Del médico robot a la Superinteligencia

«Permítanme poner un ejemplo relacionado con la Inteligencia Artificial y la sociedad». La voz de la alemana Ursula von der Leyen resonó con claridad en el hemiciclo de Estrasburgo, bajo la atenta y afilada mirada de europarlamentarios como el francés Jordan Bardella, que en breve podrían tener mucho que decir y hacer en la UE a medida que vayan tomando el poder.

 «Permítanme poner un ejemplo relacionado con la Inteligencia Artificial y la sociedad». La voz de la alemana Ursula von der Leyen resonó con claridad en el hemi  

«Permítanme poner un ejemplo relacionado con la Inteligencia Artificial y la sociedad». La voz de la alemana Ursula von der Leyen resonó con claridad en el hemiciclo de Estrasburgo, bajo la atenta y afilada mirada de europarlamentarios como el francés Jordan Bardella, que en breve podrían tener mucho que decir y hacer en la UE a medida que vayan tomando el poder.

La presidenta de la Comisión Europea se encontraba desgranando las líneas maestras del curso político en su discurso sobre el Estado de la Unión, el pasado 16 de septiembre, cuando llegó el momento de abordar un asunto que sigue ganando peso y actualidad: la Inteligencia Artificial (IA). Y así lo planteó: «En el cribado del cáncer de mama, las mamografías reducen la mortalidad en torno a un 30% y 40 % entre las mujeres que se someten a estas pruebas. La detección precoz es fundamental. Aquí es donde puede intervenir la IA. La mamografía asistida por IA puede identificar más casos de cáncer y en una fase más temprana durante el cribado. Y, como resultado, más mujeres pueden sobrevivir. Por lo tanto, necesitamos la IA para la salud. Pero, una vez más, debemos hacerlo al estilo europeo. ¿Quiero que mi médico tenga acceso instantáneo, mediante IA, a todos los datos necesarios para tomar la mejor decisión diagnóstica o terapéutica? Sí, por supuesto. Pero, ¿quiero que mi médico sea un robot asistido por IA? No, por supuesto que no. No quiero que un robot me diga si tengo cáncer o no».

Seis días después, el pasado martes, otro líder tomó la palabra desde un estrado para poner también su propio ejemplo sobre la Inteligencia Artificial. Era ni más ni menos que Donald Trump, presidente de la superpotencia estadounidense. «Cada nueva tecnología importante trae desafíos. Sin embargo, las personas que dijeron que todos estaríamos muertos en 12 años debido al calentamiento global son las mismas personas que ahora dicen que la IA nos va a matar a todos, que los robots nos van a atacar y que todo va a ser un desastre total».

El posicionamiento de la actual Casa Blanca queda claro. Es más, hasta su inquilino aprovechó que todos los líderes del planeta le escuchaban para anunciar que había decidido rebautizar a la IA como Superinteligencia. «La IA será oficialmente llamada Superinteligencia, cambiando el nombre, porque el uso de la palabra ‘artificial’ la hace parecer falsa. La hace sonar falsa, y no lo es. De hecho, es asombrosa. De ahora en adelante, todos los documentos de Estados Unidos, y con suerte del mundo, cambiarán para usar el término Superinteligencia».

Y ahora sigue lo bueno… Quien se ha apuntado de manera exprés a la iniciativa de Trump ha sido Xi Jinping, su gran rival, por mucha alfombra roja que el líder de EEUU le pusiera a su llegada el miércoles a Washington mientras proclamaba a los cuatro vientos su «verdadera gran amistad».

Nunca sabremos lo que pasa por la cabeza del impasible presidente chino, pero es cierto que estos días ha hablado largo y tendido con Trump y que uno de los asuntos que el todopoderoso mandatario ha tratado en territorio enemigo es el de la Inteligencia Artificial. Perdón, Superinteligencia. Pues así ha quedado rubricado en un anuncio realizado ayer mismo por la Casa Blanca, donde se detalla que «se ha habilitado un Diálogo Estados Unidos-China sobre Superinteligencia para intercambiar opiniones sobre sus riesgos y beneficios», así como se ha acordado establecer «un canal de comunicación bilateral para incidentes», y, por último, empezar a emplear el término SI en lugar de IA.

Más allá de la Inteligencia Artificial/Superinteligencia, la reunión de Xi y Trump, celebrada al margen de la que se supone que es la semana clave de Naciones Unidas, es un claro símbolo de las dificultades que atraviesa la organización. La ONU despliega grandes esfuerzos y los más de 140 jefes de Estado y de Gobierno congregados en Nueva York han intentado hacer oír su voz, pero, al final, los grandes actores internacionales imponen su agenda. La cita entre Xi y Trump en Washington confirma que, por mucha actividad que haya en los cuarteles generales de la organización, la ONU sigue debilitada y paralizada.

A su vez, Trump intenta aprovechar todo acto de relieve para mantener la admiración y el apoyo de sus fieles y arañar el máximo número de votos posibles de cara a las elecciones del 3 de noviembre. Es su objetivo principal: cada palabra, cada gesto, cada evento debe ayudarle a lograr una victoria en las dos Cámaras. El ciudadano de a pie, en cambio, está más centrado en su día a día y en el elevado coste de vida que en la proyección exterior de su país. Esta semana, el presidente de EEUU se explayó en la ONU ante todo el orbe y chocó su copa con la de Xi Jinping con el mismo vino espumoso californiano del histórico brindis entre el presidente estadounidense Richard Nixon y el primer ministro chino Zhou Enlai en 1972. Pero, mientras tanto, el precio del combustible sigue por las nubes y el votante (sea del signo que sea) se pregunta: ‘Muy bien, pero, ¿y qué hay de lo mío?’.

 Internacional. Noticias internacionales. Última hora

Noticias Similares