Nadie podrá decir nunca que el fútbol argentino aburre: la última polémica está relacionada con el VAR-Móvil, la aparición de un teléfono móvil blandido por jugadores y asistentes ante el rostro de un árbitro para forzarlo a anular un penal.
Después de 26 minutos de caos y dudas, el árbitro marcó un tiro libre fuera del área
Nadie podrá decir nunca que el fútbol argentino aburre: la última polémica está relacionada con el VAR-Móvil, la aparición de un teléfono móvil blandido por jugadores y asistentes ante el rostro de un árbitro para forzarlo a anular un penal.
Nicolás Lamolina, árbitro e hijo a su vez de un reconocido ex árbitro del fútbol argentino, demoró en la noche de este lunes 27 minutos en poner reversa a su decisión de conceder un penal en el último minuto del partido de la Primera Nacional (segunda división) entre All Boys y Godoy Cruz.
«Lamolina cobró dos penales inexistentes, pero lo más increíble fue que se retractó en el segundo cuando los jugadores del equipo local le mostraron que la falta había sido fuera del área desde un celular (móvil). Sí, por fuera de todo protocolo, el hijo del histórico Pancho Lamolina usó un ‘VAR casero’ para reparar su error. Un espectáculo surrealista que dará vueltas al mundo», criticó Clarín, el principal periódico del país.
Tras marcar el segundo penal a favor de Godoy Cruz ya en los instantes finales del partido que terminaría 0-0 y expulsar al defensor de All Boys, se desató una gresca generalizada en el campo de juego. Jugadores y asistentes le mostraban a Lamolina imágenes del penal, que no era tal, ya que la infracción fue claramente fuera del área.
Tras 26 minutos de caos y dudas, el árbitro puso reversa y marcó un tiro libre fuera del área. La impresión generalizada fue que se había basado en las imágenes de los móviles, pero Lamolina lo negó.
«El asistente Agustín Méndez me menciona que desde su visión (la infracción) era muy al límite y no le convencía la situación de penal. En el momento que me acerco a hablar con el línea se desmadró todo con el ingreso al campo de gente que no tenía que ingresar», explicó el árbitro, que negó haberse apoyado en las imágenes de los móviles para tomar la decisión.
«Hice un gran esfuerzo para que no me muestren la imagen porque sabía que si aparecía un plano mirando el celular todos iban a pensar que mi decisión iba a ser modificada por esa situación. Yo lo único que quería era hablar con mi asistente, que me iba a mencionar que era afuera del área. Su perspectiva era mucho mejor que la mía«.
Federico Beligoy, el jefe de los árbitros en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), emitió un comunicado en el que expresó el «rechazo a las diferentes versiones periodísticas que aducían la resolución de la mencionada jugada a través de dispositivos celulares o cualquier otra información externa a la mencionada en el comunicado».
Más allá de explicaciones y comunicados, el estado de sospecha es permanente en el fútbol argentino, escenario de arbitrajes inverosímiles, 30 equipos en la primera división y ascensos sospechosos.
Los medios argentinos recordaron lo sucedido hace 20 años, en la final del Mundial de Alemania 2006, cuando el árbitro argentino Héctor Elizondo expulsó al francés Zinedine Zidane tras un cabezazo al pecho del italiano Marco Materazzi. Elizondo no había visto la acción, sus asistentes tampoco. Fue el cuarto árbitro, el español Luis Medina Cantalejo, el que le advirtió del hecho, y la sospecha fue que lo hizo a partir de verla en un monitor televisivo, un recurso prohibido en aquellos tiempos pre-VAR.
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