‘Infiltrada en Siria’: El Caballo de Troya que destapó la verdad en el país de Oriente Medio

Apenas unos días después de que el expresidente de Siria, Bashar al-Assad, haya sido condenado a muerte por un tribunal del país tras un juicio celebrado en ausencia, que le ha declarado culpable de atrocidades cometidas durante los casi 14 años de guerra civil en la región, Movistar Plus estrena ‘Infiltrada en Siria’. Se trata de un documental de Channel 4 realizado en colaboración con Dogwoof y que se presenta como un apasionante thriller psicológico.

Esta producción británica está dirigida por Sam Benstead y reconstruye una de las labores de investigación ciudadana más impactantes de la reciente geopolítica internacional. A través de ella, se muestra el minucioso proceso que permitió destapar las ejecuciones sistemáticas del régimen de al-Assad y que consistió en acercarse, sin levantar ninguna sospecha, a los propios ejecutores.

El comienzo del relato parte con una insólita contradicción en el modo de actuar de los militares. Así, mientras los matones y agentes de inteligencia del entonces máximo mandatario operaban bajo una brutalidad desmedida en la sombra, muchos de ellos mantenían perfiles públicos en las redes sociales. A través de ellas, compartían imágenes cotidianas sin calibrar el rastro digital que dejaban a su paso. Y aquí es donde entran en juego los protagonistas de la historia.

El académico de origen turco-holandés Ugur Ümit Üngör y la investigadora siria Annsar Shahhoud del Centro del Holocausto y el Genocidio de la Universidad de Ámsterdam son quienes dan fuego a la mecha que acabaría consumiéndose para explotar y revelar toda la verdad sobre los crímenes de Guerra en Siria. En concreto, esa mecha se crea con la llegada a sus manos de una filtración audiovisual con imágenes reales. En el metraje se puede observar la ejecución a sangre fría de varios civiles desarmados, con los ojos vendados y maniatados, que después son arrojados a una fosa común en el barrio de Tadamon, al sur de Damasco.

La única pista para tirar del hilo es una cicatriz facial y, tras mucho tiempo y decenas de perfiles consultados, la intensa búsqueda da su resultado. El principal rostro de esa matanza responde al nombre de Amjad Youssef y su cargo es el de oficial de inteligencia. Pero el verdadero reto no consiste en localizarlo, sino en obtener una prueba incriminatoria irrefutable que resista el peso de un tribunal. En este punto, la obra adquiere su dimensión psicológica y nace Anna, un perfil falso en Facebook creado por Shahhoud para contactarle.

Haciéndose pasar por una ferviente partidaria de al-Assad afincada en el extranjero que requiere información para una tesis universitaria sobre la Fuerza de Defensa Nacional, Annsar se convierte en un genuino caballo de Troya que llega hasta los mandos sirios, quienes habituados a la sospecha, hallan en Anna una suerte de psicóloga con la que desahogarse.

A lo largo de sus 76 minutos de duración, ‘Infiltrada en Siria’ articula una narrativa caracterizada por un montaje ágil y una tensión ‘in crescendo’ que jamás decae. Asimismo, la recreación técnica resulta sumamente fiel y detallada, por momentos rozando una factura casi demasiado cinematográfica, logrando que los acontecimientos se sientan tal y como sucedieron, en parte gracias a la incorporación de conversaciones reales con los implicados.

Sin embargo, cabe advertir que la cinta contiene momentos profundamente duros y, aunque la realización evita conscientemente mostrar en pantalla la crudeza explícita de las muertes, el peso moral de lo que se cuenta y las desgarradoras confesiones convierten el visionado en un trago complejo para los más sensibles.

Por otro lado, el núcleo emocional más valioso de la pieza reside en el peaje humano de la propia Annsar. La investigadora, afectada por un trastorno disociativo derivado de las vivencias traumáticas en las fases tempranas de la guerra, utiliza esta condición como un escudo protector para mutar en Anna sin resquebrajarse durante las llamadas. Resulta estremecedor presenciar el temple de hierro con el que sostiene conversaciones íntimas con los asesinos de sus compatriotas hasta arrancarles confesiones explícitas, del «maté a muchos» al «estoy orgulloso de lo que hice», al tiempo que se evidencia el devastador desgaste de cohabitar con una doble identidad opuesta a sus principios.

Más allá de la crudeza del conflicto, ‘Infiltrada en Siria’ demuestra que la justicia también puede construirse desde abajo, con dos civiles que, mediante un engaño, consiguieron abrir una grieta en la armadura del régimen de al-Assad, confirmando que la verdad siempre sale a la luz.

 Movistar Plus acaba de estrenar una historia que merece ser contada  

Apenas unos días después de que el expresidente de Siria, Bashar al-Assad, haya sido condenado a muerte por un tribunal del país tras un juicio celebrado en ausencia, que le ha declarado culpable de atrocidades cometidas durante los casi 14 años de guerra civil en la región, Movistar Plus estrena ‘Infiltrada en Siria’. Se trata de un documental de Channel 4 realizado en colaboración con Dogwoof y que se presenta como un apasionante thriller psicológico.

Esta producción británica está dirigida por Sam Benstead y reconstruye una de las labores de investigación ciudadana más impactantes de la reciente geopolítica internacional. A través de ella, se muestra el minucioso proceso que permitió destapar las ejecuciones sistemáticas del régimen de al-Assad y que consistió en acercarse, sin levantar ninguna sospecha, a los propios ejecutores.

El comienzo del relato parte con una insólita contradicción en el modo de actuar de los militares. Así, mientras los matones y agentes de inteligencia del entonces máximo mandatario operaban bajo una brutalidad desmedida en la sombra, muchos de ellos mantenían perfiles públicos en las redes sociales. A través de ellas, compartían imágenes cotidianas sin calibrar el rastro digital que dejaban a su paso. Y aquí es donde entran en juego los protagonistas de la historia.

El académico de origen turco-holandés Ugur Ümit Üngör y la investigadora siria Annsar Shahhoud del Centro del Holocausto y el Genocidio de la Universidad de Ámsterdam son quienes dan fuego a la mecha que acabaría consumiéndose para explotar y revelar toda la verdad sobre los crímenes de Guerra en Siria. En concreto, esa mecha se crea con la llegada a sus manos de una filtración audiovisual con imágenes reales. En el metraje se puede observar la ejecución a sangre fría de varios civiles desarmados, con los ojos vendados y maniatados, que después son arrojados a una fosa común en el barrio de Tadamon, al sur de Damasco.

La única pista para tirar del hilo es una cicatriz facial y, tras mucho tiempo y decenas de perfiles consultados, la intensa búsqueda da su resultado. El principal rostro de esa matanza responde al nombre de Amjad Youssef y su cargo es el de oficial de inteligencia. Pero el verdadero reto no consiste en localizarlo, sino en obtener una prueba incriminatoria irrefutable que resista el peso de un tribunal. En este punto, la obra adquiere su dimensión psicológica y nace Anna, un perfil falso en Facebook creado por Shahhoud para contactarle.

Haciéndose pasar por una ferviente partidaria de al-Assad afincada en el extranjero que requiere información para una tesis universitaria sobre la Fuerza de Defensa Nacional, Annsar se convierte en un genuino caballo de Troya que llega hasta los mandos sirios, quienes habituados a la sospecha, hallan en Anna una suerte de psicóloga con la que desahogarse.

A lo largo de sus 76 minutos de duración, ‘Infiltrada en Siria’ articula una narrativa caracterizada por un montaje ágil y una tensión ‘in crescendo’ que jamás decae. Asimismo, la recreación técnica resulta sumamente fiel y detallada, por momentos rozando una factura casi demasiado cinematográfica, logrando que los acontecimientos se sientan tal y como sucedieron, en parte gracias a la incorporación de conversaciones reales con los implicados.

Sin embargo, cabe advertir que la cinta contiene momentos profundamente duros y, aunque la realización evita conscientemente mostrar en pantalla la crudeza explícita de las muertes, el peso moral de lo que se cuenta y las desgarradoras confesiones convierten el visionado en un trago complejo para los más sensibles.

Por otro lado, el núcleo emocional más valioso de la pieza reside en el peaje humano de la propia Annsar. La investigadora, afectada por un trastorno disociativo derivado de las vivencias traumáticas en las fases tempranas de la guerra, utiliza esta condición como un escudo protector para mutar en Anna sin resquebrajarse durante las llamadas. Resulta estremecedor presenciar el temple de hierro con el que sostiene conversaciones íntimas con los asesinos de sus compatriotas hasta arrancarles confesiones explícitas, del «maté a muchos» al «estoy orgulloso de lo que hice», al tiempo que se evidencia el devastador desgaste de cohabitar con una doble identidad opuesta a sus principios.

Más allá de la crudeza del conflicto, ‘Infiltrada en Siria’ demuestra que la justicia también puede construirse desde abajo, con dos civiles que, mediante un engaño, consiguieron abrir una grieta en la armadura del régimen de al-Assad, confirmando que la verdad siempre sale a la luz.

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