El precio del aceite de oliva ha vuelto a subir. El bloqueo del estrecho de Ormuz, sumado a las fuertes lluvias y las tensiones logísticas presenta un nuevo episodio de presión inflacionista que amenaza con convertir este producto, una vez más, en oro líquido.
Este contexto no solo impacta de lleno en el bolsillo de los consumidores, sino que también está transformando el comportamiento delictivo en el sector de la distribución. Según el último Barómetro del Hurto de Checkpoint Systems, el aceite se ha convertido en el producto más hurtado en supermercados, un fenómeno directamente vinculado a su elevado valor y a la facilidad con la que puede revenderse en mercados paralelos.
¿Qué factores afectan a esta subida de precios?
El encarecimiento se debe a una combinación de elementos que afectan tanto a la oferta como a los costes. Por un lado, la guerra en Ucrania, que comenzó en 2022, sigue tensionando los mercados de materias primas y energía, elevando los costes de producción y distribución.
A ello se suman las intensas lluvias registradas en España durante el invierno, que han generado incertidumbre sobre el volumen y la calidad de la cosecha, lo que añade presión sobre la oferta. En el plano internacional, las tensiones logísticas derivadas del cierre del estrecho de Ormuz han incrementado los costes de transporte y han contribuido a la volatilidad de los precios.
Este escenario ha llevado a los expertos a anticipar una nueva subida del precio del aceite en los próximos meses, en línea con los incrementos registrados tras el inicio del conflicto en Europa del Este. «La combinación de menor oferta, mayores costes y elevada demanda es el principal motor de esta escalada», señalan desde Checkpoint Systems.
Aceite, artículo de alto valor
El aumento de precios ha provocado que el aceite de oliva se haya convertido en un producto de alto valor dentro del supermercado, lo que lo sitúa en el punto de mira de los delincuentes.
La mitad de los hurtos son cometidos por delincuentes multirreincidentes, mientras que el 35% corresponde a bandas organizadas que operan de forma estructurada, según los datos de Checkpoint Systems. Estos grupos operan con fines lucrativos: seleccionan productos con alta demanda y fácil salida en mercados paralelos, características que encajan perfectamente con el aceite.
La llamada «pérdida desconocida» —que incluye hurtos internos y externos— representa ya el 1,1% de la facturación total del sector de la distribución en España, lo que evidencia el impacto económico de este fenómeno.
Ante este repunte delictivo, los distribuidores han intensificado las medidas de seguridad. Desde sistemas tradicionales, como dispositivos antirrobo, hasta soluciones más avanzadas basadas en trazabilidad digital, el objetivo es reducir las pérdidas sin deteriorar la experiencia de compra.
Asimismo, en algunos establecimientos este fenómeno ha impulsado cambios visibles como la reubicación del aceite en zonas más vigiladas o incluso su retirada del lineal tradicional. Paralelamente, el sector explora soluciones tecnológicas que permitan mejorar la trazabilidad y reducir la vulnerabilidad del producto como la identificación por radiofrecuencia (RFID). Esta tecnología comienza a ganar protagonismo al permitir un control más preciso de cada unidad.
Carlos Cruz, director comercial de Checkpoint Systems en España, advierte de que «el aceite ha incrementado mucho su valor en un corto periodo de tiempo, lo que lo convierte en un objetivo prioritario tanto para delincuentes reincidentes como para redes organizadas«.
Además, Cruz señala que la previsión es que la presión sobre los precios no se relaje a corto plazo, lo que podría agravar tanto el encarecimiento del producto como el incremento del hurto si no se adoptan medidas «más avanzadas» de protección.
Los robos en el sector de la distribución representan ya el 1,1% de su facturación
El precio del aceite de oliva ha vuelto a subir. El bloqueo del estrecho de Ormuz, sumado a las fuertes lluvias y las tensiones logísticas presenta un nuevo episodio de presión inflacionista que amenaza con convertir este producto, una vez más, en oro líquido.
Este contexto no solo impacta de lleno en el bolsillo de los consumidores, sino que también está transformando el comportamiento delictivo en el sector de la distribución. Según el último Barómetro del Hurto de Checkpoint Systems, el aceite se ha convertido en el producto más hurtado en supermercados, un fenómeno directamente vinculado a su elevado valor y a la facilidad con la que puede revenderse en mercados paralelos.
¿Qué factores afectan a esta subida de precios?
El encarecimiento se debe a una combinación de elementos que afectan tanto a la oferta como a los costes. Por un lado, la guerra en Ucrania, que comenzó en 2022, sigue tensionando los mercados de materias primas y energía, elevando los costes de producción y distribución.
A ello se suman las intensas lluvias registradas en España durante el invierno, quehan generado incertidumbre sobre el volumen y la calidad de la cosecha, lo que añade presión sobre la oferta. En el plano internacional, las tensiones logísticas derivadas del cierre del estrecho de Ormuz han incrementado los costes de transporte y han contribuido a la volatilidad de los precios.
Este escenario ha llevado a los expertos a anticipar una nueva subida del precio del aceite en los próximos meses, en línea con los incrementos registrados tras el inicio del conflicto en Europa del Este. «La combinación de menor oferta, mayores costes y elevada demanda es el principal motor de esta escalada», señalan desde Checkpoint Systems.
Aceite, artículo de alto valor
El aumento de precios ha provocado que el aceite de oliva se haya convertido en un producto de alto valor dentro del supermercado, lo que lo sitúa en el punto de mira de los delincuentes.
La mitad de los hurtos son cometidos por delincuentes multirreincidentes, mientras que el 35% corresponde a bandas organizadas que operan de forma estructurada, según los datos de Checkpoint Systems. Estos grupos operan con fines lucrativos: seleccionan productos con alta demanda y fácil salida en mercados paralelos, características que encajan perfectamente con el aceite.
La llamada «pérdida desconocida» —que incluye hurtos internos y externos— representa ya el 1,1% de la facturación total del sector de la distribución en España, lo que evidencia el impacto económico de este fenómeno.
Ante este repunte delictivo, los distribuidores han intensificado las medidas de seguridad. Desde sistemas tradicionales, como dispositivos antirrobo, hasta soluciones más avanzadas basadas en trazabilidad digital, el objetivo es reducir las pérdidas sin deteriorar la experiencia de compra.
Asimismo, en algunos establecimientos este fenómeno ha impulsado cambios visibles como la reubicación del aceite en zonas más vigiladas o incluso su retirada del lineal tradicional. Paralelamente, el sector explora soluciones tecnológicas que permitan mejorar la trazabilidad y reducir la vulnerabilidad del producto como la identificación por radiofrecuencia (RFID). Esta tecnología comienza a ganar protagonismo al permitir un control más preciso de cada unidad.
Carlos Cruz, director comercial de Checkpoint Systems en España, advierte de que «el aceite ha incrementado mucho su valor en un corto periodo de tiempo, lo que lo convierte en un objetivo prioritario tanto para delincuentes reincidentes como para redes organizadas«.
Además, Cruz señala que la previsión es que la presión sobre los precios no se relaje a corto plazo, lo que podría agravar tanto el encarecimiento del producto como el incremento del hurto si no se adoptan medidas «más avanzadas» de protección.
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