Ucrania empuja a las tropas rusas en el frente sur y libera 26 pueblos

Desde el mes de enero, analistas y militares confesaban que algo estaba pasando en el frente sur de Ucrania, pero toda la operación estaba bajo estricto silencio de radio. Dos unidades de asalto implicadas publicaron un par de vídeos, pero los borraron inmediatamente, con lo que los expertos en geolocalizaciones quedaron huérfanos de datos. El día 14 de agosto, siete meses después, el presidente Volodimir Zelenski desveló la magnitud del avance: 745 kilómetros liberados (25 kilómetros de profundidad), 26 poblaciones recuperadas y 10.000 bajas rusas. Traducido sobre un mapa: Ucrania ha empujado a las tropas de la Z fuera de la región de Dnipropetrovsk, algo que parecía imposible.

 Kiev expulsa al ejército ocupante de la región de Dnipropetrovsk en una operación silenciada desde enero  

Desde el mes de enero, analistas y militares confesaban que algo estaba pasando en el frente sur de Ucrania, pero toda la operación estaba bajo estricto silencio de radio. Dos unidades de asalto implicadas publicaron un par de vídeos, pero los borraron inmediatamente, con lo que los expertos en geolocalizaciones quedaron huérfanos de datos. El día 14 de agosto, siete meses después, el presidente Volodimir Zelenski desveló la magnitud del avance: 745 kilómetros liberados (25 kilómetros de profundidad), 26 poblaciones recuperadas y 10.000 bajas rusas. Traducido sobre un mapa: Ucrania ha empujado a las tropas de la Z fuera de la región de Dnipropetrovsk, algo que parecía imposible.

En una guerra donde los frentes casi no se mueven desde hace meses, cualquier avance resulta significativo y ofrece información valiosa sobre el estado de ambos ejércitos. ¿Por qué razón ha podido liberar Ucrania ese territorio en esta guerra de enjambres de drones asesinos? Kiev se ha aprovechado de varias circunstancias negativas para Moscú y les ha sacado partido.: el corte de la señal de Starlink para los rusos dentro de Ucrania abrió una ventana de oportunidad, porque cientos de posiciones rusas aisladas del resto quedaron sin comunicación.

Las tropas ocupantes habían entrado en el oblast de Dnipropetrovsk en junio de 2025, intentando abrir un nuevo frente para rodear la ciudad de Zaporiyia y amenazar poblaciones importantes como Pokrovske o Pavlograd. Durante meses los rusos avanzaron por un territorio lleno de ríos. Pero cometieron la imprudencia de no consolidar ni estos avances ni su logística.

En febrero, desde la ciudad de Pokrovske (no confundir con Pokrovsk, en la región de Donetsk), ya semidestruida por las bombas guiadas rusas, el avance ruso se vivía con pánico. Aún quedaban, en ese momento y con los rusos a tiro de piedra, un puñado de vecinos metidos en sus sótanos. Las tropas ucranianas, especialmente los miembros de la Brigada 92 de Járkiv, veían que los rusos se estaban sobreextendiendo. Uno de los oficiales confesaba a este reportero en un búnker lleno de pantallas: «Hay aldeas en las que posiblemente haya uno o dos rusos colocando una bandera, pero todo el territorio es zona gris y lo recuperaremos».

La operación es relevante porque saca a los rusos de una de las regiones por las que pensaban avanzar. Ahora mismo, las tropas invasoras ocupan toda la región de Crimea y Lugansk, parte de Donetsk, Jersón y Zaporiyia y una pequeña franja en Járkiv, pero no Dnipropetrovsk.

Otra de las razones que explica esta liberación de terreno en un contexto de parálisis y de agotamiento general es que Rusia ha enviado todas sus reservas para la conquista definitiva del Donbás, pero puede estar desabasteciendo frentes que considera secundarios como este. Vladimir Putin ha ordenado a sus generales que aceleren la toma del resto de Donetsk para final de este año, una posibilidad remota, teniendo en cuenta el lentísimo ritmo de avance (y las enormes pérdidas) que sufre el ejército ruso en este frente, el más defendido.

Moscú lleva muchos meses tratando de cerrar sus mandíbulas sobre la fortaleza ucraniana de Sloviansk y Kramatorsk, dos ciudades cada vez más invivibles por la presencia de drones y el lanzamiento de bombas guiadas rusas. La caída hace meses de Siversk parecía adelantar esa conquista, pero de nuevo los soldados rusos vuelven a chocar con línea tras línea de defensa. En el sur, llevan varios meses atascados en Konstiantinivka, una gran zona gris en la que ambos ejércitos tienen posiciones subterráneas, a veces aisladas del resto y alimentadas por drones. En el norte la situación es la misma en Limán. En este contexto, pensar en conquistas totales de un territorio es una fantasía.

El problema, desde el año 2024, es tecnológico: no existe un arma que pueda eliminar el riesgo que supone adentrarse en la llamada «zona de aniquilación», que es la franja de terreno de unos 20 kilómetros de ancho donde actúan los drones kamikaze. Ni siquiera la guerra electrónica es totalmente efectiva para confundir y desviar a la mayoría de estos aparatos. Cada vez más analistas creen que Putin se está quedando sin opciones. Una de ellas sigue siendo hacer una segunda gran movilización de unos 800.000 soldados ante la caída de voluntarios con el actual sistema de reclutamiento. Pero ni siquiera esa medida tiene garantizado el éxito. Más bien al contrario: en un contexto inminente de drones entrenados por inteligencia artificial más soldados son sólo más blancos activos.

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