El lunes 27 de julio Donald Trump anunció en su red social que la autopista de 1.055 kilómetros que atravesará el antiguo Sáhara español se llamará President Donald J. Trump highway. El Rey Mohamed VI le agradecía así su «histórico reconocimiento» del territorio ocupado como parte de Marruecos. «Gracias, su majestad, estoy deseando recorrer esa carretera algún día, ¡espero que muy pronto!», respondió el líder norteamericano. Para entonces, miles de personas empezaban a cruzar a nado el pantalán del Tarajal.
El país avanza porque la UE compra el 70% de sus exportaciones a cambio de control de inmigración y respeto a las fronteras. Si hay cartas nuevas, debe renegociarse todo
El lunes 27 de julio Donald Trump anunció en su red social que la autopista de 1.055 kilómetros que atravesará el antiguo Sáhara español se llamará President Donald J. Trump highway. El Rey Mohamed VI le agradecía así su «histórico reconocimiento» del territorio ocupado como parte de Marruecos. «Gracias, su majestad, estoy deseando recorrer esa carretera algún día, ¡espero que muy pronto!», respondió el líder norteamericano. Para entonces, miles de personas empezaban a cruzar a nado el pantalán del Tarajal.
En lo que supuso el mayor bandazo en política exterior de la democracia, Pedro Sánchez también reconoció como marroquí el territorio en disputa, sin informar a la oposición y sin que el Parlamento lo votara. Al menos de momento, no dará nombre a ninguna infraestructura del país vecino. Muy al contrario, cuatro días después del homenaje marroquí a Trump, se veía obligado a hacer esta declaración: «Ceuta es una ciudad española».
Pudiera pensarse que, en vez de Pedro Sánchez, quien hablaba era Pedro Grullo (o Perogrullo), pero la obviedad de su sentencia encierra una tragedia no tan evidente: con el Sáhara ya en el bolsillo, ahora lo que está en disputa son Ceuta y Melilla. Cartas nuevas. Un repaso por la prensa oficialista del régimen así lo atestigua. Ni una lágrima por los muertos y todo referencias a que Sebta (Ceuta) caerá del lado alauita por la gravedad de la geopolítica.
Por acción u omisión, Marruecos, que siempre gana, ha roto el contrato que entregaba el Sáhara y el acceso privilegiado al mercado europeo a cambio de control de la inmigración y respeto a las fronteras. España y Europa se encuentran en la tesitura de exhibir su mejor arte, es decir, ceder, o hacer valer su fuerza, que no es poca y que se concentra en la economía.
EEUU e Israel son los grandes aliados de Mohamed VI, pero sólo para convertirlo en la potencia militar que ya hace sombra a España y que, cuando en breve tenga a su disposición los cazas F-35, posiblemente la supere. Sin embargo, el Marruecos pujante de hoy está construido íntegramente por su transformación de una economía agraria de subsistencia a un agente exportador de nivel. Y se lo debe a España, a Francia y al resto de la UE.
En 20 años su PIB ha pasado de 67.000 millones de dólares a 182.000. Aunque sea la décima parte del español, ha podido mejorar su composición. A principios de siglo, los fosfatos y la agricultura estaban igualados con la industria. Hoy el rey es la automoción gracias a las inversiones de Renault en Tánger o de Volkswagen en Kenitra, esta última, para producir baterías junto a la china Gotion.
China controla decenas de empresas de componentes a 14 kilómetros de España, pero también fabrica palas de aerogeneradores (Kenitra), ánodos y cátodos (Tánger) o precursores de cátodos (Jorf Lasfar), aparte de pegarse por las materias primas del Sáhara. Sobre todo, posee el 35% de la Mohamed VI Tanger Tech, que es la mayor agrupación industrial de todo el norte de África y que se vale de su megapuerto exento del cumplimiento de normativa medioambiental para socavar la competitividad de sus homólogos europeos y servir de trampolín hacia el continente.
El éxito de Rabat sólo obedece a su conversión en país exportador a la UE
La política española y comunitaria respecto de la monarquía vecina consiste en un sintagma muy sencillo: la prosperidad de Marruecos es buena para Marruecos y para Europa. Todo el milagro marroquí es posible, simple y llanamente porque Europa se lo compra. El 71% de sus exportaciones van a alguno de los países de la Unión (el 41% a España y a Francia). Las renuncias en materia de agricultura y pesca en favor de Marruecos son evidentes.
Hay otro aspecto sinuoso. Si la explosión económica marroquí es tan pujante, si sus selecciones masculina y femenina de fútbol se han instalado en la elite, si va a organizar un Mundial con dos potencias europeas, ¿por qué sus ciudadanos arriesgan su vida por largarse?
La ayuda de EEUU e Israel elevan su amenaza como rival militar
Sánchez dijo que la frontera de España y Marruecos separan la mayor diferencia económica del planeta. Y no. Las de las dos coreas o la de China y Afganistán es mayor. Pero la ceutí también es elevada.
El PIB per cápita se ha doblado en dos décadas, pero apenas ha pasado de 2.000 a 4.700 dólares al año. En España, ha crecido en unos 6.000 (sin descontar la inflación). El PIB real se ha triplicado, pero se ha distribuido entre más población (+23%) y, sobre todo, el reparto es muy desigual entre la elite que orbita alrededor de la familia real y el resto.
Esto tiene que ver con su calidad institucional. Los ránquines internacionales, como el de la Universidad de Gotemburgo, aprecian mejoras en los cumplimientos normativos y retrocesos enormes en la participación de la sociedad civil. El control de la corrupción está en su peor situación desde 1996.
El sintagma europeo sigue siendo válido visto lo que hay alrededor. Un estado menos próspero e inestable, véase Libia, siempre será peor. Pero si en el nuevo contrato entran en juego las fronteras, a lo mejor hay que defenderse con todo.
Noticias de España

