Sumar exhibe la contradicción entre pactar en el Gobierno y aceptar la exigencia de los acampados

No sólo Pedro Sánchez tiene que hacer malabarismos con el real decreto ley de vivienda. En su caso para contentar a izquierda y derecha con un mismo texto. También Sumar se ve atrapado entre lo que quiere, lo que promete y lo que, en un sentido pragmático, puede conseguir.

 Acepta prorrogar los alquileres que acaben antes de 2029 pese a que los acampados exigen que sean indefinidos  

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No sólo Pedro Sánchez tiene que hacer malabarismos con el real decreto ley de vivienda. En su caso para contentar a izquierda y derecha con un mismo texto. También Sumar se ve atrapado entre lo que quiere, lo que promete y lo que, en un sentido pragmático, puede conseguir.

Una de las medidas que a Sumar le ha costado más arrancar al PSOE es la incorporación de la congelación del precio y prórroga de los alquileres de todos los contratos que finalizan antes del 31 de diciembre de 2028. Ésta es una reclamación contra la que el sector socialista se estuvo atrincherando durante días. Sin embargo, el logro de su inclusión en el texto durante la tarde de ayer deja al descubierto que subirse a la ola de la reclamación de aprobar de forma «íntegra» el llamado decreto Maricarmen, en el que el Sindicato de Inquilinas volcaba sus principales líneas rojas, les ha pasado por encima, porque no tenían las cartas para llevar al PSOE a un terreno tan «ambicioso».

Asíque a Sumar no le ha quedado otra que dirimir si asumía ser práctico y aceptaba esos dos años de extensión de contratos, o si se ponía más purista y se plantaba ante el PSOE. Con el riesgo que una falta de acuerdo hubiera provocado en el resto del paquete de medidas.

Como la política, como dijo Pablo Iglesias, obliga a «cabalgar contradicciones», el sector de Sumar en el Gobierno apostó por amarrar la inclusión de esa prórroga en los términos anteriormente descritos, a pesar de que era consciente de que la demanda del Sindicato de Inquilinos, que había abrazado en las horas previas, exigía dotar a los alquileres de un marco indefinido.

En concreto, los promotores de la acampada en la Puerta del Sol proponen que si un inquilino cumple con las cuotas de su contrato, el casero no le pueda echar de la vivienda sin una causa justificada y real cuando llega la renovación, ni que tampoco le aseste una subida del precio. Sería la manera -defienden- de dar garantías y estabilidad a los inquilinos y que la fecha del final de los contratos no sea una puerta abierta para ser expulsados de las casas o para sufrir un incremento salvaje.

Sumar quiso extender la pelea por esta medida hasta el último instante de las negociaciones, tal y como se había comprometido. Sin embargo, tuvo que dar por bueno la prórroga de aquellos contratos que finalicen antes del 31 de diciembre de 2028.En realidad, esto supone regresar al real decreto ley que fue tumbado por PP, Vox y Junts el pasado 28 de abril, cuando la extensión automática de los alquileres decayó tras algo menos de un mes en vigor. Fue el texto que salió del famoso motin de Sumar en el Consejo de Ministros, cuando Yolanda Díaz y compañía se negaron a entrar, forzando que se retrasara el inicio. El resultado fue ese decreto que se desgajó de las medidas por la guerra en Irán.

No sólo Sumar tiene que hacer frente ahora a esta contradicción. El resto de los partidos de la izquierda que ayer se hizo la foto con el cartel del decreto Maricarmen estará en la misma situación que el socio minoritario del Gobierno cuando tenga que pulsar el botón de votación en el Congreso. Porque todo decreto tiene que someterse a convalidación.

Sumar, ERC, EHBildu, Podemos, Compromís y BNG -o sea, el principal pilar ideológico que sostiene a Sánchez en el Congreso- se hicieron una foto de unidad en favor de las medidas del Sindicato de Inquilinas delante del hospital madrileño en el que está ingresada Maricarmen. La izquierda del PSOE aparcó por un momento sus luchas cainitas y ensayó un insólito frente amplio por la vivienda.

La lectura política de aquella imagen tan simbólica era asediar al PSOE para aceptar medidas «valientes» frente a la creciente influencia de Junts y PNV, pero también se le lanzó un mensaje de que por primera vez sus socios parlamentarios están dispuestos a soltar la mano de Sánchez y dejarlo solo.

A nadie se le puede escapar que la legislatura ha entrado en un punto crítico y que, como muchísimo en ocho meses, se estará votando en las elecciones autonómicas y municipales. Quizá antes se saque las urnas de las generales. Y toda la izquierda del PSOE, aunque separada, hará causa con la vivienda.

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