«Hay un olor fuerte a naranjas». Christian Matheus De Oliveira Morando solo quería que la pesadilla terminara y huir del horror. Por eso llamó a su madre y recurrió a una metáfora propia de su país de origen, donde se colocan naranjas en un barreño para mitigar el olor de los cuerpos sin vida. Y añadió: «Para poder hacer todo, seguimos drogándonos».
Las declaraciones judiciales revelan el macabro homicidio de Fabio Colapietro en el piso de una profesora italiana, donde los acusados compraron cal, cuchillas y ambientadores para borrar las huellas del crimen
«Hay un olor fuerte a naranjas». Christian Matheus De Oliveira Morando solo quería que la pesadilla terminara y huir del horror. Por eso llamó a su madre y recurrió a una metáfora propia de su país de origen, donde se colocan naranjas en un barreño para mitigar el olor de los cuerpos sin vida. Y añadió: «Para poder hacer todo, seguimos drogándonos».
Ese «todo», formulado con aparente frialdad, no aludía únicamente al homicidio de Fabio Colapietro, de 39 años, crimen del que el joven italo-brasileño de 26 años está formalmente acusado. Era una bajada a los infiernos. Aquella llamada, efectuada en la tarde del jueves 24 de septiembre, puso punto final a cuatro días de desconexión absoluta inducida por las drogas y el alcohol.
Los escabrosos detalles del crimen emergen ahora a través del testimonio de los presentes en la fiesta, iniciada la noche del 20 de septiembre en via Gulli, en el domicilio de Nicole Formichetti, una docente de 46 años. El encuentro concluyó con la muerte de Colapietro, un repartidor de los traficantes del parque Sempione, cuyo cadáver fue descuartizado: los restos aparecieron sellados en 16 recipientes, repartidos entre bolsas de basura negras y bidones cubiertos de cal de fraguado rápido.
Matheus, asistido por el letrado Wilmer Perga, relató con crudeza el homicidio: «Le rodeé el cuello con el brazo y le di varios puñetazos en la cara. Perdió el conocimiento. Me entró el pánico y estuve dos horas intentando reanimarlo».
A partir de ese instante se desató una vorágine alimentada por los estupefacientes que el propio Matheus, la profesora y la tercera implicada, Keith Butig, italo-filipina de 22 años, consumían sin descanso para asimilar la situación. «Se nos fue la cabeza por completo», admitió. Pusieron agua a hervir para preparar setas alucinógenas y siguieron fumando crack con el cuerpo de Colapietro tendido en el salón, tapado con una manta, antes de trasladarlo a la bañera.
«Salimos a por más crack y Nicole compró heroína. De vuelta a la casa adquirimos bolsas, lejía, cinta adhesiva y papel de cocina: queríamos limpiarlo todo. Dejé el control en manos de la profesora; lo que fuera con tal de salir de allí». Según la versión del joven, Formichetti pretendía encadenar el cadáver y arrojarlo al lago de Garda. «Yo insistí en que saldría mal y Keith planteó que era mejor cortarlo en partes, aunque luego se metió al dormitorio a fumar. Al final, tras discutirlo, acordamos desmembrarlo».
Los tres acudieron a una ferretería para comprar bolsas resistentes, una cuchilla de carnicero, un afilador y ambientadores. De vuelta al piso, forraron paredes y muebles con plásticos. «Keith se fue a dormir a la habitación, mientras Nicole y yo nos pusimos a cortar: los brazos, las manos… la cabeza. Poco después, Keith y Nicole bajaron a comprar más droga».
Butig aprovechó esa salida para darse a la fuga. Asesorada por el abogado Francesco Rotella, declaró haber actuado bajo coacción: «Amenazaron con que seríamos dos los muertos; yo solo compré las bolsas».
En el apartamento permanecieron Matheus y la docente junto al cuerpo. Tras colocar parte de los restos en una caja negra y dentro de una maleta, pararon un taxi en plena calle para trasladarlos hasta el río y arrojarlos al agua. Al regresar, mientras el joven comenzaba a amasar cemento para ocultar el resto del cuerpo, la mujer salió a conseguir metadona; fue el instante que Matheus aprovechó para telefonear a su madre y escapar del lugar.
La Fiscalía mantiene abiertas las pesquisas debido a las contradicciones entre las versiones de los acusados. Por el momento, el juez de instrucción ha decretado prisión provisional sin fianza, destacando la frialdad y persistencia del grupo: «En aquel escenario dantesco, su prioridad se repartía a partes iguales entre deshacerse del cadáver y asegurarse nuevas dosis de droga».
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