La tensión geopolítica en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo punto de máxima gravedad tras la última ofensiva registrada en el golfo Pérsico. La Guardia Revolucionaria iraní ha confirmado este miércoles el lanzamiento de una serie de ataques coordinados contra dos embarcaciones militares de Estados Unidos, ocho petroleros y una decena de barcos en las inmediaciones del estratégico estrecho de Ormuz, además de bombardear una base aérea estadounidense situada en Jordania.
La tensión geopolítica en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo punto de máxima gravedad tras la última ofensiva registrada en el golfo Pérsico. La Guardia Revo
La tensión geopolítica en Oriente Próximo ha alcanzado un nuevo punto de máxima gravedad tras la última ofensiva registrada en el golfo Pérsico. La Guardia Revolucionaria iraní ha confirmado este miércoles el lanzamiento de una serie de ataques coordinados contra dos embarcaciones militares de Estados Unidos, ocho petroleros y una decena de barcos en las inmediaciones del estratégico estrecho de Ormuz, además de bombardear una base aérea estadounidense situada en Jordania.
De acuerdo con la información difundida mediante un comunicado oficial recogido por la agencia militar Tasnim, estas acciones constituyen una réplica directa a las operaciones llevadas a cabo previamente por Washington contra la flota de Teherán. Las fuerzas armadas iraníes justificaron la embestida asegurando que actuaron «en respuesta a la agresión y las acciones hostiles del ejército terrorista estadounidense contra cinco petroleros iraníes en el golfo Pérsico, atacó en esta zona dos embarcaciones estadounidenses y ocho petroleros, causándoles importantes daños».
Por su parte, el Comando Central del ejército de Estados Unidos había afirmado con anterioridad la destrucción de cinco embarcaciones vinculadas a la Guardia Revolucionaria, en represalia por las ofensivas previas de las fuerzas iraníes contra un navío de guerra norteamericano. Esta espiral de enfrentamientos ha provocado bombardeos estadounidenses contra territorio e infraestructuras marítimas de Irán, seguidos de nuevos ataques de respuesta contra objetivos de EE. UU. en la región.
El cuerpo militar de élite de Teherán detalló también haber arremetido contra diez «buques infractores» que intentaban navegar por lo que califican como una «zona prohibida e insegura» del paso marítimo, acusando a dichos barcos de actuar «instigados y apoyados» por el Gobierno estadounidense. Tras estos episodios, la cúpula militar iraní insistió en que «el estrecho de Ormuz permanece bajo la vigilancia y gestión» de su propia Fuerza Naval.
En paralelo al frente naval, las fuerzas de Teherán lanzaron un ataque con misiles dirigido a la base militar Al Azraq, localizada en territorio jordano. El Ejército de Jordania informó de que logró interceptar y destruir dieciocho proyectiles iraníes, mientras que únicamente dos cayeron en «zonas despobladas» sin causar daños mayores.
El estrecho de Ormuz se ha consolidado como la principal medida de presión de la República Islámica desde que comenzó el conflicto armado el pasado 28 de febrero. En respuesta al cierre iraní, Estados Unidos mantiene un cerco estratégico sobre los puertos y buques del país persa.
Aunque las fuerzas norteamericanas habían conseguido reactivar parcialmente el tráfico marítimo comercial mediante una ruta meridional cercana a las aguas de Omán, los datos más recientes de la consultora marítima Kepler confirman que el tránsito de embarcaciones se ha reducido significativamente en los últimos días a causa del recrudecimiento de las hostilidades mutuas.
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