Alcaraz recupera su dulce rutina ante Wu y ya está en octavos de final del US Open

Horas antes del partido, durante el calentamiento, Carlos Alcaraz premió a los cientos de aficionados que le esperaban con unos cuantos trucos de los suyos. Antes de empezar, simuló unos drives de golf con la raqueta; después encadenó unas dejadas exageradas, a la carrera, y, para terminar, se puso a dar un millón de toquecitos con el canto. Fue ovacionado, claro. La magia de siempre.

 Gana por 6-3, 6-4 y 6-1 en tercera ronda de un torneo en el que cada partido le devuelve un poco más de confianza y ritmo.  

Horas antes del partido, durante el calentamiento, Carlos Alcaraz premió a los cientos de aficionados que le esperaban con unos cuantos trucos de los suyos. Antes de empezar, simuló unos drives de golf con la raqueta; después encadenó unas dejadas exageradas, a la carrera, y, para terminar, se puso a dar un millón de toquecitos con el canto. Fue ovacionado, claro. La magia de siempre.

Pese a los cuatro meses de baja, en este US Open ya se ha instalado en su dulce rutina de los Grand Slam: esa alegría suya mientras va pasando rondas, ese disfrute mientras van pasando los días, esa manera de convertir un torneo en un lugar familiar. Las victorias son todavía algo más sufridas porque la inactividad se nota y la muñeca derecha necesita tiempo para recuperar todos sus automatismos, pero la dinámica es la misma. Si el próximo domingo 13 acaba levantando el título, no será una sorpresa. Más bien todo lo contrario. Este viernes superó en tercera ronda al chino Yibing Wu por 6-3, 6-4 y 6-1 para alcanzar los octavos de final, donde el domingo se enfrentará al estadounidense Tommy Paul.

Si en los primeros partidos de esta edición, especialmente en el debut, se le podía ver tenso, con «muchos, muchos nervios», según admitió, ahora ya se mueve con ligereza, con desparpajo, con otro flow. Quedan dudas sobre su juego, pero cada vez menos sobre su recuperación. Ante Wu, después de divertirse con el público en la sesión previa, apareció risueño en la Arthur Ashe. Se le veía disfrutar de estar allí, de cómo iban las cosas, de volver a sentirse Carlos Alcaraz en un Grand Slam.

En el encuentro celebró los aciertos y maldijo los fallos, como siempre, pero igualmente terminó con la frescura que suele acompañarle en los grandes torneos. En el primer set fue un vendaval. Estuvo seguro con su saque -llegó al 77% de primeros y acabó en un 65%-, dejó correr su derecha, dominó la pista y obligó a Wu a jugar siempre a contracorriente. Después, cuando el partido se ensució, cuando el chino se aferró a la pista y los intercambios empezaron a alargarse, Alcaraz supo resolver las dificultades.

Kirsty WigglesworthAP Photo/Kirsty Wigglesworth

Porque Wu es uno de esos rivales incómodos que convierten una victoria aparentemente sencilla en un ejercicio de paciencia. Defiende, corre, devuelve una pelota más, luego otra, y tiene el coraje suficiente para no regalar nada. Todo dependía entonces de Alcaraz: de su capacidad para acelerar, para encontrar el hueco, para no desesperarse cuando el punto se alargaba más de la cuenta. Y, como le ocurrió en segunda ronda ante Jaime Faria, hubo un momento en el que el propio Alcaraz pareció entender que se había metido en un lío. «No puedo estar jugando así», lamentó a gritos. Pero insistió. E insistió. Hasta encontrar los golpes necesarios.

Está en ese punto. No es que ya juegue como antes, porque todavía no lo hace. Ni que su derecha haya recuperado toda su violencia, porque aún hay momentos de imprecisión. Pero vuelve a comportarse como él mismo cuando las cosas se complican. Vuelve a saber sufrir. Vuelve a encontrar soluciones. El escenario de un torneo ‘grande’ vuelve a resultarle natural y eso puede ser mucho. El domingo, ante Tommy Paul vivirá la primera dura prueba de ese proceso.

El estadounidense es un rival ante el que Alcaraz nunca se siente completamente cómodo, pese a dominar el cara a cara. Esta misma temporada ya le ganó en la tercera ronda del Open de Australia, en tres sets, pero aquel partido pertenece a otra vida: entonces el español llegaba con ritmo, confianza y partidos acumulados. Ahora llega desde otro lugar. Por eso el duelo tendrá un valor especial. Ante Paul tendrá que demostrar algo más que lo demostrado, pero mientras tanto, ahí está otra vez. Sonriendo en la pista, haciendo trucos con la raqueta, celebrando puntos y caminando por el US Open como si nunca se hubiera marchado. La dulce rutina.

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