni clase, con el que el extremeño mostró su faceta más profesional. En momentos tapando tanto las complicaciones -altura de la muleta, sitio entre muletazos, toque exacto- que no transmitió el peligro.

El nombre de Javier Cortés caía en este cartel de homenaje a la patrona madrileña como un guante. Un torero querido, respetado y esperado. Con la suerte demasiadas veces en contra. Saludó a su afición con un quite por chicuelinas de graciosa torería, de mano baja, al excepcional Carpintero. Después se encontró un lote agrio. Si el segundo estuvo carente de clase, el cuarto se orientó rápidamente. El madrileño no pudo pasar de los detalles de torería, de un macheteo poderoso y de una perfecta colocación durante las diferentes lidias. No pudo ser.

El toro que cerró el festejo nocturno que registró más de 7.500 personas, fue amplio, muy armado. Se acordaría del toro de la confirmación Antonio Puerta que en este plantó cara con pundonor a la seca embestida que venía acompañada de tornillazos. El murciano se mostró serio.

Monumental de las Ventas. Sábado, 15 de agosto de 2026. Tradicional corrida de la Virgen de la Paloma. Un tercio de entrada. Toros de Araúz de Robles, bien presentados y de pobre juego en su conjunto a excepción del enclasado 1º.

Javier Cortés, de blanco y plata. Pinchazo y media estocada (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y media estocada (silencio).

José Garrido, de azul añil y azabache. Pinchazo y se echa (silencio). En el quinto, estocada corta (silencio).

Antonio Puerta, de blanco y oro, que confirmaba la alternativa. Pinchazo y estocada (saludos). En el sexto, estocada corta y suelta y varios descabellos (palmas de despedida).

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